Las flores del mal

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La experiencia de la mentira deja encerrado un dolor más, único e imperecedero. Porque aunque rebelemos la verdad del mentiroso, jamás podremos volverle a creer a quien se burló de nosotros. Porque la mentira es una burla, es prometer lo que se sabe irrealizable ocultando un interés inconfesable. Este es el fruto del mal que nos dejó “Cambiemos” como recuerdo y mensaje. Es el fruto de un ramillete de flores multicolores que al desprenderse se revelaron podridas, inservibles.

No debe existir dolor más grande que la mentira.
A todo se acostumbra el cristiano. Y si no es cristiano también.
Al dolor, a la muerte, al fracaso, al odio, al rencor.

De cada experiencia salimos adelante. Después de la asimilación del dolor, de la aceptación de la realidad, de la adecuación a las nuevas variables, en fin. Después de sufrir y acostumbrar el cuerpo al golpe, uno se readapta, se repara, se restablece. Es más, uno vuelve a creer, a confiar en sí mismo y en los demás, vuelve a enamorarse, a empezar de nuevo.

Pero si la experiencia vivida tiene que ver con la mentira y el ocultamiento. Si lo que nos ha pasado está ligado a promesas y aseveraciones que nos adelantaron como veraces y fueron incumplidas, ¿qué queda de fructífero en aquella relación?

La experiencia de la mentira deja encerrado un dolor más, único e imperecedero. Porque aunque rebelemos la verdad del mentiroso, jamás podremos volverle a creer a quien se burló de nosotros. Porque la mentira es una burla, es prometer lo que se sabe irrealizable ocultando un interés inconfesable.

Este es el fruto del mal que nos dejó “Cambiemos” como recuerdo y mensaje. Es el fruto de un ramillete de flores multicolores que al desprenderse se revelaron podridas, inservibles.

El resquebrajamiento de todas y cada una de las promesas hechas en campaña que se fueron desgajando a lo largo de estos extensos cuatro años.

Es cierto también que en las elecciones de medio término, el electorado volvió a confiar. Le firmó a través del voto una nueva chance, le extendió la posibilidad de que cumpla o al menos empiece a cumplir algunas de las promesas arrojadas como tibias esperanzas. Pero al cabo de dos años más de tiempo transcurrido no sucedió nada esperanzador, más bien se consolidó la debacle.

Hoy estamos ante una nueva instancia, reveladora y tenaz, un sector del Movimiento Obrero que creyó en la promesa de un “Cambio” que no se realizó, ha dejado de creer y ha puesto su esperanza en otro lado.

No dejemos que las falsas estadísticas nos llenen de palabrerío mentiroso. Los trabajadores hemos aguantado demasiadas mentiras en esta última gestión. La voz de los Medios concentrados, pagados por el oficialismo persisten en que triunfe la confusión. El pueblo argentino que trabaja y padece a estos gobernantes insensibles debe dejar de oler estas flores del mal y debe hacerse oír definitivamente a través de la fuerza de la Urnas.

Ramón Gómez
Concejal Peronista
Dirigente Metalúrgico de UOM Seccional San Martín

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