La dictadura perfecta

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En poco más de un año y medio, el Grupo Clarín ha expandido sus tentáculos al punto de convertir en agobiante la comunicación del futuro. Y esto no es chiste: en breve nuestros bolsillos estarán a merced de las angurrias de sus directivos y nuestras vidas bailarán al ritmo de sus patrañas. La tan cacareada pluralidad de voces está en peligro con una empresa comunicacional de semejante tamaño. El derecho a la información es pisoteado cuando la mentira se presenta como noticia y se forma opinión pública en base a ella. La democracia se debilita cuando las decisiones se toman en la sala de redacción de un diario. Como en la película del mexicano Luis Estrada, “La dictadura perfecta”, que muestra el poder de un canal para convertir a un corrupto y mafioso gobernador en un adorable presidente.

Pocos argentinos pondrían en dudas quién es el presidente. Casi nadie en la calle pronunciaría otro nombre más que el de Mauricio Macri. Lo ponderarán o cuestionarán, pondrán flores ante su retrato o arrojarán dardos, pero sin dejar de reconocer que es el único legitimado por el voto para calzar la banda presidencial. Para bien o para mal, un hecho indiscutible: Macri gobierna.

Sin embargo, sus decisiones responden a un plan que no es propio. Quizá, en parte sí, pero no en su totalidad. Si bien sus empresas y las que ligan a muchos de sus funcionarios se han beneficiado con casi todas las medidas del Gran Equipo, el gran ganador ni aparece por La Rosada SA. En poco más de un año y medio, el Grupo Clarín ha expandido sus tentáculos al punto de convertir en agobiante la comunicación del futuro. Y esto no es chiste: en breve nuestros bolsillos estarán a merced de las angurrias de sus directivos y nuestras vidas bailarán al ritmo de sus patrañas. No sólo nosotros seremos sus víctimas, sino también Macri y cualquiera que pongamos en ese cargo.

Hoy parecen gobernar los que nunca votaríamos. No por contar o no con nuestras preferencias sino porque no necesitan presentarse a elecciones para hacer realidad el país que anhelan. Sus titulares se convierten en decretos, leyes o sentencias. Desde sus notas de opinión inspiran a los funcionarios. Con sus denuncias rimbombantes condicionan la voluntad popular. Si no son los archivos será la imaginación de sus escribas los que amenacen a los representantes, fiscales y jueces que intenten ponerse en su camino. Los funcionarios no importan porque fueron elegidos desde el sillón donde Héctor Magneto acomoda su perversa humanidad día tras día. Cualquier otro sitio sería un puesto menor, como dicen que le contestó a Menem.

A pedido de Clarín, Macri sacrificó la esencia antimonopólica de la Ley de SCA, le regaló la administración del  ARSAT, autorizó su salto a la telefonía móvil, operó para devolverle el fútbol y quizá se desentienda de su desembarco en la telefonía fija. Como resultado de tantas concesiones, más de la mitad de la población se convertirá en cliente.

Por la presidencia que le ayudó a conquistar, Macri está obligado a ser agradecido, aunque eso signifique servir sin chistar los manjares que apetezca. El poder del Ingeniero está sostenido por esa antidemocrática alianza. Mientras la gestión facilite sus negocios, el romance mediático transitará por un armónico sendero pleno de escuderos y apologistas. En cuanto aparezca un “¿no es mucho?”, las tapas comenzarán a socavar tanta armonía.

A pedido de Clarín, Macri sacrificó la esencia antimonopólica de la Ley de SCA, le regaló la administración del tan denostado ARSAT, autorizó su salto a la telefonía móvil, operó para devolverle el fútbol y quizá se desentienda de su desembarco en la telefonía fija. Como resultado de tantas concesiones, más de la mitad de la población se convertirá en cliente. Con semejante potencia comunicacional y tamaña prepotencia simbólica, la democracia que tanto costó construir corre peligro de extinción.

