Las manadas

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Nada más parecido al ganado arreado, que los grupos de energúmenos en las playas de veraneo, en medio de una pandemia que lleva decenas de miles de muertos en nuestro País, que resultan despreciados por estas “parvadas” de gansos engreídos. Peores resultan aquellos que actúan como “eruditos” comunicadores de las peores falsedades, verdadero “enjambre” despiadado que aguijonean con mentiras las ya débiles capacidades racionales de millones de imbecilizados.

Existen los llamados “sustantivos colectivos”, mediante los cuales nos podemos referir, entre otros, a conjuntos de animales de una misma especie. Éstos adoptan, como grupos, formas de actuar en conjunto, particulares para cada tipo de animales, pero que definen una manera específica de manifestarse dentro del ambiente en el que estén. Así, a un grupo de aves de corral se le dice “parvada”, a uno de ovejas o cabras se lo menciona como “rebaño” o” majada”, de vacas como “rodeo”, de cerdos como “piara”, de abejas como “enjambre”, de burros como “recua”, de perros, lobos o zorros como “jauría”, de pájaros como “bandada”, o de otros tipos de animales como “manada”.

En los humanos, el desarrollo de la razón no siempre a generado comportamientos derivados de su uso específico. También en nuestra especie se ponen de manifiesto actitudes grupales instintivas, que se explican en el complejo entramado de poderes que se ha ido produciendo a lo largo del desarrollo histórico de las sociedades. Es así que se generan formas grupales de actuar de distintos sectores sociales, que se parecen mucho (a veces, demasiado) a lo que hace los otros animales, los que (se supone) no tienen la virtud del raciocinio.

Se podrían parangonar los actos producidos por algunos sectores sociales, con los de un “rebaño” al que un “pastor” obliga a caminar hacia un determinado lugar. Como una “recua” de burros, actúan algunos grupos que no parecen utilizar la potencialidad de sus cerebros para comprender la realidad que los rodea. Como un “rodeo” son conducidos muchos hacia los corrales del sometimiento e, incluso, al matadero de sus libertades. Actuando como una “jauría”, ciertos humanos atacan despiadamente a otros sólo por sus supuestas “superioridades”, impuestas por la sinrazón de un poder apropiado a sangre y fuego. En el “chiquero” de la vida deshumanizada transitan sus vidas como una “piara” de cerdos los abandonados hasta del abandono, las molestas “sobras” de una sociedad que se parece cada vez más a una “manada”.

Nada más parecido al ganado arreado, que los grupos de energúmenos en las playas de veraneo, en medio de una pandemia que lleva decenas de miles de muertos en nuestro País, que resultan absolutamente despreciados por estas “parvadas” de gansos engreídos. Poco sentido racional pueden poseer estas “bandadas” de pajarracos lanzados al vuelo hacia la muerte con la estupidez propia de sus irracionalidades odiadoras. Peores resultan aquellos que actúan como “eruditos” comunicadores de las peores falsedades, verdadero “enjambre” despiadado que aguijonean con mentiras las ya débiles capacidades racionales de millones de imbecilizados.

Con los cerebros “lavados” por el ácido mediático de la noticias inventadas para acabar con la razón, con las costumbres derivadas de décadas de amaestramiento mental y sojuzgamiento económico, esos y esas partícipes de semejantes bestialidades de manada, reproducen exponencialmente al enemigo virósico del momento. Con sus cargas de aversiones a los sectores sociales de “menor rango” y sus adoraciones a los “dioses” oligárquicos que los obnubilan, marchan por el desfiladero de la brutalidad contagiosa hacia su propia desaparición y, lo que resulta peor, de sus congéneres.
Más “rebaños” que nunca, se acercan al abismo final con la repugnante satisfacción de quienes no sienten empatía por nadie ni nada. Convencidos de sus “vivezas”, con el resultado fatal de sus actos a cuestas, con la valija de despropósitos que cargan en sus viajes sin retorno, terminan sus días gozando del abandono de tantos a la suerte despiadada de un virus que desnudó sus brutalidades y marcó la verdad sobre la solidaridad humana, esa que sólo es posible con la aplicación del único instinto que no parecen poseer estos obtusos agentes del mal. Los mismos que, al comienzo de la pandemia, soñaban con la “inmunidad de rebaño”, admitiendo sus pertenencias a una “manada” desbocada de cobardes que sólo sabe empujar a la sociedad hacia la muerte.

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