El Brujo

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Soy la pregunta que ahoga a los que no perdonan y el silencio que enmudece a los imperdonables.

Soy testimonio presente de un pasado nefasto y la contundencia cruel de hipocresías perpetuas.

Soy una grieta hecha abismo que se adueñó de mi nombre y la justificación imbécil de aquellos para los que no fui nunca.

Soy un montón de pretextos en boca de incompetentes y un arsenal de mentiras en tinta negra de titulares.

Soy periodistas serviles, docentes censurados, laburantes con miedo, artistas comprometidos y funcionarios cómplices.

Soy los perros tras mi aliento, las piedras bajo las que no estoy, los rumores convenientes y la verdad hecha trizas.

Soy la tierra por la que doy la vida, los espejitos con que jamás me compraron y las raíces que resisten las botas.

Soy el grito que cruza fronteras, la pared que se pinta mi rostro, el zócalo que me demoniza y la urgencia de la Plaza llena.

Soy el recuerdo de los sin recuerdo, la memoria genuina de los que no olvidan y la conciencia falaz de los infames de siempre.

Soy quien me busca, quien me esconde, quien encubre a quien me esconde y quien defiende a quien encubre a quien me esconde.

Soy la cara partida de mi madre, la mitad de su alma que me llevé a cuestas y sus lágrimas como factura inexcusable y eterna.

Soy la ausencia que duele, que interpela, que molesta, que acusa, que aturde. Soy quien no vive y soy quien no ha muerto. Soy el desvelo de los oprimidos y la pesadilla de los inmorales.

Soy el Brujo. Soy el hippie. Soy el mochilero. Soy mi apellido en el de mis hermanos. Soy un montón de pueblo. Soy Santiago Maldonado. Y soy este puñado miserable de palabras que son porque, desde hace un mes, no soy.

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