Detrás de los triunfos de Trump y Bolsonaro

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El ascenso de Bolsonaro se explica por un gran voto de protesta y de rechazo a la clase política. En esta ocasión ha habido una renovación muy grande, histórica. La cuestión es que la derecha es la que propuso esa renovación con nuevos rostros y nuevos nombres. Entonces, su ascenso no se explica tanto porque sea un tipo de extrema derecha y sí porque él ha propuesto una renovación. Las personas ven algo nuevo, una esperanza, un cambio.

En una entrevista en Nodal, la socióloga Esther Solano dice: “El ascenso de Bolsonaro se explica por un gran voto de protesta y de rechazo a la clase política. En esta ocasión ha habido una renovación muy grande, histórica. La cuestión es que la derecha es la que propuso esa renovación con nuevos rostros y nuevos nombres. Entonces, su ascenso no se explica tanto porque sea un tipo de extrema derecha y sí porque él ha propuesto una renovación. Las personas ven algo nuevo, una esperanza, un cambio y luego también porque es el que está poniendo fin a un ciclo petista, de izquierda. Diría que es un poco el cansancio con la política tradicional y el cansancio con el petismo. Y luego, efectivamente, se han alineado los valores más conservadores de Brasil, pero sobre todo lo que vimos es un voto de cansancio con la política.”

De aquí se pueden extraer varios conceptos: “un gran voto de protesta y de rechazo a la clase política, … / … La cuestión es que la derecha es la que propuso esa renovación con nuevos rostros y nuevos nombres … / … su ascenso se explica porque él ha propuesto una renovación … / … pero sobre todo lo que vimos es un voto de cansancio con la política.”

En épocas de gran crisis, cuando se necesitan cambios profundos, y esta necesidad es percibida por el conjunto de la población, las opciones del centro dejan de tener atractivo y la población busca una opción política que plantee un cambio radical, categórico.

No se puede solucionar la crisis, enfrentando con éxito la ofensiva del gran capital mundial, sin lograr una verdadera democracia del pueblo, que sea él mismo quién delibere y gobierne, y sus decisiones se cumplan, y no cómo dice nuestra Constitución, en lo esencial copia de la de EE.UU., que “el pueblo no delibera ni gobierna” (subrayado nuestro) sino que sí lo haga.

Cabe aclarar que la actual Constitución más adelante dice: “sino a través de sus representantes…”, pero estos representantes son elegidos con los mecanismos restrictivos y condicionantes de la misma Constitución.

Tanto en EEUU como aquí, este gobierno a través de representantes, tiene como principal objetivo que las decisiones del pueblo no afecten los intereses de los más poderosos, los más ricos. La misma función cumple el Senado, porque se dice que la Cámara de Diputados representa al pueblo y los Senadores a las provincias. ¿Qué significa “representar a las provincias”? En qué se diferencian “las provincias” del “pueblo” ¿por qué no es suficiente con la Cámara de Diputados? El verdadero significado de “las provincias”, en este caso, es el poder económico de cada provincia. El Senado cumple con la función de frenar las iniciativas que sean realmente democráticas de la Cámara de Diputados, que, por ser tales, afectan inevitablemente los intereses de los poderosos.

Para que sea el mismo pueblo quien delibere y gobierne, la historia no ha descubierto nada que no sea organizaciones de democracia directa. Que son algo muy distinto a las actuales instituciones “democráticas” de la democracia burguesa.

Las instituciones vigentes son las mismas que existieron en el gobierno anterior y que perduran en el actual, pero no han podido impedir que de un gobierno orientado al crecimiento con inclusión social, se pase a otro con la clara finalidad de destruir la estructura social. Esto revela la necesidad de nuevas instituciones que sí sean capaces de defender al pueblo. Para muchos la solución es perfeccionar las actuales instituciones. Raúl Zaffaroni dice: “Ante el derrumbe, cabe preguntarse cómo es posible que, con las mismas normas, el Estado de derecho haya funcionado durante más de 30 años —con sus altos y bajos— y en menos de tres años se lo haya demolido en esta medida. …/… exprimieron los defectos institucionales para demoler vertiginosamente el Estado de Derecho…/… será prioritaria la tarea de renormativizar…”. (1)

Por su parte Mempo Giardinelli expresa: “…/… elegir una Convención Constituyente que establezca las bases de un nuevo sistema democrático participativo y con firmes controles ciudadanos…”. (subrayado nuestro). (2)

Por más que se renormativicen y se perfeccionen los controles ciudadanos, no van a tener efectividad si no se cuenta con un poder que garantice su cumplimiento. Y este poder sólo puede provenir de organizaciones de democracia directa. No basta cambiar las normas, es necesario contar con organismos que las hagan cumplir.

