El diario de Yrigoyen

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A lo largo de cuarenta y cinco meses, MM ha ido desplegando con una impunidad digna de mejor causa, un relato tan fuera de contexto que nos hace conjeturar que él o nosotros vivimos en algún país nórdico o escandinavo y no en éste sumido en sus endemoniadas medidas. La realidad que le marcan el grupo Clarín y sus acólitos y que el presidente pretende retransmitirnos como verdades reveladas no dista demasiada del ya convertido en mito «Diario de Yrigoyen».

Promediando 1929, durante el segundo gobierno de Hipólito Irigoyen, comenzaron a trascender rumores y versiones sobre la impresión especial de un diario dedicado exclusivamente a brindarle buenas noticas al Presidente.

“El Peludo”, tal el apelativo impuesto a Irigoyen, ya cargaba sobre las espaldas de sus gobiernos con dos tragedias impiadosas donde –como siempre-, los heridos y muertos los puso el pueblo. Del siete al catorce de enero de 1919, en lo que se conoció como “La Semana Trágica”, centenares de obreros fueron fusilados como consecuencia de una huelga originada en los talleres metalúrgicos Vassena, familia de la que surgió, décadas después , Adalbert Krieger Vassena, posteriormente ministro de economía de dos dictaduras (todo tiene que ver con todo dijo alguien hace unos años) y luego, en 1921, en lo que se conoció como La Patagonia Rebelde, el movimiento proletario experimentó otro duro golpe, donde se reiteraron los cientos de fusilados. El clima político no era el mejor, la situación del país se iba enrareciendo cada vez más y se decía que los colaboradores más cercanos al viejo caudillo intentaban de esta forma ocultarle opiniones hostiles.

Luego surgieron voces en contrario, donde se afirmaba que tal diario jamás existió y que sólo se trataba de una treta inventada por los sediciosos de 1930 para justificar el golpe militar y el derrocamiento del mandatario. No obstante, con el correr de las décadas, el hecho jamás perdió vigor al punto tal que, en situaciones especiales, -o no-, recibimos o espetamos “Estás leyendo el diario de Irigoyen”.

Lejos estarían de imaginar los creadores de la fábula que, 90 años después, la misma encuadraría perfectamente en la realidad que le marca el grupo Clarín y acólitos a MM y que éste, al margen de su vocabulario pobre, insignificante, desangelado, pretende retransmitirnos como verdades reveladas. No están desguarnecidos, cuentan con las invalorables contribuciones del ecuatoriano Jaime Durán Barba (desaparecido igual que Nicolás Dujovne) y el estadounidense Gene Sharp, quien bajo la fachada de una supuesta ONG llamada Albert Einstein, con patrocinio de la CIA, son los impulsores de los nuevos golpes de estado, generalmente incruentos, denominados “blandos”.

A lo largo de cuarenta y cinco meses, MM ha ido desplegando con una impunidad digna de mejor causa, un relato tan fuera de contexto con respecto al entorno, que nos hace conjeturar que él o nosotros vivimos en algún país nórdico o escandinavo y no en éste sumido en sus endemoniadas medidas. Es así que asistimos, estupefactos, a confesiones aisladas o a dudosas y atentas conferencias de prensa donde remarca las virtudes de más de 200.000 cesantías para “favorecer el empleo”, la derogación de retenciones y la liberalización de las exportaciones e importaciones para “incitar la competitividad”, el augurio de “una inflación más baja pero recién al fin de mi período de gobierno”, la edificación de un millón de viviendas por año, tres mil jardines de infantes en el mismo lapso, hambre y pobreza cero o la defensa a ultranza de reglas de seguridad implantados por una descerebrada ministra “para ordenar la circulación y poder manifestarse sin afectar al otro”.

Cabría, a esta altura de la nota, preguntarse si en realidad lo que está diciendo es: los miles de despidos son el reaseguro que necesita mi régimen para precarizar el sistema laboral, las eliminaciones impositivas son un estricto gesto de justicia a mis aliados terratenientes, el ingreso de toneladas de estiércol importado moderará las ansias de recuperación de la industria nacional, la inflación existió siempre (yo la heredé), si incumplo con la oferta de viviendas será una más, puesto que a los pobres se los recluta con un millón de promesas y a los ricos con un millón de dólares y si el kirchnerismo toleró más de ocho mil marchas durante más de doce años sin reprimir violentamente, fue cosa de ellos.

Para llegar a instalar este tiempo de revancha y cambiarnos drásticamente el país y generar aludes de conciudadanos deprimidos, contó con la inapreciable complicidad (salvo excepciones) de perpetuos dirigentes de “boina blanca” siempre dispuestos a ser los felpudos que garantizan la limpieza del calzado de quienes ingresan (de cualquier forma, esto es votos o botas) a Balcarce 50; nóveles (o no tanto) políticos camaleónicos que, atraídos por la billetera oficialista no dudaron en ampararse bajo el calor gubernativo, una corporación periodística universal en defensa de sus propios intereses y una justicia tan pútrida, excrementicia y larvada otorgándole marco legal a sus designios faraónicos. Frente a tanta adversidad, y hasta que –Alberto y Cristina- mediante recuperemos el gobierno junto con el poder, lo que nos resta es propender a cohesionarnos quienes no fuimos sus electores con aquellos que están transitando el desencanto propio de su equívoco, aunar fuerzas y lograr, como le gusta decir “todos juntos”, aferrar una imponente lapicera y comenzar, día tras día y hasta el 10 de diciembre próximo, a escribirle el Diario Popular.-

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