Axel Kicillof , el rockstar

Compartir

Axel no es actor de una novela del prime time, ni músico pop, Axel representa a la generación desencantada aquella que creyó por primera vez en la política con Néstor y Cristina. Por eso despierta pasiones. Como un equipo de fútbol, Axel representa un equipo y en ese juego de representaciones, todos sabemos, tiene que haber un contrincante. Del rival que construya el kirchnerismo si gana las próximas elecciones depende el juego y las conquistas, como el respaldo del campo popular. A la vuelta de los sueños setentistas que representaron los Kirchner, con Axel la juventud postergada de los 90, parece encontrar un lugar.

Fui con mi papá. Como a la despedida de Cristina. Como al 25 de mayo de 2015. La invitación anunciaba que el jueves 3 de agosto, a las 18.30 hs en el Club Santa Elena, se presentaría Axel Kicillof junto con Leo Boto, uno de los candidatos a Concejal por Unidad Ciudadana.

Llegamos cerca de las 18, un poco para estar cerca del escenario, otro poco porque soy hija de un ansioso. A la entrada del club un tendal de remeras de Cristina y Evita llamaban la atención de los vecinos que pasaban, algunos se frenaban; curiosos, otros aceleraban el paso, como si el simple hecho de mirar, los condenase.

Entramos. La última vez que había pisado ese club fue para la comunión de una amiga de la escuela. Por instinto, seguimos los pasos de una compañera de Peronismo Militante. En el salón que esperaba al ex ministro, había sólo tres hileras de sillas y un escenario a medio armar con un cartel inmenso de fondo que rezaba: Unidad Ciudadana, Cristina senadora – Leo Boto Concejal.

“Se ponen todas cerca para besuquearlo”, dijo un señor y muchas reímos. Kicillof es, hace tiempo, mucho más que uno de los representantes del proyecto Nacional y Popular. Como dijo Revista Barcelona, Kicillof es un rockstar.

Nos ubicamos detrás de las sillas. “Se ponen todas cerca para besuquearlo”, dijo un señor y muchas reímos. Kicillof es, hace tiempo, mucho más que uno de los representantes del proyecto Nacional y Popular. Como dijo Revista Barcelona, Kicillof es un rockstar.

El tiempo pasaba y entre canciones de rock nacional el club se iba llenando. A tal punto que los 20, 30 centímetros que habíamos dejado delante a la silla, desaparecieron. A nuestro alrededor los vecinos se saludaban, Nicolás Capelli, actual concejal de Luján por el Frente para la Victoria (ahora Unidad Ciudadana) arengaba y la multitud respondía con el ya clásico “A volver, a volver, vamos a volver”.

Ir con mi papá es mucho más que ir con mi papá. Parte de mi infancia transcurrió en los 90. El negocio de pastas frescas que puso no funcionó, lo echaron de los trenes del Estado y la precariedad laboral estaba siempre presente aún habiendo pasado por la universidad. En los años de la crisis, Papá fue chancho de trenes, canillita, jardinero, letrista, comerciante. No nos tocó ser del grupo reducido que viajaba a Miami y vestía ropa importada. Nos tocó ser del pelotón que cayó de la clase media. La incertidumbre de esos años, llevó a que la antipolítica reinase en casa. Mamá votaba por obligación y Papá ni iba: “todos los políticos son iguales”.

En ese contexto, crecí y desde ese lugar viví la crisis del 2001, la rebelión del pueblo y la desesperanza. La antipolítica no sólo atentaba contra la política como herramienta de transformación sino que boicoteaba a los mismos trabajadores: “tenemos lo que nos merecemos”, “el argentino es garca”, etcétera.

Pero un día, Papá empezó a trabajar como pintor y encontró cierta estabilidad laboral. Otro día pudo agrandar la casa y otro se compró su primer auto. Todo eso ocurrió con el kirchnerismo. Pero además, se identificó con un gobierno que le dijo al FMI que se vuelva para el norte, con un gobierno que se le paró de manos a los dueños de la tierra (con la famosa 125) y que remontó los proyectos del tercer sector de la comunicación para terminar con los monopolios mediáticos, con un gobierno que revalorizó los servicios públicos en manos del estado (AFJP, Aerolíneas Argentinas, YPF).

Del reinado de la antipolítica a la política como herramienta de transformación: eso significa el kirchnerismo para mi papá y para muchos de su generación. Por eso van, por eso se movilizan, porque el kirchnerismo los incluyó en la arena política, y allí hay victorias y hay derrotas y fundamentalmente, hay errores. Lo que no hay para la generación que por primera vez se identificó con la política como herramienta de transformación, es vuelta atrás. La lucha se gana o se pierde, no se abandona. Kicillof no es rockstar porque es lindo. Kicillof es rockstar porque tiene la edad de esa generación desencantada que encontró en el kirchnerismo algo porque luchar.

