El capitalismo del miedo y la precariedad

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Cuando las decisiones de las empresas se rigen por la obtención de beneficios a corto plazo, las políticas de contratación se flexibilizan (contratos temporales, pasantías, etc.), se eliminan las cargas patronales de indemnización, se vincula el salario a la “productividad”, se alargan las horas de trabajo y se eliminan las horas extras. Se institucionaliza la precariedad laboral. La complicidad de algunos traidores parlamentarios, el bombardeo mediático y el acompañamiento temeroso y/o complaciente del Partido Judicial acompañan al Neoliberalismo capitalista que una vez más aplica la recetas del FMI con absoluta impunidad. se establece entonces un régimen económico, inseparable de un régimen político, basado en la institución de la inseguridad, la dominación por la precariedad. Un trabajo precario que impone la sumisión.

La lógica del capital ha implementado en la sociedad de clases el disciplinamiento a través del mecanismo del miedo. 

Ya en 1973 Marcuse afirmaba que el capitalismo adoptaba diversas formas de defensa frente a los posibles cambios revolucionarios que ciertas clases sociales pudieran demandar: “…el temor a la revolución, creado por el interés común, establece un vínculo entre las distintas formas de la contrarrevolución. Ésta abarca todas las posibilidades, desde la democracia parlamentaria, a través del estado policíaco, hasta la dictadura abierta.”

Naomí Klein, por su parte, en 2007 se refería al “capitalismo del desastre”, donde la producción de crisis y la expansión de guerras, atentados terroristas, golpes de Estado y desastres naturales, sirven a empresas y políticos para explotar el miedo e implementar una “terapia de shock” económica que favorezca los intereses del capital concentrado. Si después a la gente se le ocurre resistirse a esta medidas político- económicas se les aplica un “shock” represivo y suspensión de derechos fundamentales en nombre de la seguridad y la defensa de “La República” a fin de destruir cualquier alternativa crítica. Cualquier intento de resistencia activa de la ciudadanía, son catalizados para seguir adelante en la profundización de reformas que detengan el “terrorismo”, la desestabilización de la democracia, el caos y el desorden de las “mafias” que pretenden defender los intereses de los trabajadores y de la etnias originarias.

Cuando las decisiones de las empresas se rigen por la obtención de beneficios a corto plazo, las políticas de contratación se flexibilizan (contratos temporales, pasantías, etc.), se eliminan las cargas patronales de indemnización, se vincula el salario a la “productividad”, se alargan las horas de trabajo y se eliminan las horas extras. Se institucionaliza la precariedad laboral. La complicidad de algunos traidores parlamentarios, el bombardeo mediático y el acompañamiento temeroso y/o complaciente del Partido Judicial acompañan al Neoliberalismo capitalista que una vez más aplica la recetas del FMI con absoluta impunidad.

Dice Pierre Bordieu describiendo casi proféticamente nuestra realidad: “Con la amenaza de la reducción de personal, toda la vida de los asalariados queda bajo el signo de la inseguridad y la incertidumbre. Si el sistema anterior garantizaba la seguridad del empleo y un nivel de remuneración relativamente alto que , al alimentar la demanda, sostenía el crecimiento y el beneficio, el nuevo modo de producción persigue el máximo beneficio reduciendo la masa salarial mediante el recorte de salarios y los despidos, con lo que el accionista sólo tiene que preocuparse por las cotizaciones de la bolsa.” Bordieu, 2001.

Así se establece entonces un régimen económico, inseparable de un régimen político, basado en la institución de la inseguridad, la dominación por la precariedad. Un trabajo precario que impone la sumisión.

La maldita tríada de reformas

Las detenciones ( de evidente ilegalidad) de ex – funcionarios kirchneristas, bajo un circo mediático, no sólo intentan mostrar la corrupción a combatir sino que además constituyen una muestra del correctivo a aplicar a los que se atrevan a desafiar los intereses del establishment. Las brutales represiones, que culminaron con la muerte de Santiago Maldonado y la prisión y/o procesamiento de militantes sociales y ciudadanos, que se atrevieron a protestar frente a las injusticias del sistema, forman parte del mismo mecanismo intimidatorio y disciplinador.

Horas aciagas esperan a los trabajadores, a los jubilados y al campo popular en general si no se tejen redes y acuerdos que vayan construyendo colectiva y participativamente, a nivel nacional y regional, un Proyecto Político liberador, sostenido la praxis permanente de lucha socio- política, económica y cultural que le dé coherencia, unidad, permanencia y organización a los diversos grupos, organizaciones y partidos del campo popular.

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