Las vidas sin valor

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Las ART, Aseguradoras de Riesgos del Trabajo, lejos están de cumplir con los objetivos que motivaron su creación, que serían los de cubrir económicamente las afectaciones que pudieran recibir los trabajadores en función de sus labores. Menos aún, se ve interés en promover la prevención, para evitarlo. No satisfechos con tanto abuso, el Poder legislativo les ha otorgado aún más prebendas a estas “empresas aseguradoras de la nada”. Modificaciones de una Ley que perjudican, casualmente, a los trabajadores, al poner más trabas para el ejercicio de lo que debiera ser un derecho de muy sencilla resolución, porque está en juego, en él, la propia vida de quien está asegurado.

La especulación de los poderosos nunca tiene límites. Observemos, sino, a las famosas ART, las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo. Lejos están de cumplir con los (supuestos) objetivos que motivaron su creación, que serían los de cubrir económicamente las afectaciones que pudieran recibir los trabajadores en función de sus labores. Menos todavía, se ve en estas empresas privadas, interés en desarrollar políticas de prevención, reales y concretas, que eviten o disminuyan esos perjuicios probables.

Decenas de muertes en obras en construcción (por ejemplo), certifican la desaprensión de los empresarios y la desidia de los trabajadores y sus sindicatos. Pero también indica el desinterés que manifiestan estas ART en hacer otra cosa que no sea alargar los períodos de resarcimientos a las víctimas o sus familiares, dejando de lado el necesario impulso a la enseñanza preventiva y los controles, que debieran anteceder a cualquier otra acción.

El Poder Judicial tiene su parte en este proceso vergonzoso de violación de derechos, con extensiones ridículas de los juicios, lo que significa, lisa y llanamente, falta de justicia real. Los trabajadores terminan siendo, como siempre, los últimos orejones del tarro de la abundancia, del que solo se sirven los privilegiados y sus sostenes políticos y judiciales.

El Poder Judicial tiene su parte en este proceso vergonzoso de violación de derechos, con extensiones ridículas de los juicios, lo que significa, lisa y llanamente, falta de justicia real. Los trabajadores terminan siendo, como siempre, los últimos orejones del tarro de la abundancia, del que solo se sirven los privilegiados y sus sostenes políticos y judiciales.

No satisfechos con tanto abuso, ahora el Poder legislativo les ha otorgado aún más prebendas a estas “empresas aseguradoras de la nada”. Modificaciones de una Ley que perjudican, casualmente, a los trabajadores, al poner más trabas para el ejercicio de lo que debiera ser un derecho de muy sencilla resolución, porque está en juego, en él, la propia vida de quien está asegurado.

Maniobras distractoras o connivencias de muy mal olor, formaron parte del proceso legislativo para la sanción de estas modificaciones. Supuestos opositores que no lo son tanto, aparentes defensores de trabajadores que solo defienden sus intereses personales, sumados a distraídos diputados que no comprenden los alcances de la perversión de los actuales ocupantes del ejecutivo, conformaron un cóctel de inoperancia y apatía que sumó otra derrota para el Pueblo.

Mientras tanto, mañana, como siempre, un obrero se despertará para subirse a un andamio del que no sabe si volverá. Terminará, tal vez, parafraseando a Chico Buarque en su famosa “Construção”, muriendo a contramano, solo entorpeciendo un poco al público.

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