El dedo en la Grieta

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Si desde 2015 los dos puntos de diferencia valieron como 20 para las fieras gobernantes, los ocho del 27 de octubre servirán como si fueran mil. Salir de este pozo económico requerirá un gran esfuerzo, pero más insumirá esquivar las arremetidas de la oposición. Aunque la felicidad ilumine nuestros corazones, la convivencia con los perdedores será turbulenta. La autocrítica que exigieron durante estos cuatro años estará ausente de ahora en más, a pesar de los desastres provocados por el Cambio. Las urnas no los expulsaron con la contundencia merecida ni la convicción necesaria.

El estado meteorológico del domingo de elecciones sirve para la elaboración de metáforas. Si llovió es porque el cielo llora, si brilló el sol es porque el futuro será mejor. También, la lluvia limpia la mugre y el sol reseca tierra y plantas. Con las metáforas climáticas que quieran, una vez más elegimos. Y esta vez, bastante mejor que en 2015. ¡Por fin!, digamos también, porque desde las PASO hasta ayer, se hizo muy largo y el ‘muy’ con muchas ‘u’. Pero llegamos, como sobrevivientes de una travesía tortuosa con una tripulación que no hizo más que arruinarnos la estadía. Muchos desempolvarán la vieja frase “el pueblo nunca se equivoca” y algunos agregarán pero “esta vez sí”; unos harán juegos numéricos para dibujar cuántos votaron en contra de Fulano o Mengano y otros mascullarán su veneno con un “volvemos al pasado”. Como sea, muchos votamos con la convicción de que nunca más vuelva un modelo tan nefasto como el aplicado en estos cuatro oscurísimos años y otros, con la inconciencia del “Sí se puede” entorpeciendo el entendimiento.

Si de algo sirven las malas experiencias es para aprender de ellas. La Dictadura y el Menemato fueron experimentos neoliberales impuestos con sangre y camuflaje. El que abandonamos ahora, que conquistó las preferencias con engaños, dejó en evidencia a los que se benefician siempre con las crisis, algo que no había quedado tan expuesto en los episodios anteriores. Empresarios y ceos pusieron la cara para esta nueva etapa de despojo, la que consideraban definitiva. Como actuaron de conquistadores desaforados, el pillaje duró poco, aunque se llevaron mucho. Y no hay que buscar bóvedas enterradas en la Patagonia para recuperar el botín: las off shore los deja al descubierto. Y los esquiladores son tan pocos que no demandará mucho tiempo probar sus delitos y encarcelarlos.

Pero no hay que adelantarse: por ahora debemos celebrar que hayamos expulsado a los que nunca tendríamos que haber aceptado como gobernantes. Una pena que no haya sido una expulsión en serio, con un zapatazo que deberían recordar por siempre. Aunque hay que esperar el recuento definitivo, los números marcan un triunfo en primera vuelta pero con el aliento de la bestia soplando en nuestra nuca. Lo que las encuestadoras marcaban como una diferencia cercana a los 20 puntos terminó siendo apenas un apretado ocho y la derrota del macrismo no fue proporcional al daño provocado. Cinco distritos permitieron que Macri no termine tan humillado como merecía. Cinco distritos que en lugar de palos otorgaron un caprichoso premio al peor equipo de los últimos 50 años.

Esperanza en construcción

Los números no fueron los esperados. Con el sisepuedismo agónico de la Caravana amarilla, con promesas absurdas como “ya llega el alivio” o hay que defender la República, con la complicidad sistémica y vergonzante de los medios hegemónicos, el macrismo sumó casi diez puntos al resultado de las PASO. Un par de semanas más de campaña y terminaban forzando un balotaje. Con nada, por supuesto. ¿Qué apoyaron los que apoyaron? ¿El crecimiento de la pobreza, del desempleo, del hambre? ¿La caída en la producción, en las ventas, en la actividad? ¿Una inflación acumulada del 200 por ciento y un dólar que comenzó en 10 y termina en más de 60 pesos? Nada más preocupante que convivir con ese 40 por ciento enceguecido por un odio difícil de erradicar, más dispuestos a aplaudir estupideces antes que evaluar logros.

Pero nos estamos adelantando. Les Fernández no perdieron votos, sino que sumaron un puchito. Las calles explotaron aunque el triunfo no fue tan contundente. La ansiedad contenida durante tanto tiempo, la bronca acumulada por tamaño deterioro, la furia por tanta estigmatización difundida en cadena nacional hicieron de la noche del domingo una fiesta popular. Miles de gargantas entonaban el Nosepudo como una catarsis colectiva que ignoraba la proximidad de los resultados. Los bocinazos y las manos triunfales poblaron las principales plazas hasta muy tarde. Un alivio que merecíamos aunque con una diferencia preocupante.

Si desde 2015 los dos puntos de diferencia valieron como 20 para las fieras gobernantes, los ocho del domingo servirán como si fueran mil. Salir de este pozo económico requerirá un gran esfuerzo, pero más insumirá esquivar las arremetidas de la oposición que se conformará a partir del 10 de diciembre. Aunque la felicidad ilumine nuestros corazones, la convivencia con los perdedores será tan turbulenta como lo ha sido hasta ahora con los oficialistas salientes. La autocrítica que exigieron durante estos cuatro años estará ausente de ahora en más, a pesar de los desastres provocados por el Cambio. Las urnas no los expulsaron con la contundencia merecida ni la convicción necesaria. El desafío es construir con esta casi paridad tan destructiva.

Lo que se viene requerirá mucha paciencia, entendimiento y voluntad. Paciencia para soportar titulares difamatorios, operaciones judiciales y críticas despiadadas. Entendimiento para desarmar las bombas de estiércol que arrojarán los medios que seguirán siendo apologistas de la oscuridad. Voluntad para seguir iluminando a los repetidores de zonceras. Una parte de ese cuarenta por ciento que insistió con el Cambio está confundida y hay que recuperarla. El resto seguirá siendo esa minoría que cada tanto se convierte en mayoría con la propalación del odio y del individualismo más perjudicial.
Siempre queda la esperanza de que hayan agotado las tretas para ocupar el poder en su exclusivo beneficio. Si la esperanza no funciona debemos neutralizar las armas que utilizan siempre para convertirse en gobierno.

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