Cuando la niñez paga los platos rotos

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Esta es la foto que duele. Viernes. 21hs. Una de las tantas esquinas perdidas de La Plata. La gente hace cola esperando que le llenen el tupper, la cacerola o el recipiente que hayan podido conseguir, con comida. Cola por comida, por comer. Recuerden esta foto cuando mañana les toque hacerse cargo de elegir. Abran los ojos.

Así, literal, sin adjetivaciones que le quiten o aporten. Aquí, en el país que debería alimentar a 10 países más, la gente se escarcha bajo el frío cruel de las noches de invierno con tal de llevar un plato caliente a su casa. Pero no termina allí. Anoche, cuando la cola ya era muy pequeña, se acercan una madre y su hija, chiquita, seguramente más pequeña que mi hijo, y al llegar frente a la camioneta, la madre le dice «Viste que iba a alcanzar…»

Una frase que es tan dolorosa y lacerante que va a viajar conmigo para siempre. La niña estaba preocupada por si tendría comida o no. Cómo hemos podido llegar a esto? Cuántos ojos hubo que cerrar para que un niño tenga que andar pispiando arriba de hombros ajenos a ver si la comida iba a alcanzar para llenar también su plato? Porque una madre, un padre, no pueden alcanzar la mínima dignidad de poder alimentar a su familia y obviamente a sí mismo?

Esa misma niña que veía anoche como se iban los platos de comida de la gente que le precedía, era la misma que como cientos, el viernes anterior se habían acercado a recibir sus regalos por el día del niño, porque repartimos más de 300, porque los padres los trajeron ya que no podían comprarlos ellos, disfrutando así la sonrisa en los rostros de sus hijos, pero sintiendo la impotencia de delegar en manos foráneas esas alegrías.

Todavía hay gente que piensa alegremente «a mí la política no me da nada» y aquí está la muestra de ese error conceptual. La niña tendría que haber estado anoche caliente en su casa, peleando por poner en la TeVé su programa favorito mientras la comida calentita era servida, pero no, estaba allí, paradita en la cola, tratando de adivinar si la cacerola sería tan grande como para contener todos los platos de comida que estaban delante de ella, desarropándola de su vestido de niñez e inocencia. Recuerden esta foto cuando mañana les toque hacerse cargo de elegir, allí, perdida en la fila, está ella angustiada cargando culpas ajenas. Abran los ojos.

 

 

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