Kicillof no es rockstar porque es lindo. Kicillof es rockstar porque tiene la edad de esa generación desencantada que encontró en el kirchnerismo algo porque luchar.

Son las 20 hs. El ex ministro de Cristina Fernández de Kirchner ingresa al salón del Club, detrás de él, sube al escenario Leo Boto y todos los candidatos de Luján por Unidad Ciudadana. Entre aplausos y cantos, Kicillof sonríe y hace la V. Delante mío una señora de 70 largos le tira un beso, Axel se lo devuelve, ella simula agarrarlo y lleva las manos al pecho como una adolescente. ¿Se imaginan a Cavallo o a Dujovne nuestro actual ministro conquistando corazones? Cuesta pensarlo.

Habla el candidato local y cuenta que visitaron el Parque Industrial de Flandria y varios comercios con Kicillof. El panorama para las textiles es desolador. Cuestiona al intendente Luciani, a Vidal y a Macri. Cita a Cristina: “tenemos que escuchar a los vecinos, hay que hablar menos y escuchar más”. También critica a los medios locales, los acusa de operar en su contra, de difamar, de inventar. Para Boto, la ciudad desde hace 6 años no para de retroceder y su lista es la única que puede hacer frente a las políticas actuales.

Boto cede el micrófono a Axel y el Santa Elena vuelve a estallar. “El único ex ministro de Economía que puede caminar en la calle” repiten desde el escenario y desde el público. Kicillof se siente cómodo, se nota. Sobresale su espíritu militante. Insiste en que la militancia escuche a los vecinos y repite: “no se enojen con los que votaron a Macri, yo los entiendo, el tipo prometió 82% móvil ¿por qué no lo van a votar?”. Con una perspectiva histórica repasa los gobiernos de tinte liberal y neoliberal que gobernaron en la Argentina: “la revolución fusiladora allá por el 55, 56, la dictadura militar que ya todos sabemos el horror y la década del 90”. “Este es un experimento”, para Kicillof, la única novedad es que hoy gobiernan los empresarios directamente, mientras que antes necesitaron de la complicidad del partido militar o de los políticos para llegar al poder.

Hace mucho calor, los que podemos movernos, nos sacamos las camperas, las boletas sirven de abanico, todos lo miramos, muchos lo filman, Kicillof no titubea y repasa las diferentes propuestas electorales de Macri “revolución de la alegría”, “pobreza cero”, jubilaciones, aumentos a los salarios docentes y arremete: “lo que sucedió fue una estafa electoral, una verdadera estafa electoral, que no está penada por la constitución pero que estará penada por la gente”. Esa estafa, según Axel, fue posible por el “marketing político” llevado a cabo por los que sostienen el gobierno. Pero todos los indicadores de la economía dan mal y eso se refleja en lo que hacen: “Gobiernan como si los hubiese elegido el 70% de la población y ganaron por un sólo punto”. “Como las mejoras no llegan, te echan la culpa a vos. Este gobierno logró instalar que lo que tenés es sólo por tu propio esfuerzo. Yo les pido que cuando vayan casa por casa, les pregunten a los vecinos si ahora que les va mal, se levantan de dormir más tarde o le ponen menos onda al trabajo”.

Axel habló una hora a los convencidos y a los sueltos, los alentó a militar puerta a puerta, a no discutir y a escuchar. En el discurso, tampoco faltó lugar para las críticas, que se sintieron principalmente dirigidas a Florencio Randazzo, aunque no hubo nombres propios: “ahora está de moda hablar de autocrítica, para muchos que compartían este espacio, me gustaría que le digan que la autocrítica, siempre empieza con el yo, de eso se olvidan, se olvidan de decir que para que ellos compren trenes, antes hubo alguien que dispuso el dinero para hacer las compras”, las críticas fueron festejadas y la multitud hizo sentir su respaldo que desbordaba de emociones cuando se nombraba a la ex-presidenta.

Al finalizar, el rockstar bajó del escenario y todos se abalanzaron. Pero Axel no es actor de una novela del prime time, ni músico pop, Axel representa a la generación desencantada aquella que creyó por primera vez en la política con Néstor y Cristina. Por eso despierta pasiones. Como un equipo de fútbol, Axel representa un equipo y en ese juego de representaciones, todos sabemos, tiene que haber un contrincante. Del rival que construya el kirchnerismo si gana las próximas elecciones depende el juego y las conquistas, como el respaldo del campo popular. A la vuelta de los sueños setentistas que representaron los Kirchner, con Axel la juventud postergada de los 90, parece encontrar un lugar. Entre selfies y apretujones nos vamos yendo. Son casi las 9 de la noche y afuera del club está todo muy tranquilo, el aura festiva y militante se corta en la puerta, como una grieta, como una grieta que tampoco renuncia.

Mandá tu nota

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones