Buitres mediáticos que quieren matar

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Bastante difundido está ya el rol político que ejercen los medios de comunicación. No es necesario ahondar en ello. Más notorio aún es el trato que dan a las noticias: exageraciones, tergiversaciones, cacerías de brujas, hostigamientos dirigidos, y tantos otros no tan nobles. Con respecto a lo ocurrido recientemente en el recital en Olavarría, y más puntualmente, con el trato mediático de Carlos “el Indio” Solari, hay algo que no puedo (ni podemos) dejar pasar.

Cuando hablamos y apuntamos hacia “los medios de comunicación”, “los grandes medios hegemónicos”, “las corporaciones”, y tantos términos generales, parece que el sujeto estuviera inmaterializado. Actúa imponiendo leyes sobre los que están en los trabajos mediáticos, viene de arriba, como de una nube, pero no hay un sujeto. Se generaliza. Y está correcto que se haga, pues lo que tratamos de hacer no es macartismo sino una crítica a un sistema que obviamente actúa imponiendo leyes “como de arriba”, pero que se materializa en algún momento, en una ley, en un hecho, en una ideología, todo ello expresado en una persona que se expresa.

Luego del recital de Olavarría, al cual concurrí, sabía que este recital iba a dar que hablar. No por las muertes precisamente –ya que de esto nos enteramos y corroboramos al otro día–, sino por otros, pero varios hechos menores: las pausas del Indio entre cada tema; la pronunciación política a favor de las Abuelas y en contra de la baja de edad de imputabilidad; y el cierre del recital con ‘Mi perro dinamita’ y no ‘Jijiji’. Al menos esto fue lo que pensé al salir del recital.

Luego al enterarme de la terrible noticia de las dos personas fallecidas, supe que todo esto iba a dejarse de lado, al menos mediáticamente. Pensé: “Increíble que no se vaya a hablar de que el Indio se pronunció políticamente sobre algún tema. Sin que nadie le preguntara. Él, que siempre se abstuvo. ¿Por qué? Por algo ahora él habla, y de eso no se va a hablar”. Y así fue, no se habló.

Sabía que este recital iba a dar que hablar. No por las muertes precisamente –ya que de esto nos enteramos y corroboramos al otro día–, sino por otros, pero varios hechos menores: las pausas del Indio entre cada tema; la pronunciación política a favor de las Abuelas y en contra de la baja de edad de imputabilidad; y el cierre del recital con ‘Mi perro dinamita’ y no ‘Jijiji’.

Los medios hegemónicos hicieron, una vez más, de las suyas. Censuraron, recortaron y apuntaron. Apuntaron contra el Indio. Tal vez parezca un cliché de muchos apuntar siempre contra los medios de comunicación. Decir que estos censuran al que piensa distinto. Aunque pueda ser válido decir: “No, mira, es verdad que los medios hacen todo eso, pero acá el Indio se la mandó. Mucho o poco es responsable”. Mi fin no es concluir en una culpabilidad o santificación del Indio, sino el trato que algunos poderosos medios tuvieron hacia él.

Al finalizar el recital esperaba con ansias la lista de temas: “Tocó mucho menos”, pensaba. Encontré, por ejemplo, la lista subida por el diario La Nación: 19 temas. Lo sabía, habían recortado la lista. Faltaban temas que había escuchado. “Son más de 19, ¿qué anotó el periodista?”. Al escribir estas líneas volví a buscar esa nota, pero ya no estaba. Raro, pero para La Nación ya es periodismo ordinario.

Encontré, por ejemplo, la lista subida por el diario La Nación: 19 temas. Lo sabía, habían recortado la lista. Faltaban temas que había escuchado. “Son más de 19, ¿qué anotó el periodista?”

Pero lo más grave, el motor que me incentiva a escribir esto, es lo ocurrido en el programa ‘Animales Sueltos’, y más precisamente lo dicho por su conductor, Alejandro Fantino. La materialización más arriba mencionada de cómo el poder baja los hilos. Sus ideas y sus enemigos.

El 13 de marzo el conductor atacó al Indio Solari. Insinuó que las muertes ocurridas eran culpa de su avaricia, su flojera, su inoperancia, y demás. El Indio es un ‘profeta de la doble moral’: por un lado canta y transmite miles de emociones e ideas, pero es una máscara para sólo hacer plata. Y mientras pasaban imágenes de la gente saliendo en camiones, el conductor decía hacia el cámara enojado: “¿¡No te hace mal ver esto Indio!?”

Le podría parecer a uno que a este conductor le importa realmente la vida de los demás. No necesariamente un filántropo, pero que no aprueba el homicidio bajo ningún término. Y se indigna cuando hay muertes que se podrían evitar.

Nos podría parecer, pero no es así. En el programa del 15 de marzo, sólo dos días después de atacar al Indio, hablaron sobre los cortes de calles al protestar. Y el conductor, “con cabeza absolutamente podrida” (la frase que utilizó para escudarse de querer mostrar como fantasía lo que realmente piensa) imagina: hay un corte de calle/ruta; la policía se hace presente y uno de ellos tiene un mal día, tanto que a la mínima provocación por parte de los manifestantes hace que a él “se le escape un tiro” y mate a alguien. ¿Qué hacemos?, se pregunta. Obvio que la respuesta “es culpa del policía” no fue esbozada por ningún miembro de ese programa.

Terrible problema, aunque para el conductor y los panelistas, no tanto. No se expresaron con la misma indignación que contra el Indio. Además, momento raro que a un policía –supuestamente preparado para manejar un arma– se le escape un tiro. Raro que la planificación de un recital para un público tan particular como el del Indio, siempre imprevisible en número, sea más fácil de controlar que el mecanismo que acciona el disparo de un arma. Tal vez no le interese a este conductor saber que hasta el momento la información que circula es que las causas de muerte de las dos personas en el recital fueron por intoxicación –seguro que no le interesa porque no lo escuché mencionarlo en su programa.

Parece que para este conductor es fácil echar culpas contra el Indio por muertes que ocurren sin su intervención, pero hay que ver, entender y analizar cuando a un policía “se le escapa un tiro” y mata a alguien que pide por trabajo, por presencia del Estado, por una vida. Habría que volver a ver quién es ‘profeta de la doble moral’.

Parece que es el pensamiento propio de los conductores o los panelistas y no una bajada de línea implícita que se maneja en los medios de comunicación. Parece. Pero, ¿por qué estas contradicciones? Serán ellos los contradictorios. Probablemente. Pero la pica del Indio con los medios y los poderes es casi su ontología, y gratis no le va a salir. Ya me lo había advertido, el Indio me contó que hay buitres en la tele que quieren matar.

Al Indio los periodistas, panelistas, programas, medios de comunicación, de a poco, cada cual, aportando su parte, lo quieren censurar. Con carnadas finas lo van a matar.

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