La necesidad de ser mejores

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Somos parte de los castigados durante los últimos cuatro años, pero ahora somos parte de una ilusión que se pone en marcha, y que nos obliga a ser mejores, que nos da fuerza para ponernos de pie, y empezar a caminar otra vez, con la frente en alto.

El pibe tiene los ojos húmedos y se acerca para contarme. Me quiere contar lo que le pasa porque es mi amigo o porque en la foto me vio hacer la V con los dedos de la mano derecha, aunque no importa demasiado por qué se acercó y por qué quiere contarme. Desde el 10 de diciembre hay necesidad de compartir lo que nos pasa y por eso el pibe se acerca con los ojos húmedos y me dice que me tiene que contar lo que pasó, lo que pasa ahora, después de 4 años de Macri.

El pibe arranca con lo que le pasa a él, me dice que está triste, por el laburo, porque la guita no alcanza y porque (para coronar el cuadro) se separó. Entonces me dice que está triste y que no quiso discusiones y que volvió a la casa de su mamá, la de su infancia, me dice que volvió al barrio. Me cuenta que el barrio es el mismo pero que cambió la cara, me dice que le hizo bien volver a sus orígenes pero también reflexiona que es en los barrios postergados donde la crueldad de las políticas se ve al toque, y el barrio de las 250 viviendas de General Roca, así lo muestra.

Hasta ahí lo escucho como muchas de las catarsis de estos tiempos, sin embargo en su relato aparece un tipo. El tipo es un personaje del barrio. El tipo atrás de su espalda tiene una historia que carga trabajos de sol a sol, los surcos que dejan las arrugas del tiempo y de las condiciones de cada tiempo con la jubilación mínima. El tipo toma, muchas veces de más, posiblemente para enfrentar lo que le toca. Pero el tipo que toma es querido, y cuando el pibe entra a la despensa, está acodado en el mostrador con una lata de cerveza abierta. Entonces el tipo lo mira al pibe y le dice que hace mucho que no le veía, que cómo anda, que siempre le pregunta a su mamá. El pibe tiene los ojos rojos de llorar y entró para comprar unas cervezas porque la soledad es difícil de aguantar, pero ahí está el tipo que se preocupa por él, una preocupación genuina. Por eso el pibe compra una cerveza de más para el tipo, porque el pibe ve una mirada sin filtros, entonces el pibe devuelve el saludo y las preguntas de rigor, que gracias, que cómo anda, que está lindo para tomar algo. Y es ese diálogo el que el pibe quería contarme.

¿Sabés lo que me dijo? Me interroga el pibe. Yo le digo que ni idea y seguramente se me dibujó una sonrisa nerviosa. Me dijo que volvimos, que todo va a mejorar, que valió la pena resistir, y que le van a aumentar la jubilación y que gracias a eso, este año va a comprar un cordero para compartir con la familia. Al tipo se le quiebra la voz, y al pibe se le hace un nudo en la garganta cuando lo escuchó al tipo y cuando ahora me lo cuenta a mí porque me vio hacer la V con los dedos de la mano derecha.

Después del relato, entre el pibe y mi presencia hay un silencio, un silencio profundo. El silencio se rompe cuando el pibe con lágrimas en los ojos me dice que no puede ser, que el tipo laburó toda su vida y que sigue laburando y que después de 4 años cuando cobra unos mangos piensa en poner un cordero en la mesa de su familia. No sabemos qué había arriba de la mesa en los otros años, pero ahora, con el aumento el tipo piensa en un cordero y en la cara de alegría de su familia, y por eso ahora también las lágrimas salen de mis ojos, porque hay un dolor silencioso de cuatro años que muchos no escucharon, por eso abrazo al pibe que en un susurro entrecortado me dice que volvimos, que es necesario ser mejores y confía, que confía porque el tipo y su familia y el pueblo argentino, merecen después de cuatro años volver a ser felices, a sacar a relucir ese amor que estuvo contenido, y que con el tiempo como imaginábamos, volvió a vencer al odio.

El pibe, el tipo y yo, somos una porción mínima de una ilusión que se pone en marcha, y que nos obliga a ser mejores, que nos da fuerza para ponernos de pie, y empezar a caminar otra vez, con la frente en alto.

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