Espejitos de colores “touch screen”

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El Solucionismo Tecnológico, está instalando una nueva narrativa que abreva en la lógica del emprendedor independiente, escondiendo el modelo social concentrado y el conocimiento en especialistas. El modelo de negocio es tan exitoso que genera un importante canal de divisas desde la periferia hacia el centro, además de favorecer la homogenización cultural global y estructurar el relato de Modernidad, Transparencia y Rapidez. La comodidad llevará a pagar el alto precio de la injusticia. Si el Estado Argentino se encamina a usar la Boleta Única Electrónica (BUE) en las elecciones de 2019, a pesar del rechazo parlamentario del año 2016, finalizará el voto secreto.

“El Solucionismo Tecnológico, está instalando una nueva narrativa que abreva en la lógica del emprendedor independiente, escondiendo el modelo social concentrado y el conocimiento en especialistas. El modelo de negocio es tan exitoso que genera un importante canal de divisas desde la periferia hacia el centro, además de favorecer la homogenización cultural global y estructurar el relato de Modernidad, Transparencia y Rapidez. La comodidad llevará a pagar el alto precio de la injusticia”.Evegny Morkov [1]

Si el Estado Argentino se encamina a usar la Boleta Única Electrónica (BUE) en las elecciones de 2019, a pesar del rechazo parlamentario del año 2016, finalizará el voto secreto.

Un Sistema de Voto seguro es el que garantiza la integridad y la privacidad. Lo primero se refiera a que el resultado coincida con lo que el Ciudadano eligió; lo segundo es que esta elección se secreta y no modificable.

Los peligros del voto electrónico

La experiencia del uso de BUE en elecciones Provinciales y en la CABA ha mostrado vulnerabilidades crecientes en sus componentes de hardware y software. Esta característica de la BUE no garantiza al Ciudadano confidencialidad referido a que nadie pueda averiguar contra su voluntad cómo vota y que el sujeto tenga que demostrar como votó como garantía de credibilidad.

Daniel Penazzi, doctor en Matemática e investigador en computación de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FAMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) señala un riesgo adicional del voto electrónico: “Es imposible demostrar que no hay canales ocultos de información. Aunque las máquinas no puedan registrar la identidad del votante, podrían guardar alguna otra información como el orden o la hora de votación, y con la ayuda de un puntero o un fiscal de mesa identificar a qué votante corresponde cada operación, y así poder ejercer un control sobre cómo votan. En Brasil se descubrió que las máquinas de votación guardaban el orden en el que se votaba”.

Los países que usan voto electrónico actualmente son Venezuela, Brasil, Filipinas, la India. En Brasil e India se ha demostrado que el sistema no es seguro. En Estados Unidos y Bélgica el uso es parcial. Alemania lo declaró inconstitucional en 2009; varios otros países probaron y desecharon la experiencia. Porque no se garantiza la seguridad del sufragio. A qué se refieren entonces las afirmaciones del jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, quien el mismo 22 de octubre afirmó que las boletas de papel “ya no se usan en casi ninguna parte del mundo”.

El argumento de que es más barato que el papel no es como afirman funcionarios del gobierno de Cambiemos. Para una elección nacional con BUE sería necesario instalar 96.000 máquinas, más las de repuesto, es decir 120.000 terminales inteligentes BUE. A esto se suman 20 millones de boletas termo sensibles que llevan incorporados 20 millones de chips. El contraste con la impresión en papel de diario de una boleta por elector más un porcentaje de reserva, unos 22 millones de boletas, en el caso del sistema tradicional.

Un artículo del periodista Gabriel Ziblat en el diario Perfil  calculaba que el costo de las elecciones presidenciales de Octubre 2015, imprimiendo boletas tradicionales para seis candidatos con cinco categorías cada una; ascendía a 550 millones de pesos. En contraste la implementación nacional de las BUE sin contabilizar la logística, se aproxima a 930 millones de pesos tomando como base las elecciones porteñas. Lo curioso es que en la audiencia del Senado de 2016 se les preguntó al funcionario del Ministerio de Modernización cuánto costaría implementar el voto electrónico, respondió que no sabían y que lo iban a averiguar cuando saliera la ley.