Hacia el despertar de los cautivos

Desde que tomó las riendas del diario a fines de los sesenta, Magneto quiso conquistar mucho más. Con la apropiación de Papel Prensa –en complicidad con la dictadura y delitos de Lesa Humanidad de por medio-, Clarín logró domesticar a los diarios del país y con la ventaja de un mejor precio, se posicionó como el Gran Diario Argentino. En los noventa, legalizó la titularidad de Radio Mitre y obtuvo casi gratis Canal 13. Desde la TV por cable inventó el fútbol televisado y cuando lo convirtió en hábito, eliminó, debilitó o absorbió a sus competidores para captar más abonados. Finalmente, hizo de un deporte popular un espectáculo de lujo saturado de codificaciones. El Fútbol Para Todos interrumpió sus negocios y ahí se puede explicar parte de la inquina hacia el gobierno de CFK. Macri llegó para normalizar el país: “si querés ver fútbol gratis, viajá a Cuba”, escupió una vez un periodista deportivo cercano al PRO.

Pero no se conforma con eso: necesita una venganza, aunque para ello deba poblar las cárceles de kirchneristas y cualquiera que se aproxime a ese ideario. Mientras el desempleo crece, el poder adquisitivo se derrumba y la pobreza se torna alarmante, sus usinas de estiércol no paran de estigmatizar y prometer. Mientras los precios, los servicios y el dólar se persiguen por una espiral inflacionaria, sus peones y alfiles sacan de las galeras denuncias desechadas hace tiempo para convertirlas en noticias estridentes. Mientras la alegría de esta revolución se escapa como arena entre los dedos, no cesa de poner caras a los prejuicios de su público cautivo para que nunca más el modelo que nos sacó del pantano vuelva a poner en peligro el poderío de su emporio.

Sin pudor, oculta este presente nefasto con el pasado que inventa y minimiza las barbaridades verbales del empresidente Macri y sus secuaces. Hasta las más flagrantes mentiras le perdona, como ésa de que “en diciembre de 2015 teníamos reservas negativas”. Una patraña que sólo un incauto puede tomar como seria. Y convierte en frases célebres sus más pueriles y fanáticas moralejas, como lo de “la mafia de los juicios laborales que destruye puestos de trabajo”. Por último, acompaña sus hipócritas y desvergonzados lamentos sobre el deterioro de la vida de los argentinos, cuando ya sabemos que es el paso necesario para obligar a los trabajadores a que acepten las peores condiciones.

Sabedor de que sus colonizados televidentes confían en la realidad que construye y jamás espían canales que la contradigan, esconde como puede las consecuencias del cambio. Si ya es muy caro viajar en verano, en Clarín publican una doble página sobre los más maravillosos rincones de la ciudad. Si el precio del transporte público ya no está al alcance de todos, ponen en tapa investigaciones amañadas sobre lo saludable que es caminar o trasladarse en bicicleta. Si el asado de los domingos se ha convertido en una utopía, difunden recetas vegetarianas y si las verduras trepan al cielo, enseñan a reconocer entre los yuyos del baldío alguna hierba comestible. Y desde el diario, gracias a su cadena de medios y sus acólitos, estas obvias manipulaciones se convierten en ideas prácticas para sobrevivir a esta hecatombe que es tan funcional a sus negocios.

La tan cacareada pluralidad de voces está en peligro con una empresa comunicacional de semejante tamaño. El derecho a la información es pisoteado cuando la mentira se presenta como noticia y se forma opinión pública en base a ella. La democracia se debilita cuando las decisiones se toman en la sala de redacción de un diario. Como en la película del mexicano Luis Estrada, “La dictadura perfecta”, que muestra el poder de un canal para convertir a un corrupto y mafioso gobernador en un adorable presidente.

Ni las leyes pueden contener su poder de daño, como la historia puede demostrar; ni la Justicia osa condenar sus crímenes, como el sobreseimiento en la causa Papel Prensa. Sólo en el despertar de los cautivos puede haber esperanzas o al menos de algunos. Si no, en breve, estaremos como ese pueblo de Córdoba, la provincia que regaló el triunfo a Macri-Clarín, que está a punto de ser demolido.

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