Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas

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Se vienen tiempos difíciles para el trabajador. La derecha luego de las elecciones se embebió de un poder que le otorgó la ciudadanía y que es simbólicamente una firma de “un cheque en blanco.” Será una “fiesta es para pocos” y no estás invitado. A pesar de que sobren las promesas de “esperanza”, con eso no podemos pagar las tarifas ni comprar los alimentos en el supermercado, ni cargar nafta. En los 90, la flexibilización laboral demostró que no soluciona los problemas de empleo en el país, más bien todo lo contrario. Esta película ya la vimos y no tiene un final feliz para los trabajadores.

Se vienen tiempos difíciles para el trabajador. La derecha luego de las elecciones se embebió de un poder que le otorgó la ciudadanía y que es simbólicamente una firma de “un cheque en blanco.”

El neoliberalismo no perdona, es despótico e injusto. De a poco fue menoscabando la conciencia social y generó la disgregación, la fragmentación, la exaltación del egoísmo y el individualismo, la idea de que el dinero es la felicidad absoluta y el éxito más grande en la vida.

Pero esta “fiesta es para pocos” y no estás invitado, porque no pertenecés a esa minoría. A pesar de que sobren las promesas de “esperanza”, con eso no podemos pagar las tarifas ni comprar los alimentos en el supermercado, ni cargar nafta.

Y aunque aún no “floreció la economía” para los sectores populares, la situación puede ser peor. Porque ya se está evaluando la reforma laboral, que ya se concretó en Brasil de la mano de Temer. Y valga la redundancia, es de “temer” las nuevas condiciones que se están negociando.

Antes era necesaria una guerra, una colonización, la violencia, la instauración de un gobierno dictatorial para arrebatar derechos económicos, sociales, culturales. Hoy la legitimidad la otorga quien es el mayor perjudicado.

Antes era necesaria una guerra, una colonización, la violencia, la instauración de un gobierno dictatorial para arrebatar derechos económicos, sociales, culturales. Hoy la legitimidad la otorga quien es el mayor perjudicado.

Ya hace algunos años el ahora Presidente Macri, declaraba, defendiendo sus intereses de empresario, que “para producir más hay que bajar los costos, y los salarios son un costo más.”

Mucho de los que se rasgan las vestiduras diciendo “yo me lo gané todo trabajando, a mí nadie me dio nada”, no se da cuenta que si las políticas económicas, públicas y sociales no lo favorecen, tendrá que trabajar, esforzarse y sacrificarse cada vez más por menos dinero. La grieta solo se traduce en ampliación de la desigualdad en este momento.

El diario La Nación, en relación a la reforma laboral, indica como primordial “la necesidad de modificaciones que hagan recuperar competitividad a la Argentina” y agrega “el costo de contratar y desvincular trabajadores son aspectos que no pueden dejar de flexibilizarse si se quiere atraer inversiones y procurar la creación de empleo productivo.”

¿Sabés lo que significa la flexibilización laboral que están discutiendo? La flexibilidad laboral o desregulación del mercado de trabajo, hace referencia a la fijación de un modelo regulador de los derechos laborales que elimine regulaciones para contratar y despedir empleados por parte de las empresas y organizaciones privadas.

Una idea que piensan tomar del modelo brasileño es la de privilegiar los “acuerdos” individuales por sobre los de los convenios. Así, se debilita la negociación colectiva, principal fortaleza de los trabajadores a la hora de reclamar mejores condiciones.

Si imitamos a Brasil, en ese país se creó la figura de “contrato intermitente”, el cual permite que el empleado trabaje una hora o dos horas y luego vuelva a la casa. Y dos días después trabajar tres o cuatro horas más. El resultado es que se van a necesitar varios empleos para llegar a un salario digno. El patrón “maneja” los tiempos, cuando darte un día de descanso o permisos que están contemplados en los convenios colectivos de trabajo (como por ejemplo los días que les corresponden a los trabajadores que estudian)
Sumado a esto se estudia la reforma en la edad jubilatoria, en donde se propone que los trabajadores tengan más años de aportes y elevar la edad para poder jubilarse.

Para sumar desventajas a los obreros se flexibiliza las condiciones para despedir empleados, se baja la cantidad de tiempo para el preaviso y se disminuirán las indemnizaciones.

En Brasil, las vacaciones se podrán fraccionar hasta en tres períodos y, en el caso de las jornadas laborales, aumentan su límite hasta las 12 horas. La reforma también relajó las condiciones mínimas de salubridad en las condiciones del ambiente de trabajo para las embarazadas. La ecuación es simple: abaratar costos a costa de precarizar el trabajo.

En los 90, la flexibilización laboral demostró que no soluciona los problemas de empleo en el país, más bien todo lo contrario. Esta película ya la vimos y no tiene un final feliz para los trabajadores.

Hay que resaltar el papel que jugarán los dirigentes sindicales y los legisladores que tengan que votar un proyecto de ley que modifique los derechos conquistados tras años de arduas luchas. ¿Se sentarán en las mesas a negociar estas reformas, defendiendo los intereses de los obreros o “traicionaran” los intereses de quienes representan?

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