La batalla judicial

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La semana pasada fue la causa de los aportantes truchos de Cambiemos, unos días atrás, la de los cuadernos de la corrupción de la obra pública durante el Gobierno K. Así estamos, en una gran dicotomía, donde vale más tirarse causas judiciales para debilitar o fortalecer al adversario político. Una incesante batalla judicial donde vuelan denuncias y carpetazos por todos lados. La batalla es entre políticos y la arena, los palacios del poder judicial. Las víctimas, 40 millones de almas confundidas ¿Hasta cuándo? Hasta que nos demos cuenta que la realidad está en las góndolas, las tarifas, el mendigo de la esquina que pide a gritos una moneda para comer, en los pibes que van a los comedores por un plato de comida y no en el zafarrancho de tribunales.

Hace años, y te diría muchos, me siento en una dicotomía constante. Me falta información. Me faltan definiciones. Googleo, intento informarme. Me pregunto entonces ¿Dónde? Y creo que ahí empieza la raíz de mis problemas.

Hace años opté por no tomar partido de las fuentes periodísticas que leo. Llego al trabajo, preparo unos mates y automáticamente abro tres pestañas en mi navegador. Gmail, Clarín y Página 12. La primera, con motivos puramente laborales. Las otras dos, por la mera inocencia de entender un poco que pasa alrededor de nuestro pequeño mundillo. Este ejercicio, hace tiempo que me hace mal. Y creo que al igual que a mí, a muchos nos faltan definiciones. Nos faltan fuentes claras de información. “Periodismo independiente” como le dicen algunos. Como si ese concepto remotamente existiese.

Creo que es impensado hoy en día estar en contra de la “libertad de expresión”. Casi casi te diría que cuestionar este concepto es de nivel dictatorial. Nadie se preguntó acaso cuánto daño hace a la república aquellos que esgriman la libertad de expresión para dar información sin ser corroborada correctamente?

Programas y programas de “debate” con periodistas que se rasgan las vestiduras en pos de la libertad de expresarse libremente pero con una falta absoluta de ética y moral. Y digo “debate” con comillas, porque la representatividad de las partes siempre es dudosa. El doble estándar para hablar de ciertos temas es moneda corriente. El trato preferencial respecto a algunos invitados y otros. La falta de tolerancia a la hora de opinar diferente. Los miro y pienso: “se están tirando con de todo”, incluida la República. Me parece patético, paupérrimo, de cuarta.

Algunos le llaman “la grieta”. Me rehuso a esa terminología de fachada. Me gusta más “dicotomía”. Una pulseada constante de ver quien tiene la razón. Vuelan por los aires números y estadísticas interpretadas a gusto del orador de turno. Déjame decirte que estoy plenamente a favor de las libertades individuales, incluida la libertad de expresarse. Pero ya perdí mi fe en quienes dicen ejercerla.

Antes de ayer vi la causa de los aportantes truchos de Cambiemos, ayer la de los cuadernos de la corrupción de la obra pública durante el Gobierno K. Hoy una explosión en una escuela de Moreno que se cobró dos vidas inocentes. Y así estamos, en una gran dicotomía, donde vale más tirarse causas judiciales para debilitar o fortalecer más o menos a un partido político. Una incesante batalla judicial donde vuelan denuncias y carpetazos por todos lados. La batalla es entre políticos y la arena, los palacios del poder judicial. Las víctimas, 40 millones de almas confundidas. Así, no hay Republica que resista.

Bonadio, el Inquisidor

Hasta cuándo? Hasta que nos re pensemos y nos reconstruyamos. Hasta cuándo? Hasta que nos demos cuenta que la realidad está en las góndolas, las tarifas, el mendigo de la esquina que pide a gritos una moneda para comer, en los pibes que van a los comedores por un plato de comida y no en el zafarrancho de tribunales. Hasta cuándo? Hasta que la clase media aspiracional deje de mirar con miedo y asco a la clase baja pero con idolatría a las clases altas. Hasta cuándo? Hasta que miremos un poco el horizonte que nos rodea y tengamos empatía por el de al lado. Hasta cuándo? Hasta que explote todo y nos demos cuenta que la salida es la unidad y no el aeropuerto de Ezeiza. Hasta que todos miremos el mismo horizonte. Utópico? Bastante, pero lo sigo eligiendo sin dudarlo. Inocente? Tal vez, pero subordinado jamás.

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