El riesgo del diagnóstico economicista

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La discusión económica tiene un límite en sí misma y es que hay personas que están dispuestas a perder dinero con tal de no volver a ver nunca más en la historia argentina, al pueblo, con las patitas en la fuente. Más racional o más irracionalmente, en un punto saben que van a perder privilegios y no les importa. Le pagan a Macri, para que ponga la casa en (su forma de) orden.

“Despertate, porque vas a padecer grandes penurias económicas si con tu voto conseguís la victoria de este tipo”, les dijimos a nuestrxs compatriotas en 2015 y el macrismo le llamó ‘Campaña del Miedo’ a la sumatoria de nuestras advertencias desesperadas. Perdimos la discusión y nuestrxs compatriotas comprobaron en forma vehemente la veracidad de nuestras advertencias. “Ahora ya lo sabés; no podés hacerte el distraídx”, les decimos ahora y de forma poco reflexiva y peligrosa, nos preparamos para disputar los votos enfocadxs en advertirles que, si vuelven a votarlo, van a padecer perjuicios económicos todavía mayores.

Este eje de discusión, asume una matriz economicista para interpretar los causales populares a la hora de conceder el favor del voto: la teoría de la más sensible de las vísceras. Pero el diagnóstico economicista es un encuadre con el que ya fuimos batidos. En 2015, el pueblo argentino votó en contra de la fuerza política que lo había favorecido económicamente.

Entonces, conscientes del gran poder de daño de las políticas económicas de Cambiemos, le pusimos fecha de vencimiento a esa nueva preferencia popular. Más temprano que tarde, nuestros compatriotas se iban a estrellar contra los hechos. Pero tras recibir un perjuicio económico muy severo, nuestro pueblo repitió su voto en favor de la fuerza política que le causa penurias económicas y parece dispuesto a sopórtalo todo sin que la mentada fecha de vencimiento del macrismo, se verifique aun en los hechos.

Nuestro diagnóstico economicista, supone con mesianismo que lxs otrxs no saben lo que votan y desconoce inclinaciones de nuestra sociedad que no supimos advertir y que tenemos que salir a discutir en la arena. Ya mismo. Inclinaciones que son anteriores a la derrota en las elecciones de 2015 y que el macrismo sí leyó o en todo caso, usufructuó dichoso de nuestra omisión.

Hay una derrota anterior a la de las urnas. Esa derrota, de carácter cultural, es relativa a la discusión con nuestrxs compatriotas, sobre las formas de vida a proponer para nuestros estándares y fue una discusión a la cual no le pusimos el cuerpo y debemos retomar con urgencia, en forma paralela a la discusión económica. La sociedad argentina está atravesada por fuertes pulsiones conservadoras, no hablo ahora de conservadurismo económico o en los posicionamientos de política partidaria, sino más bien, de un conservadurismo instintivo pero bien filosófico a la hora de tomar partido en la elección de nuestras formas de vida.

Sobre estas fuerzas de la sociedad brasileña, navega también la irrupción de Bolsonaro. Ese conservadurismo es transversal a la segmentación en clases sociales. Vibra como una pulsión muy fuerte también en los sectores humildes y así nos sorprendimos por nuestra pobre perfomance electoral en bastiones del conurbano bonaerense que parecían inexpugnables, pero son pocxs (no inexistentes) lxs intelectuales nuestrxs que profundizaron en este análisis.

La década kirchnerista, produjo una amplia gama de dinámicas disruptivas, con las que muchas personas se sintieron interpeladas, amenazadas y hay andamiajes, estructuras muy íntimas de estos sectores de la población, que encuentran alivio en el macrismo. Esta pulsión conservadora es poderosa, no tiene una matriz economicista y nosotros, abandonamos mucho la discusión sobre los sentidos de esa, nuestra acción disruptiva, más allá de la propias prácticas económicas.

Propongo iconografiar el conjunto de estas fuerzas de disrupción en la vieja (querida y odiada) imagen del pueblo con las patitas en la fuente. Sólo que deberíamos agiornarnos pensando qué significa tener las patitas en la fuente en el siglo XXI. Un combo que va desde el ´negro con aire acondicionado´ hasta el matrimonio igualitario pasando por ´negrópolis´, por el revisionismo histórico y por ´La Yegua bailando en la plaza´. Fidel dando un discurso en la vía pública, hasta el holgado presupuesto a los científicos (al final de cuentas, ´intelectuales medio raritos´), los consumos culturales ya no como un bien elítico sino la entrada gratuita a un centro cultural monumental, nunca antes visto para el disfrute de nuestro pueblo y las piletas de Milagro para todos los chiquitos jujeños. En fin, lo dejo librado al análisis de cada quien, pero estoy seguro de que hay unas cuantas acciones políticas más en la lista, que son profundamente disruptivas sobre el anterior orden establecido.

Definieron un clima de época. Pero aquella imagen mítica para el peronismo y para el anti-peronismo, la del pueblo con las patitas en la fuente, para muchos argentinos es moralmente inaceptable. Nosotrxs les decimos entonces que si vuelven a votar al Gato van a perder mucha más plata (posiblemente, a perderlo todo). Pero la discusión económica tiene un límite en sí misma y es que estas personas, están dispuestas a perder dinero con tal de no volver a ver nunca más en la historia argentina, al pueblo, con las patitas en la fuente. Ya más racional ya más irracionalmente, en un punto lo saben (que van a perder dinero) y no les importa. Le pagan a Macri, para que ponga la casa en (su forma de) orden. Se sienten seguros en él y quizás hasta honestamente, no imaginan que pueda surgir algo bueno del acto de subvertirlo.

¿Debemos entonces dejar de decirles a nuestros compatriotas que si reeligen a Macri (o sustitutos) van a sufrir perjuicios económicos todavía mayores, quizás irreparables? No. Pero debemos comprender que este plano de corte de la realidad, el economicista, es tan sólo uno de los causales para explicar el voto. Y debemos salir a explicar por qué amamos, filosóficamente aquella, nuestra acción disruptiva.

Debemos salir a decir que apostamos al crecimiento de cada sujetx. Que el acceso a la cultura, en la forma de receptorx y de creadorx de la misma, es un derecho inalienable. Que a nosotros no nos asusta ver a dos chicas besándose en la calle. Que ni uno sólo de nuestros problemas tiene salida sin educación y que nadie es feliz en una fiesta en la que es le únicx que baila. Que la Argentina es un país rico y puede alimentar a 400 millones de personas incluidas y muchos otros etcéteras. Y al hacerlo, debemos enamorar.

El conjunto de estas fundamentaciones, es contenido para otros muchos textos, provoco a le lectorx a producirlos. El propósito de este texto es advertir la urgencia de ponerle el cuerpo a esta discusión porque la misma, opera tácitamente en la disputa electoral: es la causa detrás del voto incomprensible y no es claro que eso vaya a cambiar porque haya tocado fondo la relación costo-beneficio de la dinámica pérdida económica-(supuesta) ganancia moral. Advertir que no vamos a volver a tener un tiempo de primacía política, sin obtener ciertas victorias culturales sobre el pensamiento conservador. Y que vamos a ser derrotados nuevamente si vamos a las urnas, sin discutir, lo que en el voto se discute.

 

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