La conjura de los necios

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Increíblemente todavía existe un núcleo fuerte, preciso y duro de gente que votó en 2015 y 2017 con el convencimiento de que era necesario el “Cambio” proclamado por los medios, y ahora el país está en colapso total aún para aquellos perseverantes votantes. Gente que reconoce que está peor que en 2015, que reconoce no estar en tema sobre la cuestión política y que empieza a advertir que el “cuco” derrotado en 2015 puede retornar.

Hace tres años, recuerdo haber escrito una nota con el mismo título. Humildemente, sin grandes estertores, como mero observador de la realidad de entonces, traté de describir la tremenda sinrazón que planteaba el panorama político. Hace sólo tres años y parece un siglo.

Mucha gente, en aquel momento, se bañaba en las aguas de la “moralina” que inundaba patios, zaguanes, cafeterías, o aquellos lugares donde alguien estuviera leyendo el diario Clarín o mirando TN y consecuentemente se imbuían de la “realidad” que les plantaban los Medios.

Aquellos hombres y mujeres, pertenecientes a la clase media, profesionales o miembros del sector fabril, con total ignorancia de lo que significa el tratamiento de la “cosa pública”, acataron el mensaje de los “Medios Concentrados” y decidieron un “Cambio”. Jamás supieron explicar de qué se trataba, pero lo adoptaron como sinónimo de regeneramiento social.

Claro. Usted se preguntará. ¿Cómo puede ser?. ¿Sólo se dejaron llevar por el mensaje de los medios? ¿Ese grupo de gente no tiene opinión propia? La verdad, a mi modo de ver, es que existe una doble lectura de esa situación.

La presión mediática fue muy fuerte como para imponer su impronta sobre la sociedad civil más vulnerable ideológicamente. Pero la otra lectura es que invariablemente existe una postura individualista e insolidaria en amplios sectores de nuestra gente.

El votante común, el hombre y la mujer de la calle, vota. Nada más. Esa es la única exigencia de la “Democracia Burguesa”. Pero deberíamos decir que en verdad, para que una democracia se transforme en eficiente y representativa, la participación del electorado debería ser más palpable.

Con el voto simple y lavado de un amplio número de personas que emiten el sufragio sin otro conocimiento que la identificación de la ranura de la urna no alcanza. Porque si el votante es un ignorante político y así se califica a sí mismo, es también necesariamente propenso a adoptar y creer a pie juntillas todo lo que los Medios Concentrados opinan. Acto seguido, como lo afirmado sale por la TV se considera prueba de veracidad.

Pero además, esa porción del electorado cree fervientemente en su propia capacidad para salir adelante y ganarse la vida con su propio esfuerzo, sin ayuda del Estado. Y condena a quienes necesitan del salvataje estatal para subsistir. Cuántas veces hemos escuchado el viejo apotegma que dice: “no le regales el pescado, dale la caña y enseñale a pescar”.

Primero confunden al concepto de Estado con el de Gobierno. Cuando aclaran sin ayuda estatal quieren decir sin solvento gubernamental. El Estado debe configurar políticas para todos los sectores sociales y los gobiernos deben llevarlas adelante, negarlas o modificarlas.

No pienso escribir sobre este punto, porque es una diferencia pedestre que quienes la ignoran deberán investigar oportunamente y luego votar bien.

Lo que sí quiero dejar en claro es que visualicemos la problemática que se presentará en la próxima votación. Porque existe un núcleo fuerte, preciso y duro de gente que votó en 2015 y 2017 con el convencimiento de que había que fortalecer ese “Cambio” proclamado por los Medios, y ahora el país está en colapso total aún para aquellos perseverantes votantes. Gente que reconoce que está peor que en 2015, que votó el “Cambio” como le pareció su “leal saber y entender”, que reconoce no estar en tema sobre la cuestión política y que empieza a advertir que el “cuco” derrotado en 2015 puede retornar.

Esta gente que ignora los conceptos: Estado, Nación, Política, Sociedad, Solidaridad, Participación y que es como usted y como yo, que vota y su voto vale uno como el nuestro, que trabaja y su sueldo no alcanza como a nosotros, que quiere ser feliz, tener trabajo, seguridad y bienestar, le quedan sólo dos caminos.

O abandona la postura necia y reconoce su error, aprende que el Neoliberalismo es una troupe de gerentes que hacen negocios para ellos mismos y los erradica del Poder de gobierno, o sin proponérselo le da la razón al general Perón, acepta que el órgano más sensible del Ser Humano es el bolsillo y vota en consecuencia.

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