El sueño del pibe

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No son –de ninguna manera- estas líneas un intento de mantener vivo el perfil de el ex presidente Mauricio Macri, sino que las mismas van dirigidas a no olvidarlo, a tenerlo presente para las necesarias convocatorias a Tribunales y, por sobre todas las cosas, a pensar y repensar cada acto o acción de nuestro gobierno a fin de ocluirle los caminos que permitan su rearmado político, a él en lo personal y a su banda en lo colectivo.

“…la madre extrañada dejó el piletón”…“mamita querida, ganaré dinero…”. Magistralmente, el oriental Enrique Campos, nos narra la historia de un Pibe de la década del 40”, que no es precisamente la del Pibe que nos ocupa, ya que la señora madre del aludido, Alicia Beatriz Blanco Villegas, evidentemente jamás habrá mojado sus manos en algún piletón, porque a los quince años contraía nupcias con Franco Macri, yuxtaponiendo el linaje familiar a la inexplicable fortuna del itálico.

El Pibe, nacido en 1959 en el seno de tan acomodado hogar, ingresa al colegio Cardenal Newman, donde forjaría duraderas y jugosas amistades (por ejemplo Nicolás Caputo) que le harían, -en el futuro-, ganar “mucho dinero”, tal como reza la letra del tango. En 1981 el Grupo inicia su largo camino exprimiendo al estado, bajo votos o botas, lo mismo da, en tanto que, en 1984 El Pibe se ¿recibe? de ingeniero en la UCA e ingresa al Grupo bajo la escrutadora mirada de un padre denostador e implacable.

En 1991, en un turbio suceso, El Pibe es (auto) secuestrado y antes de ser liberado tras un desembolso millonario, traba relación con el comisario “Fino” Palacios, de siniestra actuación años más tarde. En 1994 El Pibe es procesado (y absuelto) por tráfico agravado de autopartes, iniciando de esta forma un largo camino de irregularidades para las cuales siempre contó con jueces harto comprensivos.

Al año siguiente, en elecciones poco claras desembarca en Boca Juniors imprimiendo su usual sesgo despótico, remodelando elitistamente el estadio, implantando un fideicomiso para la compra/venta de jugadores y un registro de socios VIP a los que sólo un puntaje les concede el derecho de admisión, vaciando de contenido popular a las tribunas.

En 2001 sufre sendos desaires de “Román” y “el Pelado Bianchi”, de los cuales luego, fiel a su costumbre, se tomaría la natural represalia. Dos años más tarde, funda Compromiso para el Cambio, tras cartón el PRO, entente por el cual resultaría electo diputado nacional donde comienza a desplegar otra conocida faceta: su insignificante contracción laboral, ya que en 2006 concurre poco porque “se aburre” y en 2007 no ocupa ni una sola vez su curul parlamentario.

Imprevistamente, ese año es elegido regente de la CABA siendo ratificado en 2011. A partir de dicho momento, se aboca a un desvergonzado raid de perrerías: incumple promesas de campaña, otorga obras discrecionalmente, acomoda la justicia a su modo, veta docenas de leyes, desfila impúdicamente por programas complacientes en canales vomitivos, desvía fondos de cualquier ámbito y subejecuta presupuestos con tal de cumplir “su” Sueño del Pibe: la Presidencia.

Desmantela escuelas, fusila personas en el Hospital Borda, retacea fondos a los hospitales estatales, en especial el Garrahan, hasta que, para nuestra inmensa desgracia, avalado por la Embajada Satánica de los EEUU, el cáncer moral de Argentina –Clarín y acólitos- (quienes han metastizado parte del continente), un ruin sector radical y electores impregnados de odio y/o inconsciencia, instala una tiranía democrática inédita en el país sólo similar a los regímenes militares de Jorge Videla, Augusto Pinochet, Hugo Banzer o Gregorio Álvarez en nuestra América o a Nicolás Ceausescu en Rumania, Idi Amín en Uganda o Francisco Franco en España.

Es inútil narrar sus fechorías desde el gobierno central ya que son un calco corregido y aumentado centenares de veces de lo actuado a nivel capitalino. Luego de padecer un período horroroso de cuatro años, en las postrimerías de 2019, de la mano de Alberto y Cristina, una vez más, debimos comenzar la reconstrucción de nuestra apetecida Argentina arrasada por esta lacra de la naturaleza, la cual concentró en su persona todo lo vil, abyecto y abominable posible e imposible de imaginar.

En tanto el país arrastra incontables penurias, (una deuda a cien años) esta especie de jeque árabe en decadencia, burlándose de los millones y millones de damnificados que creó, amenazando con volver en 2021, partió, -en principio- alegre y burlonamente hacia Qatar para presenciar una final futbolística y luego, en una sucesión inacabable de infamias se permite mostrarse en cuanta oportunidad pueda jovial y distendido, mas allá de vergonzantes mensajes “Al pueblo argentino”.

No son –de ninguna manera- estas líneas, cuando alguno está anhelando un médano o una montañita o saboreando el último pedacito de pan dulce, un intento de mantener vivo el perfil de este sanguinario, sino que las mismas van dirigidas a no olvidarlo, a tenerlo presente para las necesarias convocatorias a Tribunales y, por sobre todas las cosas, a pensar y repensar cada acto o acción de nuestro gobierno a fin de ocluirle los caminos que permitan su rearmado político, a él en lo personal y a su banda en lo colectivo.

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