Fragmentos de un discurso violento

Compartir

A más de un año de las elecciones presidenciales de 2015, todavía queda un sabor amargo en la garganta porque no nos equivocamos, y porque los vaticinios no sólo se hicieron realidad, sino que se materializan con una velocidad y perversión inesperada. Este sabor, esta sensación no se limita a un resultado, sino a la fuerza de un discurso neoliberal que con potencia nos deshumaniza y nos vuelve almas solitarias en búsqueda de una sociedad mejor.

La democracia, atravesada por los medios masivos de comunicación ha logrado que muchos aspectos de la práctica política se conviertan en práctica discursiva, incluso muchas veces en discusión semántica, dejando de lado su aspecto pragmático. Así, acusaciones contra la comunidad mapuche, los contenidos y las prácticas escolares y los mensajes en las paredes toman el centro de la escena política para atacar la figura de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, la angustia se hace más potente cuando se minimiza y se relega de la discusión ciudadana la desaparición forzada de una persona en nuestro territorio.

Así, acusaciones contra la comunidad mapuche, los contenidos y las prácticas escolares y los mensajes en las paredes toman el centro de la escena política para atacar la figura de Cristina Fernández de Kirchner.

Como señala Verón, la dimensión del poder es aquella que pone en relación a nuestro discurso-objeto (a todo discurso) con sus condiciones sociales de reconocimiento. La forma en que éstas se hacen presentes en un discurso es a través de efectos de sentido. El poder se hace presente a través de efectos de creencia. Un discurso, entonces, tendrá poder siempre que logre captar creencia y adhesiones. Siempre que hablemos de efectos estaremos hablando de la forma en que los discursos son recibidos/consumidos. Así, con la complicidad de los medios hegemónicos de comunicación, no faltarán quienes crean en la posibilidad de diálogo y consenso planteada por Mauricio Macri mientras que lo que se pone en juego es la ejecución del brazo represor de un estado cada vez más alejado del pueblo y cada vez más violento para disciplinar, ocultar y anular el padecimiento de una sociedad.

Así el Gobierno actual y sus representantes hablan de armonía, consenso, diálogo en un mundo basado en la justicia, a pesar de las perversiones de un sistema que se empeña en excluir y de eliminar cualquier tipo de bienestar inclusivo, priorizando las relaciones con aquellos que siempre buscaron nuestro sometimiento, mientras muchos periodistas dedican editoriales y programas de televisión para demonizar una etapa Argentina, que al menos en mis treinta y cuatro años fue la más digna de vivir.

No sé cómo quedarán esos emisarios mediáticos en un futuro, cómo mirarán a sus familiares y amigos, aunque estoy seguro que lo harán con el pecho inflado, porque su “objetividad” responde a su clase social, sin embargo, y a pesar de ese poder arrollador estoy en paz, porque seguramente olvidan que los que andamos de a pie, somos muchos más.

Mandá tu nota

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones