Desorden sin progreso

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Si Lula es culpable, en todo caso lo dirá la justicia pero lo preocupante de esto es que mirando el mapa de Latinoamérica, dos de los tres principales países de América son Argentina, Brasil y Venezuela. En dos la oposición no se puede presentar a elecciones, en Perú cuatro presidentes están fuera del poder, presos o prófugos, en Paraguay, Lugo destituido. Entonces uno se pregunta ¿a dónde va la democracia? ¿Qué es justo y qué no? Podés pensar que Venezuela es justo porque la oposición es golpista otros dirán que lo de Brasil es justo por que Lula es chorro. La discusión no es quien es menos malo, estamos hablando de la libertad. La mitad de la gente de América Latina, según encuestas, dice que no cree en la democracia desde la década del 80. Es que la gente se empezó a plantear que no puede votar al que quiere.

Lula fue el presidente más popular desde la vuelta de la democracia en Brasil, reelecto dos veces sumado a dos reelecciones de Dilma, interrumpido su último mandato por medio de un golpe institucional. Es importante la manera que el PT llegó a armar un partido político, llegó a ser el más grande de América Latina.

Se crea una paradoja que el candidato con más consenso y buena imagen pública está preso, estamos hablando de un candidato que si se presenta a una elección arrasa en las urnas. La corte Brasilera, luego de la votación de 6 a 5 decidió apresar a Lula.

A esto se le pueden dar, desde mi punto de vista dos interpretaciones. Una es lo que dice el PT, que es una persecución política y personal, la derecha se reconfiguró, tal es el caso de Temer, una alianza que luego se rompe llegando a la destitución de Dilma con unos argumentos vacíos y muy flojos. De esta forma se decidió entre la oposición de derecha y el sector de derecha aliado al PT juntarse y terminar con Dilma; continuando con Lula, de la manera que sea, si no es por los votos “como sea” poniéndolo preso. Aquí lo que se interpreta es una persecución personal y política contra un partido de izquierda.

En este país la grieta es 20 veces más grande que la de Argentina, se nota entre la gente esa diferencia, muy marcada, de tendencias entre la población. El nordeste acostumbra ser por demás, dominado por las clases populares, mientras que el sur es un poco más aburguesado. Me tocó ser testigo en las zonas de Vila Uberabinha e Indianápolis en San Pablo, zonas muy pudientes, cuando el tribunal de apelaciones brasileño ratificó por unanimidad la condena por corrupción pasiva y lavado de dinero dictado contra él en julio de 2017 explotó la pirotecnia y gritos de celebración.

Otra de las interpretaciones es que en Brasil te dicen que es un chorro, corrupto. Es verdad que hay muchos funcionarios del PT que están presos, no solo por el famoso departamento si no  también por el Lava Jato, Petrobras y los sobres en el congreso. Si hicieron un gobierno de corruptos que no se quejen si la justicia actúa sobre eso.

En el caso de Lula, si es culpable, en todo caso lo dirá la justicia, pero también hay que tener en cuenta, antes de levantar testimonio contra esta corte y jueces, que es una justicia que también mando preso a opositores de Lula y empresarios. No hay razones serias para sacar a Dilma al igual que Lula. Pero lo lamentable en esto es que el PT está lleno de corrupción. Esa es la desventaja.

Lo preocupante de esto es que si miramos el mapa de Latinoamérica dos de los tres principales países de América son Argentina, Brasil y Venezuela. En dos la oposición no se puede presentar a elecciones, en Perú cuatro presidentes están fuera del poder, presos o prófugos, en Paraguay, Lugo destituido. Entonces te preguntas ¿a dónde va la democracia? ¿Qué es justo y qué no? Podés pensar que Venezuela es justo porque la oposición es golpista otros dirán que lo de Brasil es justo por que Lula es chorro.

La discusión no es quien es menos malo, estamos hablando de la libertad. La mitad de la gente de América Latina, según encuestas, dice que no cree en la democracia desde la década del 80. Es que la gente se empezó a plantear que no puede votar al que quiere. Se han conocido crisis gravísimas en América Latina. Pero estas repercuten más ya que la legitimidad de la democracia parecería estar en duda.

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