La política y otras giladas

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Muchas personas que creen que la política es una gilada no piensan realmente así, generalmente quieren un Estado que los cuide y los proteja. Pero venimos de años de dictadura y neoliberalismo que despolitizó de manera feroz y en ocasiones todavía hablar de política resulta una mala palabra. Una compañera dice “todo es política” y hace referencia a la fuerte impronta de ideología en nuestro día a día. Las giladas son los disfraces que le ponen a la política para volverla inaccesible y fruto de todos los males.

Hace como un mes que no le alcanza la plata para pagar todas sus deudas, de hecho casi siempre solo llega a cubrir la mitad. Trabaja en negro sin ningún tipo de beneficio de obra social, ni hablemos de aportes previsionales. Sin embargo pese a la precariedad de su situación todavía repite la frase “igual tengo que ir a trabajar mañana”.

Camina rumbo a su casa, la intentan asaltar, le pegan y le piden el celular. Se resiste y logra por suerte sobrevivir a la vorágine del momento “la inseguridad de este país es inaguantable”. Y entonces es más que obvio que al escuchar que los militares van a salir a la calle a cuidar nuestra seguridad la tranquiliza, no imagina-muchas veces porque se desconoce-lo que ello simbólicamente significa.

Por mi parte desde hace unos días he comenzado a escuchar minuciosamente esas conversaciones que parecen temas de doña Rosa y que no lo son tanto, es más bien el sentido común del argentino promedio.

Cuando me toca por ejemplo hablar con gente que descree totalmente de la política siempre intento comentarle al pasar solo algunos logros de esos quilombos en las calles, que en realidad puede lograr más que la nada detrás de la televisión o de las redes sociales.

Imaginen que en la primera de las historias se encuentra un claro caso de paritarias que no son libres. Por empezar si el empleado está en negro ya hablamos de una precarización importante. Negociar un salario hoy, con muchos despedidos, no es lo mismo que hacerlo con condiciones dignas y con miras para el empleador de que la economía va a ir creciendo.

¿Y la gente que pide mano dura? ¿Es descabellado? No, no lo es. De hecho si hacemos una encuestita provisoria sabremos que más de un conocido fue víctima de una situación delictiva, y en algunos casos fueron demasiado violentos.

Pienso que acá nadie discute que se necesita una reforma fuerte en materia de seguridad, pero descreo totalmente que una medida inconstitucional como los militares en la calle sea la solución, correr el eje de la desigualdad social a la que asistimos y sumarle la mano dura no soluciona nada, sólo confirma nuestra incapacidad para dar soluciones, valga la redundancia. No soy experta en seguridad, está más que claro, pero el aumento exponencial de los robos habla de una carencia tanto en la contención familiar como la falta de satisfacción en las necesidades básicas.

Por otro lado, sacar a las FFAA a la calle es una provocación para los organismos de DDHH que han bregado desde la vuelta de la democracia hasta nuestros días para que la Memoria, la Verdad y la Justicia no sean meras expresiones sino una constante lucha, que por suerte se ha ido instalando fuertemente en la juventud. Chicanear desde ese punto es cobarde, pero atienden muy bien desde Cambiemos el sentido común del ciudadano de a pie.

La realidad es que muchos de nosotros, que asumimos el rol de ser militantes desde el lugar que nos toca vivimos-no quiero pecar de totalizadora por eso hablo desde la mirada que he ido construyendo-, en un microclima que no nos deja ver más allá. Lo que nosotros vemos y percibimos creemos que los demás también lo notan, y si no es así es porque el otro es un gorila o bien un oligarca de monoambiente. Entiendo la bronca que nos da muchas veces al ver a los arrepentidos, que muchas veces desde la ignorancia acompañaron a Cambiemos. Algunos movidos desde el odio que sentían por Cristina, y otros claro porque esta expresión nueva los representaban. Pero no podemos bajo ningún punto dejar de intentar convencer a los demás.

Habrá que pensar que muchas de esas personas que creen que la política es una gilada no es que piensan realmente así, generalmente quieren un Estado que los cuide y los proteja. Pero venimos de años de dictadura y neoliberalismo que despolitizó de manera feroz y en ocasiones todavía hablar de política resulta una mala palabra. Una compañera dice “todo es política” y hace referencia a la fuerte impronta de ideología en nuestro día a día. No está mal pienso, hay que discutir más los límites y sobre todo las injusticias.

Alguien me dijo el otro día ¿no pensaste que a lo mejor las personas no están interesadas en las ideas que ustedes representan? A lo que conteste: no creo que nadie esté en contra de que todos tengan acceso a la educación, que exista una industria nacional pujante, y que el Estado esté al lado tuyo cuidándote y brindando alternativas para que tu desarrollo sea su ganancia.

Yo creo que las giladas son los disfraces que le ponen a la política para volverla inaccesible y fruto de todos los males.

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