Para lograr que estas organizaciones surjan y realmente ejerzan el poder de toda la población, en la más amplia democracia, se necesita el levantamiento general del pueblo. El precedente más conocido y más cercano son las asambleas del 2001/2002, pero tendrían que tener un nivel infinitamente superior, incluyendo masivamente a la clase obrera, no sólo a la clase media.

Y que, además, implique ir más allá de la consigna “que se vayan todos”, que se vayan todos y que gobierne el pueblo directamente.

Este levantamiento generalizado es necesario que constituya una verdadera revolución democrática.

Eso es lo que se necesita. Que se produzca o no es imposible saberlo. El desánimo y la impotencia que ya afecta a una parte de la población empobrecida o en la miseria sólo puede remediarse con este tipo de alternativa.

Para ayudar a que esto suceda deben existir organizaciones y dirigentes que planteen este objetivo como estrategia general, con la suficiente fuerza y convicción como para generar una adhesión masiva.

Si esto no se produce, inevitablemente el pueblo buscará otra salida, que sea drástica, radical, y la única propuesta que existe hoy es la planteada por la derecha, y, ante la urgencia y la desesperación, la población irá tomando cada vez más esa alternativa.

Más allá de que pueda existir o no algún escrito sobre el tema, el progresismo y/o la izquierda realmente existente no están haciendo ninguna campaña política a favor de la democracia directa.

Por otro lado la derecha, representante política del gran capital mundial, tiene todo el apoyo de éste, con su gran aparato mediático, represivo y bélico, con su propiedad de todos los medios de producción, etc. Para los políticos de derecha es fácil hacer planteos extremos, porque están extremadamente protegidos.

El caso de Trump tiene connotaciones con lo que decimos. Parafraseando a Michael Moore: “Una parte importante de los votos a Trump se debe a que prometió crear empleo para los desocupados del Centro Oeste de Estados Unidos.” “…un hombre me paró por la calle. “Mike”, me dijo, “tenemos que votar a Trump. TENEMOS que cambiar las cosas”. Eso fue todo. Para él, era suficiente. “Cambiar las cosas”. De hecho, es lo que Trump haría.”

Aquí también el sentimiento generalizado en los trabajadores era la necesidad de cambios profundos.

En Octubre de 1934 en Francia (3) decía Trotsky: “El partido radical [francés] es el partido con cuya ayuda la gran burguesía mantenía las esperanzas de la pequeña burguesía [la clase media] en un mejoramiento progresivo y pacífico de la situación. Ese rol de los radicales sólo fue posible mientras la situación económica de la pequeña burguesía seguía siendo soportable; tolerable; mientras no sufría una ruina masiva y mientras guardaba esperanzas en el porvenir. Por cierto, el programa de los radicales fue siempre un pedazo de papel. Los radicales no han realizado ninguna reforma social seria en favor de los trabajadores y no podrían realizarla: no le hubiera sido permitido por la gran burguesía, en cuyas manos están todas las reales palancas del poder: los bancos y la Bolsa, la gran prensa, los altos funcionarios, la diplomacia, el Estado Mayor. Pero algunas pequeñas limosnas que obtenían los radicales de tanto en tanto, en beneficio de su clientela, sobre todo en el marco provincial, mantenían las ilusiones de las masas populares. Así fue hasta la última crisis. En la actualidad, para el campesino más atrasado [la clase media del campo] se hace claro que no se trata de una crisis pasajera ordinaria, como hubo no pocas antes de la guerra, sino de una crisis de todo el sistema social. Son necesarias medidas firmes y decisivas. ¿Cuáles? El campesino no lo sabe, nadie se lo ha dicho, como él necesitaría.” … / … Pág. 17: “El capitalismo no sólo no puede dar a los trabajadores nuevas reformas sociales, ni siquiera pequeñas limosnas: se ve obligado a quitarle las que le dio antes. Toda Europa ha entrado en una etapa de contra-reformas económicas y políticas.” … / … “La decadencia de los partidos democráticos [democrático burgueses] es un fenómeno universal que tiene sus razones en la decadencia del propio capitalismo.”
… /… Pág. 18: “¿Quién presentará primero, más ampliamente y con mayor fuerza, a las clases medias el programa más convincente, y —lo más importante— conquistará su confianza, mostrando con palabras y hechos que es capaz de eliminar todos los obstáculos en el camino de un porvenir mejor: el socialismo revolucionario o la reacción fascista? De esta cuestión depende la suerte de Francia por muchos años. No sólo de Francia: de Europa. No sólo de Europa: del mundo entero.”

Las palabras entre corchetes son nuestras. Cabe aclarar que en ese momento en Francia los campesinos eran una parte importante de la clase media. En nuestro país la mayor parte de la clase media es urbana. Pero lo importante a tener en cuenta es que en ambos casos son clase media.

Las comparaciones son siempre parciales e imperfectas. En nuestro país gran parte de la dirigencia de los radicales se parece en muchas cosas al partido radical francés. No así el kirchnerismo, que aunque también se lo puede considerar del centro político, más bien de centroizquierda, lo que consiguió durante el gobierno anterior no fueron limosnas sino grandes reformas que beneficiaron al pueblo. Un eje importante a rescatar en el escrito es que en épocas de crisis extremas del capitalismo, tanto en Francia en 1936 como en la actualidad, las esperanzas de un mejoramiento progresivo y gradual desaparecen inevitablemente. Se extiende la sensación de que son necesarias medidas firmes y decisivas.

Evidentemente, en Europa el fascismo y el nazismo aparecieron frente a las masas como teniendo una mayor fortaleza, poder y determinación, mientras la socialdemocracia y el comunismo stalinista, ambos transformados ya irremediablemente en reformistas, no podían ofrecer una alternativa revolucionaria y no lo hicieron. Por esa razón el triunfo de la derecha tenía despejado el camino.

Hoy en día se repite el mismo problema en todo el mundo. Obviamente hay que adaptarlo a las formas de la sociedad actual. Pero lo esencial se repite. El gran capital realiza una feroz ofensiva en todo el planeta, con distintas metodologías. En América Latina ha adoptado la estrategia de destruir gradualmente, pero en poco tiempo, toda la estructura social en la que se apoyan tanto la clase media como la clase obrera. Es la construcción de la dictadura y el desarrollo de un genocidio utilizando la confianza en las instituciones democrático burguesas que está instalada desde hace tiempo en las mentes de la población. Han quedado grabadas las palabras de Alfonsín: “con la democracia se come, se vive,…”, obviamente se refería a la democracia burguesa, la forma más perfecta de dominación del capital. Al llamar a la democracia burguesa simplemente “democracia”, la población se mueve dentro de ese marco, que es demasiado estrecho.

Los tiempos en que van a acontecer las cosas, si es que éstas llegan a suceder, son imposibles de predecir, en el mejor de los casos sólo se puede tener una evaluación aproximada del rumbo general que van tomando los acontecimientos.

Desde el punto de vista del pueblo, más allá de sus dirigentes, estamos muy lejos de una posibilidad objetiva del surgimiento de organizaciones de democracia directa. Si bien hay síntomas de un crecimiento de la conciencia sobre su necesidad, todavía se está muy lejos de comprenderse plenamente. Hay sí manifestaciones a favor de una profundización de la democracia burguesa y de una gran reforma constitucional, como las de Raúl Zaffaroni, Mempo Giardinelli, la declaración de La Cámpora de la necesidad de instituciones de democracia semidirecta, y muchas otras. Existe un lento desarrollo de la conciencia de la necesidad de una profundización de la democracia, pero todavía es un proceso muy embrionario y es imposible saber la dinámica que irá teniendo.

Los verdaderamente progresistas, los demócratas consecuentes, no querrán ir más allá de una revolución democrática, sin la cual no se pueden crear organizaciones de democracia directa. Se conformarán con intentar “controlar” al gran capital mundial. Los verdaderos socialistas creemos que la única posibilidad de derrotar la ofensiva de éste es expropiarlo. Pero en cualquiera de los dos casos es imprescindible la voluntad conciente de todo el pueblo, de manera que cualquiera de los dos proyectos necesita inevitablemente desarrollar las organizaciones de democracia directa.

Por lo tanto si queremos lograr este objetivo común la unidad de acción entre ambos es imprescindible.

Es muy grande el esfuerzo que hay que hacer, todos los pasos que hay que dar, todas las innumerables tareas que hay que realizar para ayudar a que la conciencia de toda la población asuma esa necesidad objetiva.

