Eclipse del Eje Bolivariano: explicaciones de la crisis actual

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Más de una década ha pasado ya desde la consolidación de los gobiernos revisionistas en nuestra región, dentro de lo que los analistas denominaron el “giro a la izquierda”. Así, con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela (1998), acompañado de cambios internacionales de gran relevancia, América Latina comienza a transitar un nuevo camino en materia de política tanto interna como exterior. Los próximos años deparan incertidumbres en cuanto a las opciones de política exterior para Caracas, La Paz y Quito y sólo podemos esperar una profundización de estas tendencias.

El presente artículo estará centrando en los tres gobiernos latinoamericanos considerados el “ala radical” de esta nueva izquierda: Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuya convergencia en materia de política exterior posibilitó hablar de un “eje bolivariano”, para analizar brevemente los desafíos que atraviesan actualmente estos países y señalar algunos factores explicativos que han dado lugar al ocaso de dicho eje.

Varios son los motivos que nos permiten afirmar que los actuales gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador son reflejo de una crisis del proyecto de liderazgo regional que ha iniciado hace algún tiempo atrás. A nivel global, el resurgimiento de Estados Unidos durante la administración de Obama, con una mirada interesada hacia el continente latinoamericano, a la vez que recuperando prestigio y cuotas de poder mundial, ha significado para las figuras del eje un renovado desafío.

El claro debilitamiento de los BRICS como socios de contrapeso a las potencias tradicionales, junto a la consolidación de gobiernos de derecha a lo largo de la región (restando aliados), han incidido negativamente. Al mismo tiempo, la caída abrupta del precio de los commodities ha dejado sin sustento a las políticas sociales desarrolladas durante la primer década del siglo, y si bien algunos productos de relevancia estratégica como el petróleo han tendido a recuperar valor, la situación actual denota la caducidad del modelo neoextractivista.

Lawfare en la República del Ecuador

Uno de los factores decisivos que afectó al bloque de gobiernos fue la muerte de Hugo Chávez en 2013 -principal impulsor del eje bolivariano-. Su sucesor, Nicolás Maduro, no logró contar con la legitimidad suficiente (ni mucho menos el carisma) para sostener un activo liderazgo en la región. Lidiando con una severa crisis económica y política a nivel interno, Venezuela tampoco pudo continuar con su política de asistencia a los aliados políticos. A nivel regional, se acentúa la pérdida de influencia del ALBA como principal entidad de concertación latinoamericana y el alejamiento de los países que durante “la década ganada” compartieron en parte su cosmovisión: Argentina y Brasil entre ellos.

Actualmente, los cambios de rumbo se han hecho sentir, incluso manteniéndose las mismas fuerzas políticas en el poder. En Bolivia el ajustado triunfo del “No” al referendo por la reelección indefinida del antaño popular presidente y la errática decisión del tribunal constitucional de otorgarle esta posibilidad a pesar de la elección del pueblo boliviano, da como resultado una erosión de la popularidad de Evo Morales. Al mismo tiempo, el controversial proyecto de carretera del TIPNIS sumó un factor más de desprestigio para su gobierno, generando graves tensiones con las comunidades indígenas de la zona.

La elección de Lenín Moreno como presidente de Ecuador (2017) y el vuelco de éste a posturas más cercanas con la derecha, quiebran la sincronía ideológica que se había generado durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2016) con Bolivia y Venezuela. Sumado a ello, los escándalos de corrupción a nivel interno, como el caso de Odebrecht, y el posterior encarcelamiento del vicepresidente Jorge Glas, terminaron por dividir al bloque gobernante entre quienes apoyan al actual mandatario, y quienes claman por su antecesor, siendo un motivo más de debilidad que debe enfrentar el gobierno de Alianza País.

Los próximos años deparan incertidumbres en cuanto a las opciones de política exterior para Caracas, La Paz y Quito. No obstante, podemos esperar una profundización de las tendencias que socaban la continuidad de los líderes actuales y una reformulación de los medios y fines propuestos para el diseño de las políticas a nivel regional y global. En cualquier caso, la urgencia de los asuntos internos, proyecta el desarrollo de políticas de bajo perfil y anuncian el fin de una era de gran actividad exterior para los tres actores.

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