Bolillas cargadas

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No parece haber cambio de gobierno capaz de despegar de sus asientos a los “afortunados” de las bolillas cargadas. El azar de los bolilleros tribunalicios tiene una evidente tendencia a expeler siempre las mismas bolillas, haciendo de las coincidencias una “eventualidad permanente”, oxímoron de particular relevancia para comprender las razones de semejantes repeticiones de nombres en los juzgados, especialmente del fuero federal.

Lo que sucede en el Poder Judicial de Argentina, respecto de los nombramientos de jueces y fiscales, pudiera hacer pensar que las casualidades son mucho más posibles de lo que habitualmente se podría imaginar. El azar de los bolilleros tribunalicios tiene una evidente tendencia a expeler siempre las mismas bolillas, haciendo de las coincidencias una “eventualidad permanente”, oxímoron de particular relevancia para comprender las razones de semejantes repeticiones de nombres en los juzgados, especialmente del fuero federal.

La suerte acompaña, específicamente, a algunos re-nombrados (por ser muy nombrados, no por sus talentos) especímenes habitantes de estas oficinas donde el Diablo parece pasearse muy seguido, alimentando una maquinaria de ferocidades antihumanas que apabullaría la imaginación de Edgard Allan Poe. Esos “venturosos” personajes elegidos por el sino del destino, desarrollan sus tareas de profundo carácter injusto y anti-jurídico respecto a quienes se encuentren involucrados en los casos que, otra coincidencia extraña, siempre van a parar a sus manos.

No tan azaroso parece el accionar de los medios oligopólicos, que desarrollan campañas enjundiosas para embocar las carambolas de las elecciones de estos jueces y fiscales que tanto necesitan para obtener juicios favorables a sus intereses. Con las previas operaciones sobre los futuros venturosos elegidos, sumadas a las denostaciones a sus enemigos, publicadas hasta el paroxismo en sus páginas y pantallas, logran el ansiado triunfo cuando la “providencia” los premia con la lotería tribunalicia.

Las “circunstancias” terminan por sellar la suerte de los perseguidos y el encumbramiento de los seleccionados para tan altos e importantes cargos, para los cuales cuentan con el apoyo del aparato mediático y el acompañamiento de las entidades representativas de las peores lacras del mundo de la abogacía. Instalados ya en las cumbres de los juzgados, actuarán de conformidad al acuerdo previo entre los poderes fácticos que manejan bolillas y bolilleros. Serán implacables con los enemigos ideológicos del poder real, e indulgentes con sus integrantes. Serán temerosos de los “carpetazos” preparados por los captores de sus mugrosas consciencias, las extorsiones que aseguran sus fallos tergiversadores de la verdad y negadores de la Justicia, un valor que desconocen y sobre el cual vuelcan las excremencias de sus sentencias.

Nada parece poder afectar esta condición irracional del manejo de uno de los ámbitos más trascendentes para re-encausar el destino de la Nación. No parece existir “capacidad de fuego” contra estos energúmenos de saco y corbata que amañan la justicia y desatan tempestades sociales de consecuencias irreparables. La voluntad de cambio no basta para generar una fuerza capaz de remover a estos genocidas del derecho, imprescindible acto que significaría un revés fundamental para los hacedores de todas nuestras desgracias.

No parece haber cambio de gobierno que pueda alterar la ventura de estos elegidos permanentes. No se vislumbra herramienta capaz de despegar de sus asientos a estos “afortunados” de las bolillas cargadas. El albur desencadena sus llegadas eternas a los despachos del horror constitucional, alentados por otros símiles especímenes que ofician de “supremos”, cuyas llegadas también han dependido de “coincidencias” obscenas, provocando una cadena de “providenciales” circunstancias que abonan el mantenimiento de la operatividad del Poder sobre los gobiernos de turno.

La “lotería” de la justicia social está amarrada al oscuro destino fabricado por quienes giran las manivelas de los bolilleros de nombramientos de la otra justicia, esa que camina oronda por los pasillos de los tribunales de la mano del mismo Diablo, esgrimiendo la espada del dolor permanente sobre los sentenciados de por vida a los sufrimientos que alimentan la perversa maquinaria de la acumulación de riquezas, robadas con el aval y el consentimiento de sus “suertudos” de ocasión.

Cuando se habla de cambiar la realidad nacional, no puede haber otro comienzo que el de dar vuelta los horrores de un Poder Judicial que se retroalimenta de sus miserables procederes y los de sus socios permanentes en el mantenimiento del statu quo. No cabe otro comportamiento que el de expulsar a los corruptos, los vendedores de sentencias, los creadores de fallos incongruentes con la sinceridad, los mercenarios de un Poder que no abandonará nunca su supremacía, sólo porque se lo pidan. Será la fuerza unificada de un Pueblo organizado y consciente el que deberá protagonizar el fin de los bolilleros de la desventura, acabando para siempre con la “suerte” de los malos jueces y las mañas de los poderosos, tiñendo los tribunales, por fin, con el color de la verdad.

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