Hijos de la meritocracia

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Estudiaron en universidades privadas, aprendieron que la educación es un privilegio que prima sobre el derecho. Son hijos de antiguos, siempre vigentes opresores, coherentes con su historia y su ideología. Fueron educados para convertirse en una réplica casi exacta, quizás superadora porque además de dinero, ahora están del otro lado del mostrador. Emparentado a la Patria con una empresa a la que también pueden administrar “productivamente”. Como si desconociéramos que sus riquezas huelen a estafa. Como si pudiéramos olvidar que cuando estaban de este lado del mostrador, también saquearon al Estado con la ayuda de funcionarios serviles al poder económico, que traicionaron al pueblo.

Estudiaron, se formaron, se graduaron en la UCA y otras universidades privadas. Aprendieron que la educación es un privilegio que prima sobre el derecho, que “ser alguien en la vida” no tiene valor, tiene un precio.

Macri elige como Ministro de Educación de la Nación a un Magíster en Administración de empresas. Porque la educación es una mercancía, no es un derecho. Por eso, el Estado no debe procurarlo, debe “administrar” el gasto público que genera. Porque la educación no es una inversión para los pueblos, es un costo más que debe “regularse”.

Poco tiempo atrás, cuando los niños se quedaron sin vacantes para ingresar en las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires, Esteban Bullrich implementó las aulas contenedores. Porque la educación pública es un costo que hay que reducir, incluso a costa del piberío.

Hoy despiden a 3000 empleados del Ministerio de Educación y cierran los programas de formación docente ofrecidos por el Estado. Porque un pueblo, que se forma y que se educa, siempre es un escollo, una amenaza inminente.

Hoy también reprimen a los trabajadores. Cercan con vallas y fuerzas policiales el Ministerio. Porque los opresores suponen que todo les pertenece, que todo les es propio.

Porque como diría Paulo Freire “para los opresores, la persona humana son sólo ellos, los otros son “objetos, cosas”. Para ellos, solamente hay un derecho, su derecho a vivir en paz, frente al derecho de sobrevivir que tal vez ni siquiera reconocen, sino solamente le admiten a los oprimidos…”

Son hijos de la meritocracia. Son hijos de antiguos, siempre vigentes opresores. Son absolutamente coherentes con su historia y su ideología.

Fueron educados para convertirse en una réplica casi exacta, quizás superadora porque además de dinero, ahora están del otro lado del mostrador. Jactándose de sus dotes empresariales y exitosos negocios. Emparentado a la Patria con una empresa a la que también pueden administrar “productivamente”. Como si desconociéramos que sus riquezas huelen a estafa. Como si pudiéramos olvidar que cuando estaban de este lado del mostrador, también saquearon al Estado con la ayuda de funcionarios serviles al poder económico, que traicionaron al pueblo.

No están aprendiendo sobre la marcha. Vinieron a hacer lo que habían planeado hacer aunque dijeron y prometieron todo lo contrario. Vinieron a vaciar el Estado, a quitar derechos porque no están dispuestos a perder privilegios.

Vinieron a devastar la educación pública porque la desprecian. Pero, sobre todo, porque desprecian a quienes han conquistado una profesión, un trabajo, un sueño gracias a la Universidad Pública y gratuita.

Pero sabés qué es lo peor? Que el desguace de la educación pública recién comienza. Pero por fortuna, la lucha también…

“La verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido” en palabras de Paulo Freire. Esa es nuestra victoria pendiente, ese es nuestro desafío permanente. Porque de no ser porque los opresores cuentan con oprimidos en sus filas, hoy no estarían dirigiendo el destino de nuestra Patria.

Debemos resistir, luchar y generar conciencia colectiva para conquistar una Patria en la que nos aloje a todos. Porque la educación es nuestra mayor aliada para procurar igualdad e inclusión. Porque ese es nuestro sueño, nuestro desvelo. Porque la educación tiene valor, nunca precio…

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