Especuladores

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A partir de la presentación del proyecto de Presupuesto en el Congreso, se desató una andanada de especulaciones mediáticas, alimentadas por los especuladores legislativos, esos tan especiales diputados y senadores siempre proclives a los cambios de dirección en sus opiniones. Tratando de parecer lo que no son, conjeturan sobre sus futuros personales antes que sobre los del pueblo. No meditan ni reflexionan para mejorar lo elaborado, solo elucubran formas comerciales de servirse de la coyuntura de necesidades del ejecutivo, para terminar, como siempre, sirviendo a los intereses del mismo amo que los sostiene.

Especular es hacer suposiciones sobre algo que no se conoce con certeza. Presuponer es suponer algo que, aún sin indicios terminantes, sirve para desarrollar un argumento que permita desarrollar una acción determinada. De eso se trata, en definitiva, un presupuesto, en tanto herramienta política para darle visos de previsibilidad a las decisiones que se pretendan tomar en un futuro temporalmente acotado.

Por allí se mueve la actualidad gubernamental actual, necesitada de mostrar ante su alter ego financiero y nuevo “gerente general” del Banco Central (el FMI), los deberes “bien hechos” de sus gestión antinacional y pauperizante de la población. Todo, por tratar de lograr la provisión de unos cuantos miles de millones de dólares para sostener un proceso de enriquecimiento de los ya demasiado ricos, disculpado por la supuesta “necesidad” derivada de una herencia “maléfica” del “monstruo populista”.

Punto cúlmine de este procedimiento formal, es la presentación ante el Poder Legislativo del proyecto de Presupuesto. A partir de ahí, se desató una andanada de especulaciones mediáticas, alimentadas por los especuladores legislativos, esos tan especiales diputados y senadores siempre proclives a los cambios de dirección en sus opiniones. Tratando de parecer lo que no son, conjeturan sobre sus futuros personales antes que sobre los del pueblo. No meditan ni reflexionan para mejorar lo elaborado, solo elucubran formas comerciales de servirse de la coyuntura de necesidades del ejecutivo, para terminar, como siempre, sirviendo a los intereses del mismo amo que los sostiene.

No por nada, el significado de la palabra “especulador” es traficante, negociante, estafador, usurero, acaparador. Por allí circulan esas mentes preparadas para el engaño y la traición, demonizando a los que de verdad se manifiestan opositores a semejante proyecto de ley, tratando de minimizar los daños que con claridad se señalan como final seguro resultante de su aplicación.

Trafican con lo que no tiene remedio. Negocian con las vidas de sus propios votantes. Estafan moral y económicamente a la Nación que los ungió como representantes. Se convierten en defensores de la usura proveedora de fondos que nunca veremos transformados en obras o beneficios reales. Acaparan la verdad de un relato tan falso como sus dobles caras, escondiendo detrás de sus máscaras de dolores por la pobreza, la felicidad de cumplir con sus mandatos espúrios, que jamás coinciden con los votados por los eternos (y avisados) seguidores de espejitos de colores.

Estos tan especiales seres deshumanizados, elaboran teorías fantasiosas sobre salidas imposibles de esta encerrona repetida de la historia. Hablan de diálogos inexistentes, de “cambios” que nunca llegan, de gestiones que ellos (y solo ellos) están preparados para enfrentar cuando llegue la hora del recambio institucional.

La postergación es la palabra más correcta para denominar su accionar. El aplazamiento de mejores días para un futuro que ellos saben que nunca podrá llegar con sus bajezas politiqueras, los convierten en enemigos del pueblo que, crédulo eterno, cae mil veces en la trampa de batallas contra sus iguales, despreciando a quienes les preveen de sus próximas desgracias, si todo se realiza como ordenan los poderosos y sus lacayos.

Son horas trascendentes las que transcurren cuando un Presupuesto llega a los legisladores. Debieran ser tiempos de análisis profundos y datos concretos, de hipótesis derivadas de experiencias y conocimientos reales. Es el momento de sentar las bases de un giro en la degradación nacional, enfrentando con valentía a un enemigo que está destrozando el presente y anulando el futuro. Y es la etapa imprescindible en la construcción de una nueva ilusión de bases reales, que arrase con la muerte programada de nuestra República y haga justicia con los asesinos de nuestra historia. Sin especulaciones miserables.

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