Leña para el carbón

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 Hit del verano que se impone con un ritmo que es tendencia, atrapa constantemente con su ruido pegadizo y estridente. Pero más allá del ritmo pegadizo, unas pocas palabras soeces advierten que lo que algunos creen provocación femenina, prendas cortas, bailes libres y miradas inocentes son vía libre para tomar a la mujer como un objeto y hacer de ella a su antojo. La canción deja por sentado que esa provocación los habilita para operar con su pene cual arma de poder.

Retumba en diversos ámbitos el hit del verano, con escucha impuesta y repetitiva desde los medios de comunicación, que atrapa constantemente con su ruido pegadizo y estridente.

Hit que se impone con un ritmo que es tendencia, que sobresale a otros menos comerciales, y cuyo sonido lleva al movimiento y a la diversión.

Pero en una mirada más profunda, más allá del ritmo pegadizo, la letra engloba en sólo diez palabras, actos que en este momento más que nunca son de una gran sensibilidad a la sociedad.

A veinte días de iniciado el año, los feminicidios crecen y se establecen como una marca de poderío y orden. Como si el hecho de tomar la calle por parte de las mujeres, enardeciera de odio a ciertos machos que ante un NO ES NO, revelan su parte más inhumana, no inhiben conductas, mucho menos la social, y actúan con la barbarie de quien acepta sólo su propia razón. Y justo ahí, en el medio de la polémica, de cuerpos sin vida esparcidos por aguas frías, por espacios sin amor, en piezas vacías, calles cómplices y actos escondidos entre algunos, en esa realidad, el éxito musical se escucha sin reservas.

Con la correcta metáfora de no decir las cosas deliberadamente, unas pocas palabras soeces advierten que lo que algunos creen provocación femenina, prendas cortas, bailes libres y miradas inocentes son vía libre para tomar a la mujer como un objeto y hacer de ella a su antojo. Es más, la canción deja por sentado que esa provocación los habilita para operar con su pene cual arma de poder. Y sí, visto así, actuar en función de lo que muchos creen su mejor arma, es poder. Poder para someter, poder para acallar, poder para controlar, poder para decidir a veces en nombre de lo que creen amor, en este caso en función del sexo.

¿Habla en la canción alguna mujer? No, sólo lo hace un macho que se cree con la fuerza necesaria para disponer de ese cuerpo femenino como si lo hubiese comprado en algún mercado.

Y en cierta forma es así. El mercado ha impuesto a esta canción como un éxito que se baila y se canta en muchos lugares. A través de los medios de comunicación lo impuso para luego desgarrarse las vestiduras ante cada mujer desaparecida o muerta. No sin inocencia, describen luego con morbosidad la forma de vida de la víctima, sus usos o sus costumbres, como si esto fuese requisito sine qua non para terminar flotando en el riachuelo.

Y después de lamentar por estas vidas, el hit de fondo canta que esa vida no vale tanto.

No sólo se compra con dinero, sino también con palabras. Palabras que establecen criterios, imponen modos, plantan ideas, afirman situaciones, naturalizan acciones, e invisibilizan violencias. Y lo más triste es que estas palabras llegan a todos, todas y todes de diversas edades aun sin entendimiento de las metáforas, sin idea de lo que representa la habilitación de fórmulas maquilladas, para que ante la frase “VIVAS NOS QUEREMOS”, se imponga desde el patriarcado, el capitalismo y el mercado su mejor frase “SIEMPRE QUE SEA EN EL ADENTRO Y CALLADAS”.

Viejas fórmulas, nuevos términos para acciones de dominación de género en una suerte de perpetuación de poderes sobre el SER, PENSAR y ACTUAR de lo femenino que avanza.
Si tocan a una, nos tocan a todas.
Si acallan a una, gritamos todas.
Nosotres también preparamos leña, para el carbón social.

Sandra Balossi

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