Botellas al mar

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Malvinas, quienes perdieron su vida y quienes se vieron despojados de la sociedad no son náufragos. A su manera son las marcas de un tiempo siempre injusto, siempre sometido al olvido y el terrorismo de nuestra época más triste. En el medio del avance de colonias extranjeras sobre nuestras tierras patagónicas, son el mensaje que llegó a destapar ideas, que a pesar de la potencia de su voz, se resisten a ser escuchadas.

“Alguien debió conservar y cuidar este jardín hermoso de gente”
Luis Alberto Spinetta.

 

El pensamiento rompe el límite del cuerpo, desbarata cada prisión que conforman nuestras partículas.

El pensamiento y la escritura sobreviven a la era digital, sobre todo si tiende a expandir la memoria. En algún punto la escritura implica soledad, una soledad que se intensifica cuando del pensamiento surgen imágenes imposibles de ser transmitidas, soledad por falta total de oídos dispuestos a escuchar, porque el mensaje no es para todos los oídos, o quizás porque lo efímero de la voz no consolida el contenido en memoria.

¿De qué le sirve la voz, por más potente que sea, al náufrago perdido en el mar? Solo para escuchar su angustia una y otra vez. Es allí donde nace el recurso del mensaje en la botella, la esperanza (casi infinita) que un destinatario no identificado convierta el grito solitario en diálogo, la esperanza en que un dispositivo tan magro venza las tempestades y llegue a manos con vocación de lectura. Hoy las botellas al mar en un mundo neoliberal terminan siendo la última esperanza.

Malvinas, quienes perdieron su vida y quienes se vieron despojados de la sociedad no son náufragos. A su manera son las marcas de un tiempo siempre injusto, siempre sometido al olvido y el terrorismo de nuestra época más triste. En el medio del avance de colonias extranjeras sobre nuestras tierras patagónicas, son el mensaje que llegó a destapar ideas, que a pesar de la potencia de su voz, se resisten a ser escuchadas.

Las multitudes elitistas (siempre más poderosas) pretenden coaptarnos, no dejan de manifestarse por “SU” seguridad, con “SUS” intereses a espaldas del pueblo, sin memoria, sin convicciones colectivas.

El genocidio como práctica social requiere de complicidades, silencios, seudo-interpretaciones, re-simbolizaciones, sin las cuales no se entreteje la pesada bruma que oculta las atrocidades. Detrás de esta bruma como construcción social, todo desaparece.

Yo prefiero recoger los mensajes de cada botella arrojada al mar, con la ilusión de que allí, en ese contacto entre lo mágico de los deseos y lo funesto de la realidad, nuestra voz se alzará y se encontrará con la verdadera justicia, y una memoria que no se gasta.

Foto Atardecer en las Islas Malvinas blogdebanderas.com

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