El bolsonarismo vernáculo

Compartir

Como en los tiempos de la Dictadura, Clarín publicó el currículum del ya famoso residente turco Anil Baran. Con la frialdad de un mafioso, y quizá inspirados en el macartismo norteamericano, aseguran que “se declara abiertamente admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez”, dato que debería despertar la repulsa del público cautivo. Cualquier odiador colonizado echaría espuma por la boca a esta altura del texto.

Aunque un poco ignorado por el triunfador, Macri está exultante con el resultado de las elecciones en Brasil. Tanto que se atrevió a recitar, ante los asistentes al encuentro Urban 20, que “las cosas van para mejor en el mundo”. No tanto por Bolsonaro, sino por la derechización que significa. El sueño de desterrar eso que catalogan como populismo está a la vuelta de la esquina. Más aún cuando las proscripciones ya no se materializan con un decreto del Ejecutivo, como antaño, sino con caprichosas sentencias judiciales. Claro, si todos los kirchneristas están presos o demonizados, la reelección está servida en bandeja, aunque las usinas de estiércol deban inventar falacias para encauzar al distraído electorado.

Para el futuro que pergeña el Ingeniero, tendrán que apelar a engaños perversos, como el de ese pastor evangelista que, ante sus fans, afirmó haber visto a Cristina bañarse en sangre humana para concretar un pacto con el diablo. ¿Dónde hay que tener el cerebro para creer eso? ¿No habría que hacer un control de calidad más estricto en los pregoneros de Dios? O, por lo menos, explicar que las almas tienen que llegar puras al paraíso, no idiotizadas. Pero para acceder al cielo que vende ese pastor no sólo hay que demonizar a los K sino también seguir penando por la Revolución de la Alegría como si fuera el Purgatorio. Aunque la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas asegura que no apoya a ningún partido en especial, los piropos vertidos por algunos amarillos logran que muchos líderes espirituales abonen la campaña del PRO.

Si los pastores vociferan estas sandeces será porque se sienten habilitados. El buen Mauricio, en el U 20, sorprendió a sus internacionales oyentes con una declaración de parodia: “cuando uno mira, cada vez hay menos pobreza en el mundo, menos muertos por guerras, por enfermedades”. ¿Qué mundo está mirando? ¿Por dónde lo mira? ¿O su cinismo no tiene límites? Y los que lo escuchan sin risas ni objeciones, ¿padecen alucinaciones o son tan cínicos como el orador? ¿Tan descerebrados como los que creen que CFK se baña en sangre humana?

De ahí a creer que la ex mandataria escondió un PBI en el Arsat hay medio paso. O que mandó a matar a Nisman con un comando iraní-venezolano entrenado en Cuba más un karateca. Y con un piolín. La batería de titulares falaces está haciendo estragos hasta en los que accionan el gatillo.

El veneno en la tinta

Para alimentar esta andanada de falsedades no sólo hace falta mucha imaginación: también excesiva maldad. No es inocencia malversar la democracia desorientando al votante para que elija a quien va a deteriorar su vida. Convencer al ciudadano de la necesidad de sacrificar su presente por un futuro que nunca llegará requiere crueldad. Aliviar las angustias cotidianas con excusas, apelar a la resignación y vomitar consejos para disfrazar la miseria exige mucho desprecio por el otro. Más aún cuando todo está orquestado para que unos pocos potencien sus privilegios a costa de tanta pérdida de derechos mayoritarios.

Los episodios que bombardean el entendimiento alternan entre la apología del presente y la demonización de lo anterior. Ambos sin fundamentos, por supuesto. La tapa de un diario nacional puede destacar la situación judicial de la viuda del ex secretario de los Kirchner, pero nunca las confirmaciones cada vez más comprometedoras de la causa de los aportantes truchos. En la justicia PRO, las fotocopias de cuadernos de existencia cada vez más dudosa pesan más que las pruebas irrefutables de documentos oficiales. Tan malsana es la intención de los medios hegemónicos que llegan a publicar en tapa la foto de los cuatro extranjeros detenidos durante las protestas contra el presupuesto. Tanta impunidad de la otrora Tribuna de Doctrina que puede sentenciar a los que estaban a más de un kilómetro de los hechos. Impunidad que se traslada a los funcionarios que, envalentonados por el aval hegemónico, aprovechan el estigma para poner en agenda el no problema de los inmigrantes.