La unidad de todas las fuerzas del pueblo, incluso la unidad ecuménica de muchas religiones, en la manifestación a Luján de octubre de este año, de la cual se dice que fueron alrededor de 1 millón de personas, revela el extraordinario crecimiento en la población de la necesidad de unidad de acción y de aumento de la participación ciudadana en la creciente resistencia en curso.

Del lado del pueblo, a pesar de todas las medidas de fuerza, declaraciones y movilizaciones, todavía se está muy lejos de la posibilidad de concretar una verdadera democracia.

Del lado del gran capital y sus representantes existe indudablemente una ofensiva final contra todos los derechos sociales de la población, sus ingresos, su educación, la atención a su salud, su vivienda, su organización sindical, social y política, etc., con el objetivo concreto de provocar una derrota estructural (4) que sumerja en la pobreza y la miseria a la inmensa mayoría de la población.(5)

Llamamos precisamente derrota estructural a lo que Natanson llama “implosión social” (6) . Se puede decir que la dictadura militar fue una bomba de explosión, un genocidio que hizo eje en la desaparición de personas como el principal medio para derrotar al pueblo. La política del gobierno actual es como una bomba de implosión, se va generando silenciosamente hasta que de repente se desploma para adentro.

El actual gobierno intenta la destrucción general de la sociedad en forma duradera. La dictadura hizo desaparecer por lo menos a 30.000 personas, pero no destruyó toda la estructura social. El gran capital ha aprendido, y ahora busca esa destrucción, quitarle todo sustento de vida a la población, el trabajo, la vivienda, la atención de la salud, la educación, el poder adquisitivo real, sumiendo a todos en la impotencia y el abatimiento. Un derrumbe para adentro, al perderse toda base de sustentación. Con la ventaja que es menos estruendoso. Silenciosamente se van carcomiendo todas las bases de la organización social de la vida, lentamente se va produciendo una implosión. Cuando esta “estalle”, ya no habrá manera, ni fuerzas, ni elementos para la recuperación. La derrota será estructural, duradera por mucho tiempo, y el gran capital tendrá el terreno despejado para su saqueo, quedándose con el territorio, los recursos naturales, la economía, etc.

Esta ofensiva sólo puede ser frenada con una verdadera revolución democrática, que por ahora está muy lejos de producirse. Como siempre nuestra lucha corre detrás de la ofensiva de la derecha. Podemos decir que el pueblo no está desarrollando ninguna revolución, pero el gran capital sí está ejecutando una contrarrevolución como nunca antes.

Por todo esto se necesita plantear como estrategia necesaria, el surgimiento de organismos de democracia directa que emerjan como poder alternativo frente a las instituciones pseudo democráticas instaladas como “democracia” por el capital, único camino por el cual se podrá derrotar su ofensiva.

Es imposible saber si se llegará a tener esta estrategia, en todo caso llevará mucho tiempo y esfuerzo de todos, con la unidad de acción de todos los sectores del pueblo como requisito indispensable. Pero el tiempo que llevará no es un tiempo cronológico, sino el de la cantidad de tareas y pasos intermedios que hay que realizar para lograr una verdadera democracia. La ofensiva final del gran capital no nos deja otra alternativa que seguir ese camino con la mayor energía, rapidez y eficacia que podamos.

(1) El desguace del Estado de Derecho, Raúl Zaffaroni, Suplemento Especial de Página 12 35 años de democracia, Los logros, las deudas. Página 12, Lunes 10.12.2018.
(2) Mempo Giardinelli, El Manifiesto Argentino, Historia de un desafío colectivo, Editorial Planeta, agosto de 2015, Capítulo 12, El Cuarto Manifiesto Argentino y la prefiguración del final, pág. 135.
(3) Leon Trotsky ¿Adónde va Francia?, Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1975, págs. 16 y17.
(4) No estamos preparados contra la estrategia de derrota estructural, en el blog nudos gordianos, Carlos A. Larriera, 4.9.2018.
(5) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249980&titular=implosi%El F3n-social-
10.12.2018, Implosión Social, José Natanson, Rebelión, Editorial Le Monde Diplomatique,
nota con muchos datos y reflexiones importantes, pero también con muchos errores de concepto. En particular es importante su referencia al aumento del desánimo en la población, si bien el grado de su extensión y profundidad es incierto.
(6) Ídem.

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