El clarín estridente sonó, y la voz del gran jefe, a la carga ordenó.

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El problema no es que exista Lanata o Navarro, periodistas “independientes”, opositores u oficialistas. El problema es la concentración monopólica que desvirtúa la realidad y desequilibra la balanza. La bajada de línea, la repetición, el bombardeo constante de una misma idea en la mayoría de canales me suena más una herramienta propia del marketing que a un trabajo informativo, dónde se ve claramente el objetivo de seguir reproduciendo un sistema para que los grupos hegemónicos mantengan el poder. No se trata de una historia nueva y la mejor herramienta es forjar un pensamiento crítico. Quienes festejan que hayan sacado a Navarro no miden las consecuencias que puede acarrear esto.

El problema no es que exista Lanata o Navarro, periodistas “independientes”, opositores u oficialistas. El problema es la concentración monopólica que desvirtúa la realidad y desequilibra la balanza. La bajada de línea, la repetición, el bombardeo constante de una misma idea en la mayoría de canales me suena más una herramienta propia del marketing que a un trabajo informativo, dónde se ve claramente el objetivo de seguir reproduciendo un sistema para que los grupos hegemónicos mantengan el poder.

Esa clase de medios no defiende a un gobierno, sino que apoya a las personas que son funcionales a un mecanismo social que es productor de desigualdad, esclavitud consumista y atontamiento cerebral. Ellos que no tienen ideologías, sino intereses, intentan generar en cada uno de nosotros una opinión que parece propia.

 Seamos sujetos activos y para eso hay que dejarse de joder con la comodidad tratando de acercarse cada vez más a la realidad, replanteándonos la vida y la sociedad que queremos. Hoy existe una voz menos y es perjudicial ya que atenta contra nuestro derecho a elegir, comparar y pensar en consecuencia. No estoy hablando de un sentimiento partidario…

Callar a cualquier periodista cruza una línea ética, nos guste o no su forma de trabajo. Es hora de darse cuenta que naturalizamos cosas que inclusive en nuestra vida personal no pensamos pero que reproducimos porque la tele, la radio o el diario lo dijo. La concentración del capital ideológico es algo que va más allá de nuestro país y se trata de un mal a nivel mundial. Nos eligen la agenda, nos marcan la tendencia y la cultura.

Si un periodista miente se puede demostrar con la justicia y si no fueron por ese lado y eligieron la persecución o el despido es por algo. El monopolio se fortaleció. No es que falte una voz kirchnerista sino también opositora y la oposición es más general: la izquierda, el peronismo, algunos radicales y demás partidos no pueden competir ante semejante blindaje mediático. Los medios concentrados no defienden al presidente sino que se ponen al servicio de los grandes sectores que no quieren perder su hegemonía y control sobre la sociedad.

Quienes están a favor del gobierno también deberían preocuparse de ese poder concentrado, que de vez en cuando presiona al Estado para tomar decisiones que pueden tener un costo político irremediable. El gobierno y los grandes medios se usan mutuamente, pero los segundos si quieren pueden destituir al primero con su enorme franja de comunicación. Basta con que reproduzcan una idea en todas las noticias y la presión hace lo suyo cuando no hay huevos para enfrentarlos.

No se trata de una historia nueva y la mejor herramienta es forjar un pensamiento crítico. Quienes festejan que hayan sacado a Navarro no miden las consecuencias que puede acarrear esto. Internalizaron una opinión de afuera sin cuestionarla y basta con que se imaginen al periodista que quieran en esa misma situación. ¿No da escalofríos? ¿Cómo no bancarlo? Quiero que todos los colores puedan expresarse (salvo aquellas opiniones empapadas de odio) en un marco más equitativo. La ley de medios es un derecho y es una lástima que siga dormido.

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