La argumentación ecológica tampoco parecería muy firme. Aunque se corten menos árboles, la BUE utiliza boletas de papel termo sensible, que resulta más difícil de reciclar que el papel común. Además los dispositivos para el uso de las BUE requieren baterías de litio de casi dos kilos por cada una de las 120.000 máquinas que se estiman necesarias y que la vida útil media es de dos años.

El argumento de la mejora previsible por el uso de este sistema es la celeridad en la mesa electoral: el conteo de votos debería ser más veloz que cuando se hace a mano, y las planillas para el conteo del escrutinio provisorio más claras y legibles. La manipulación informativa sobre el avance del escrutinio y la manipulación en la logística de carga de los votos y la celeridad que hemos conocido en las PASO de agosto de 2017 no dependen del soporte con el que se vote sino que muestras decisiones políticas sobre la transparencia y la calidad de los procesos relacionados con el tratamiento de la información.

Otra ventaja que se enuncia es para los partidos minoritarios: se evita tener que llevar boletas por todo el país o que falten en el cuarto oscuro, un tema no menor. Se terminaría con la lista sábana. Pero eso se resuelve cambiando el diseño de las boletas por una única papeleta.

Con la excusa de que la tecnología siempre mejora las cosas -algo por demás discutible- se transforma un acto que sólo requiere saber leer y contar en una caja negra. Todo ciudadano puede hacer el recuento manual y verificar los números: audita la elección. Una computadora esconde ese proceso detrás de su inteligencia expresada por un software, es decir lo transforma en un código: sólo lo entenderá quien pueda interpretar el lenguaje del software.

Sobre el voto electrónico

 

Si el gobierno de Cambiemos logra el uso nacional de la BUE, los Ciudadanos elegiremos candidatos en una pantalla de una computadora; esta computadora imprimirá una boleta especial con nuestra elección, la boleta tiene un chip que almacena el voto seleccionado por el ciudadano; luego esta boleta/chip habrá que introducirla en la urna. A las 18hs. se cierra la elección y se abre la urna para el escrutinio por mesa electoral. Terminado este escrutinio parcial, las BUE y el Parte Electoral (planilla con totales de votos por opción electoral) son enviados al centro totalizador de votos para el escrutinio provisorio y al congreso para su escrutinio definitivo.

Si surge un error, una diferencia entre lo que dice el informe de escrutinio impreso en la computadora/terminal BUE y las boletas de la urna no hay cómo resolverlo. Además no se pude saber si el software de la computadora está diciendo una cosa (el conteo es correcto), pero haciendo otra (contando votos inexistentes y enviándolos al centro de cómputos). Porque aunque hay una boleta papel, el conteo de los votos lo hace la computadora; la boleta que va a la urna sólo sirve de verificación.

La inversión económica permanente por la celeridad de cambio tecnológico e innovación, no justifica la BUE; habrá que comprar estaciones de BUE y prevenir cualquier daño a éstas; cuidar su utilidad para cada elección y gastar dinero en su actualización tecnológica y funcional. Son computadoras de fines específicos no reusables como computadoras genéricas, con lo cual al desecharlas solo aumentamos el gasto económico y la basura electrónica.

A que se refieren entonces las afirmaciones del jefe de Gabinete de Ministros Marcos Peña. Delia Ferreira doctora en derecho y titular de Transparencia Internacional cuenta que antes de la primera elección (2015) porteña con BUE, se instalaron máquinas en diversas escuelas y en la vía pública para que la gente pudiera experimentar con la nueva modalidad de sufragio. Se acercó para recibir la explicación sobre el tema. Al consultarle al personal que atendía en uno de estos sitios sobre qué pasaría si hubiera dificultades con el sistema de voto electrónico, recibió como respuesta: “Usted no tiene que preocuparse por cómo se cuentan los votos, de eso se encargan las altas esferas” [2].

El escrutinio provisorio es mejorable en su logística y en claridad de los datos que se registran en la documentación respiratoria del acto electoral. Lo otro es decir la BUE es confiar que “dios es argentino”.

[1] Evegny Morkov en Solucionismo Tecnológico.
[2] Carlos de la Vega El voto electrónico ataca de nuevo TSS USAM.

*Computador Científico – Fiscal Informático

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