Pero el ex Gran Diario Argentino va, como siempre, mucho más allá. Como en los tiempos de la Dictadura, publicó el lunes el currículum del ya famoso residente turco Anil Baran. Con la frialdad de un mafioso, el matutino destaca que “tiene un perfil ideológico muy cercano a los sectores que encabezaron las protestas”, algo que los lectores deberán interpretar como evidencia de culpabilidad. Quizá inspirados en el macartismo norteamericano, las plumas de Clarín reconstruyen el perfil ideológico y aseguran que Baran “se declara abiertamente admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez”, dato que debería despertar la repulsa del público cautivo. Y como si ya estuvieran alimentando la hoguera, agregan que “entre sus preferencias figuran el Partido de los Trabajadores de Turquía, el Frente de Izquierda, Evo Morales, Cristina Kirchner, Miriam Bregman y Axel Kicillof”. Cualquier odiador colonizado echaría espuma por la boca a esta altura del texto.

Aunque puede resultar divertido burlarse de tan absurda manipulación, el hecho es grave porque están condenando a una persona por sus afinidades ideológicas algo que contradice la amable promesa de campaña de “no perseguir al que piensa distinto”. Como es previsible, ningún oficialista salió a repudiar esta nota, lo que sugiere coincidencia con su matiz despótico. Sólo los periodistas de la vereda de enfrente y algunos opositores alzaron su voz para señalar la inconveniencia de estas expresiones anti periodísticas. La libertad de prensa se mancilla con estos escritos tan poco democráticos.

En cierta forma, hay que comprenderlos. Lo que defienden es indefendible y cuando el camuflaje no alcanza, lo ignoran por completo. Como los oscuros pronósticos del FMI, que incluyen un retroceso del 6,3 por ciento y un incremento de la deuda que significará el 116 del PBI. Todo lo que generemos el año que viene se lo llevarán los buitres y todo para estar peor. Tampoco destacan que Edesur, la empresa del hermano de la vida del empresidente, logró aumentar sus ingresos en un 91 por ciento con una caída del 0,2 de la energía vendida, sólo gracias al tarifazo bestial. Entre enero y septiembre, el botín de Luis Caputo incorporó 473 millones de pesos, 280 por ciento más que el año pasado. Pero de inversiones, ni hablar.

Menos aún encontraremos en estos destructivos medios que el gobierno de la transparencia se niega a dar a conocer el registro de ingresos de personas a la Quinta de Olivos a Poder Ciudadano, tal como exige la ley que los PRO promovieron. Y eso que de esta ONG emergió a la vida política la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso. Si fuera otro el color, los voceros del establishment estarían denunciando a toda hora y sembrando sospechas para indignar a los colonizados.

Por tanta protección mediática, el buen Mauricio puede encabezar un acto en memoria de Raúl Alfonsín sin ponerse colorado. Y más aún, declamar que “el mejor homenaje es demostrar que somos capaces de construir una Argentina unida, como él soñó, con instituciones sólidas que mejoren la vida de nuestra gente”. Le debe fallar el traductor interno o ‘nuestra gente’ no incluye a todos, porque desde que asumió está haciendo todo lo contrario, mientras las plumas hegemónicas dicen que está todo bien y la culpa la tiene el otro.

Comentarios

Comentarios

Mi Voz

Mi Voz

Los artículos de nuestros lectores. Porque Nuestras Voces no es un medio, es una comunidad. Para escribir tu artículo ingresá al menú Mi Voz, opción Escribí tu nota.

Hacé tu anotación Sin anotaciones