Los números de la despedida

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Con tarifazos, dolarización de todo y destrucción de empleo, no se puede esperar más que exclusión y deterioro. Con un plan como el que está en marcha la pobreza no puede hacer otra cosa más que crecer. Después de las PASO, Macri intentó recuperar adeptos con manotazos que sólo agravaron la situación de los que menos tienen o peor, beneficiaron sin maquillaje a los verdaderos representados por el nefasto Gran Equipo.

En estos días, muchos evocaron cuando Macri -con su prepotencia de clase- impuso el momento desde el cual debía ser evaluado. Ese 28 de septiembre se difundía el primer dato sobre la pobreza, casi un año después de haber asumido su calamitoso mandato. Hoy, desde el ocaso que le cuesta aceptar, tanto él como sus secuaces tratan de mostrarse sorprendidos porque la pobreza no tiende al cero, «a pesar de todos los esfuerzos que estamos haciendo para lograrlo», según declaman a cada instante. En realidad, no hay que ser muy sagaz para deducir que no han hecho nada, sino todo lo contrario: cada una de las medidas tomadas desde el fatídico 10 de diciembre de 2015 sólo la ha incrementado, por más cara de circunstancias que practiquen ante las cámaras.

Y no porque los pobres se empecinen en serlo o -como expresó irrespetuosamente Carrió- porque teman ser ricos. Con tarifazos, dolarización de todo y destrucción de empleo, no se puede esperar más que exclusión y deterioro. Con un plan como el que está en marcha la pobreza no puede hacer otra cosa más que crecer. Después de las PASO, Macri intentó recuperar adeptos con manotazos que sólo agravaron la situación de los que menos tienen o peor, beneficiaron sin maquillaje a los verdaderos representados por el nefasto Gran Equipo. El bono es una burla y las modificaciones impositivas de IVA y Ganancias terminaron con un fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor del reclamo recaudatorio de las provincias. Si al anunciarlas eran insignificantes en sus resultados positivos, ahora se erosionan con el roce de la realidad.

En una muestra más de que el interés por los pobres es su mayor hipocresía, unos días después de la Tragedia de Ezeiza, donde José Bulacio falleció en un accidente producido por el apuro de inaugurar, redujo con un DNU las indemnizaciones para beneplácito de las ART. Para que sus amigotes especuladores puedan ganar más con la sangre que los pseudo empresarios como Macri producen con su angurria. Y si esto no es suficiente, el Buen Mauricio intenta –ahora con más premura- convertir a la CABA en una guarida fiscal para poder evadir, esconder y fugar con mayor facilidad. El sueño del Paraíso propio que tiene desde que asumió como Jefe de Gobierno porteño en 2007. Alguien debería explicar sin ponerse muy colorado de qué manera contribuyen estas dos decisiones para disminuir la pobreza de la que tanto simulan lamentarse.

El problema son Ellos

En verdad, todo lo que provenga de Ellos es puro simulacro. Desde siempre. Ahora se evidencia más porque la crisis que provocaron es inocultable, por más que algunos insistan con la Pesada Herencia o “se robaron todo”. Hasta intentan, de cara a las elecciones de octubre, remasterizar el asesinato del suicidado fiscal Nisman para recordar a los odiadores lo malos que son los K. Todo para ocultar el fracaso, no del plan económico que transfirió riqueza de manera regresiva, sino de la imposición del pensamiento único dominante para garantizar la continuidad. Hoy no logran engañar a tantos como lo hicieron cuatro años atrás. Con la persecución judicial y la obsesión represiva de la inaceptable Bullrich no van a conquistar votos. Con el verso de la lucha contra el narcotráfico o el enfrentamiento con mafias inexistentes, tampoco.

Menos aún con las metáforas gastadas de “sacar el pie de encima” a los industriales o la patraña de abaratar los aportes patronales para generar empleo o poner más dinero en el bolsillo de los trabajadores. Tampoco la promesa vacía de un futuro indefinido porque esto que estamos padeciendo es el futuro que prometían anteayer. La Caravana del “Sí, se puede” no podrá convencer a demasiados incautos porque se nota que no es más que un extenso cacerolazo pero a favor de los que lo inventaron.

A medida que se acerca el 27 O más se desesperan porque no pueden inclinar los números que le fueron tan adversos en las elecciones primarias. Por eso tienen que apelar a los significantes huecos, como ‘república’, ‘libertad’, ‘democracia’, ‘valentía’ y otras tantas pavadas más que pronuncian con emoción ensayada. O, en un esfuerzo de producción sin precedentes, Macri explica que las cosas no salen como planeaban porque “hay muchos problemas estructurales que resolver”. Lo primero es mentira: en gran parte, pudieron lograr lo que pergeñaron, menos la reelección para seguir ejecutando el saqueo. Lo de los ‘problemas estructurales’ es discutible: para ellos esa expresión engloba las trabas para esquilmar derechos y seguir vulnerando cada vez a más argentinos; para nosotros, representa todo aquello que nos impide crecer y distribuir.

Una disidencia no menor; una dicotomía inconciliable entre privilegios y derechos, entre minoría y mayoría, entre oligarquía y pueblo. Un problema estructural es que existan especuladores, parásitos, evasores ahítos de fortuna succionada del Estado que pretendan seguir amoldando el país a la medida de sus apetencias. Este es el único problema estructural que tenemos que resolver si queremos construir un país que nos contenga a todos.

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