El contexto

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Ante un popurri de frases desafortunadas de los representantes del gobierno, rápidamente se habla de la descontextualización. “Sacar de contexto” es el argumento más infantil al que suele echarse mano para responder a una crítica. Debe ser una de las expresiones más utilizadas cuando a alguien se le pide explicaciones por algo que dijo. Curiosamente, los protagonistas son los únicos que no hacen referencia a eso. Quizás porque sabe que nadie interpretó sus palabras “fuera de contexto”, sino que ellas expresan honestamente la totalidad de su pensamiento, y no una parte. Dijeron lo que querían decir.

Hace unos días yo comenté algo sobre los dichos de María Eugenia Vidal en relación con las universidades públicas de la provincia de Buenos Aires y la pobreza, y en seguida una amiga opinó que yo había sacado de contexto los dichos de la Gobernadora que entrecomillé para comentar.

Después vi publicaciones de otros amigos comentando (quejándose) en el mismo sentido: la descontextualización. Y yo que, a causa de los años, ya puedo eludir con creciente ineficacia la autorreferencialidad, pensé “¡Obviamente, lo dicen por mi comentario!”.

En días subsiguientes vi opiniones y referencias a la descontextualización ya no solamente de amigos, sino de otros comentaristas, de medios masivos, de páginas respetables, de páginas más o menos respetables, de colectivos combativos (a favor y en contra, digamos), de medios gráficos, de programas de radio y TV… y así. Enalteciendo entonces esa ineficacia que mencioné, instantáneamente concluí: “¡Fá! ¡Sin mencionarme, todo el mundo está opinando sobre mi comentario!”

Muy bien. Para honrar todas esas opiniones, y siguiendo el ejemplo de la Gobernadora según su alocución al día siguiente de sus dichos (es decir: mantener la línea de lo que dije, tratando de salvaguardarlo), paso a ahondar sobre el asunto en los pocos párrafos que siguen, desestimando el orden cronológico pero preservando la primigenia intención de contextualización, aclaro.

1-El Presidente de la Nación

“Aplicar la ley significaría suspender la AUH por el resto del año”, dijo en relación con la ley de regulación de tarifas aprobada por el Congreso Nacional, que el mismo Presidente vetó.

Acá se me ocurren dos cosas:
-la primera, la amenaza más deleznable del poderoso: “Si no se hace lo que yo digo, le pego al más débil donde más le duele”. Puede hacerlo el poderoso porque encaja en su discurso sobre el (falso) “esfuerzo de todos”. Falaz, porque el esfuerzo de los que menos tienen no es voluntario sino siempre impuesto a la fuerza. Y el esfuerzo de los infinitamente no necesitados nunca es impuesto y siempre es negociado y nunca es esfuerzo.

-la segunda, la histórica espuria conducta del poder económico: “El hilo siempre se corta por la parte más delgada”. Jamás pensar en recortar el pago de intereses de deuda, o disminuir beneficios a la especulación financiera, la no disminución de retenciones, el reconocimiento de prebendas a sectores de poder económico… no, jamás. Para el Presidente, cuando se habla de recorte y de ajuste, hay un sector de la sociedad que siempre, siempre, siempre, tiene todos los números para sufrirlos.

2-El Jefe de Gobierno de la CABA

“La única manera de que no haya gente, en este caso llamados cartoneros, que abren bolsas en la calle (sic) es que no haya cartón.”

La “única” manera. Es decir, no que no “tengan” que juntar cartón. No que puedan acceder a otras oportunidades. Qué harán esas personas cuando no haya más cartón, no lo sabemos ni nos interesa. Lo que sí sabemos es que van a desaparecer, que es lo que queremos. Se quedó corto el Jefe de Gobierno; para explicitar exactamente lo que piensa, aquello que tiene intención de hacer, debería haber dicho “Muerto el perro se acabó la rabia”. Matemos al perro (perdón, el cartón) y desaparecerá la enfermedad que afea las calles y a todos nos molesta y nos perjudica.

3-La Gobernadora de la provincia de Buenos Aires

“Que durante años hayamos poblado la provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”

Es muy difícil no percibir el profundo desdén que cargan estas palabras de Vidal. Es muy difícil imaginar un contexto en el que estas palabras puedan revertir la crueldad y la soberbia que manifiestan, sin necesitar ninguna aclaración.

“Sacar de contexto” es el argumento más infantil al que suele echarse mano para responder a una crítica. Debe ser una de las expresiones más utilizadas cuando a alguien se le pide explicaciones por algo que dijo. Curiosamente, la única que no dijo en ningún momento “me sacaron de contexto” es la propia Gobernadora. Quizás porque sabe que nadie interpretó sus palabras “fuera de contexto”, sino que ellas expresan honestamente la totalidad de su pensamiento, y no una parte. Dijo lo que quería decir.

Ningún político electo para desempeñar un cargo ejecutivo puede “estar convencido” de que el gasto social es la primera variable de ajuste, de que, como única alternativa, hay que sacarle al que se las rebusca la fuente de su rebusque, de que un pobre “no puede llegar”. Porque si es así, entonces la consecuencia natural de ese convencimiento (que se traduce en actos de gobierno) es “¿Para qué ocuparse del pobre, si no va a salir de la pobreza?”

Carta a Vidal de un pibe que nació pobre y llegó a la Universidad

Y sin embargo, acá está. Éste es el famoso contexto. Los tres funcionarios de más alto nivel de este Gobierno hablando en el mismo sentido. El modelo de gobierno es el contexto, el desprecio generalizado por el pobre es el contexto, la banalización de la política como compromiso social es el contexto.

Los dichos de la Gobernadora no fueron un error, nadie los malinterpretó, no se equivocó. Sus palabras están perfectamente comprendidas en el único contexto posible.

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