La obsesión por Axel

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No se rinden los mafiosos mediáticos. Acumulan horas de desprecios y malversaciones, de odios y rencores. Es que saben con quien se enfrentan, conocen de su intelecto y la calidad humana que lo complementa. Intuyen las perspectivas de crecimiento de esta figura distinta y renovadora, presagian que su inserción en los corazones populares es más fuerte que las de otros de su misma ideología, y necesitan “eliminarlo” del futuro, acabar con su perspectiva de gigante de la historia, aplastar sus planes de desarrollo, sacarlo del camino del progreso de sus ideas entre el Pueblo que supo elegirlo.

La palabra obsesión deriva del término del latín “obssesio”, que significa asedio. De eso se trata, justamente, el accionar maníaco del Poder Real y sus medios hegemónicos sobre la figura del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. La animadversión demostrada en cada palabra, en cada gesto, en cada maniobra que realizan, está construida en base a la caracterización negativa que hacen de este emergente político de relevancia, que ha venido a sacudir la modorra de esa actividad esencial de la sociedad, con sus modos diferentes, sus expresiones derivadas de la comprensión de la realidad sin el cedazo de la hipocresía que caracteriza a la mayoría de sus actores.

No hay casualidad alguna en esto. La impronta transparente y cargada de conocimiento real de quien ya puede calificarse, sin temor a equivocarse, como un auténtico estadista, es profundamente contraria a lo que ellos necesitan de los gobernantes, quienes según sus miserables criterios, deben mostrarse siempre sumisos ante sus poderíos y sus observaciones que, más que eso, son órdenes que debieran cumplir para satisfacer lo requerido para mantener el status quo que les otorga todos sus privilegios.

Axel, más que un simple gobernante, es un verdadero emergente de la sociedad, una necesidad nacida al calor de la comprensión de los ciudadanos de que la política no es ese hecho virtual que muestran los medios, sino una acción derivada del honesto aprendizaje que este activo personaje hizo y hace mezclado con su Pueblo, formando parte de él, entendiendo sus demandas y actuando en función de ellas y no de las que le intentan imponer desde esos obsesos integrantes de la oligarquía y sus maniáticos seguidores.

No son idiotas estos mafiosos perseguidores de Kicillof. No forman parte de un sencillo grupo de fanatizados anti-K, como suelen autodenominarse los integrantes de esas osbcenas manifestaciones de vejestorios mentales cuyas capacidades cognitivas son menores a las de un chimpancé. No, estos integrantes del Poder Real saben a quién, cómo y para qué perseguir. Poseen capacidades financieras inacabables y respaldos imperiales que les proveen de la parafernalia imprescindible para tratar de “torcerle el brazo” al gobernador de sus pesadillas o, al menos, para acotar las posibilidades de cumplimiento de sus objetivos de auténtica justicia social.

La realidad paralela que construyen cada día a través de sus titulares, tratando de hacer creer lo opuesto a lo verificable con la simple mirada de los sucesos y demostrado con las explicaciones simples del propio objeto de sus odios, resulta insuficiente para acabar con este prodigio de la transparencia política, que desnuda con sus palabras las falsificaciones emitidas desde esos oscuros paladines de la comunicación tergiversada.

Pero no se rinden los mafiosos mediáticos, ni permiten un minuto de paz a las conciencias de los receptores de sus mensajes embrollados. Acumulan horas de desprecios y malversaciones, de odios y rencores sobre quien no lo promueve jamás, de enconos sin sostenimiento en verdad alguna. Es que saben con quien se enfrentan, conocen de su intelecto y la calidad humana que lo complementa. Intuyen las perspectivas de crecimiento de esta figura distinta y renovadora, presagian que su inserción en los corazones populares es más fuerte que las de otros de su misma ideología, y necesitan “eliminarlo” del futuro, acabar con su perspectiva de gigante de la historia, aplastar sus planes de desarrollo, sacarlo del camino del progreso de sus ideas entre el Pueblo que supo elegirlo.

Golpe tras golpe, no cejan en sus empeños destructivos de la verdad, asestándolos sobre quien más claro muestra la dirección de la salida al drama económico, financiero y social que ellos ayudaron a instalar en toda la Nación. Precisan acabarlo antes que empieze a gobernar, antes que reúna la fuerza que, inexorablemente, le traerán sus actos de nobleza política y la ética aplicada como nunca en la relación con los gobernados. Buscan esmerilar esa relación que supo construir con la sencilla fórmula de decir lo que piensa y hacer lo que dice.

Ahora es cuando se debe demostrar capacidad de análisis y de argumentación por parte de quienes se dicen defensores de las históricas verdades que nunca murieron, de las banderas que jamás se arriaron, del recuerdo ejercitado en la acción de las luchas que construyeron la salida del mugroso “túnel” en el que nos sumergieron los malditos de siempre y las obnubilaciones de sus espejitos de colores. Ahora es la hora de defender a rajatabla al pequeño gran hombre que se asoma a la historia grande de nuestra Patria, aplastando a sus feroces y obsesivos enemigos que son, inequívocamente, también los nuestros.

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