Cobardía judicial

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Nuestro poder judicial está plagado de jueces arrogantes de apellidos lustrosos y vergüenzas horrendas, que se atreven a determinar la suerte de los sometidos a esos juicios amañados, inventados métodos de persecución política disfrazada de legalismos insustanciales.Temerosos descendientes de una “raza” de apropiadores de tierras y vidas ajenas, solo construyen sus mentirosas resoluciones para satisfacción de otros miserables de su misma calaña, que las expanden por las cloacas vociferantes de los medios.

No existe peor cobarde que el que se ensaña con los débiles. El Poder Judicial está plagado de estos gallináceos personajes, escondidos detrás de sus fallos fallados, encogidos en los sillones del horror de la ilegalidad. Jueces arrogantes de apellidos lustrosos y vergüenzas horrendas, se atreven a determinar la suerte de los sometidos a esos juicios amañados, inventados métodos de persecución política disfrazada de legalismos insustanciales.

Pusilánimes por excelencia, “hablan por sus fallos” para no enfrentar a sus perseguidos. Medrosos al infinito, jamás se animarán a exponer sus ridículas “razones” sin la seguridad de la protección del Poder del que son una de sus patas fundamentales. Temerosos descendientes de una “raza” de apropiadores de tierras y vidas ajenas, solo construyen sus mentirosas resoluciones para satisfacción de otros miserables de su misma calaña, que las expanden por las cloacas vociferantes de los medios.

Tímidos ante los poderosos y altaneros frente a los abatidos, clavan sus bayonetas de injusticias por la espalda, matando la libertad de los caídos en desgracia por efecto de sus maniobras desdorosas, lejos de la letra y el espíritu de las leyes a la que estarian obligados a servir, si no fuera por su nula adhesión a la verdad.

Estos son los apocados personajes que pretenden matar el ánimo de su peor rival ideológica del momento, para colmo, heredera de la doctrina popular que los ha obnubilado de aversión desde hace más de siete décadas. Es con la persecusión a su hija enferma que desean aplastar el espíritu de esa mujer indomable, arrastrarla al desánimo y anular para siempre su liderazgo constructor de la poca esperanza que queda por encontrar un rumbo certero hacia la dignidad popular.

Atemorizados por la probabilidad de su regreso, arremeten con sus ataques furibundos y despiadados, en medio del peor descrédito de la historia de un “poder judicial” que se hunde en sus enchastres jurídicos, rodeado de personajes que parecen extraídos de una mala novela de espías, intrusado por integrantes de un ejecutivo que solo llegó para asegurar sus ya exageradas fortunas personales.

Claro que no son todos lo mismo. Por supuesto que existen hombres y mujeres de honestidades y valentías que intentan amurallar la verdad, protegerla de las maquinaciones perversas de esos temerosos (y temibles, por eso mismo) personajes que pretenden juzgar desde sus arrogancias inescrupulosas. Son aquellos, los íntegros, los leales a la verdad, los cabales defensores del valor Justicia, los únicos que podrán barrer las atrocidades y a sus acoquinados autores, del sitial del privilegio del que se apoderaron por portación de apellido o por servicios prestados.

El temor no es asunto solo de los cobardes miembros de este poder judicial. Es también parte de la lucha del Pueblo en busca de su destino, siempre atravesados por aquellos en su camino. Es el nudo de la necesaria acción que acabe con tantos irresolutos empoderados, con tantos miserables con patentes de jueces y fiscales, con tantos oscuros diletantes de los poderosos adueñados de sitiales inmerecidos, siempre al servicio de la mentira, constructores del terror, engranajes de la maquinaria que genera la muerte anticipada de millones de valientes que se levantan, cada día, para construir y re-construir lo que ellos demuelen, siempre escondidos, detrás de sus cobardías.

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