¿Macri está buscando que lo empujemos a renunciar?

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Pareciera que el gobierno de Cambiemos busca que el pueblo lo empuje a renunciar. Medida tras medida provocan a los argentinos, y en estas circunstancias, ya no creo que se trate de errores involuntarios. Macri y sus secuaces vinieron básicamente a llevarse nuestra plata y cuanto más rápido puedan hacerlo mejor para ellos que detestan la política.

Esta es sólo una hipótesis entre otras, pero a la luz de los acontecimientos, lo cierto es que he dejado de considerarla descabellada, de un tiempo a esta parte.

Como a muchos, no deja de llamarme la atención lo impúdico de algunas de las maniobras económicas del gobierno para beneficiar a los sectores más acaudalados de la sociedad, medidas ya numerosas a esta altura. Aquí podemos contar desde la quita de retenciones a las mineras y al agro, hasta el condonamiento de la deuda a las empresas eléctricas y la reducción del impuesto a los autos de alta gama, siendo la frutilla de este postre ajeno los 70 mil millones que, recientemente, Macri le perdonó a su propia familia. Impunidad a la enésima potencia… y provocación, claramente. Es en este último punto en el que quiero centrarme.

¿Por qué viene el gobierno desde hace meses sumando -y de la manera más grosera- un gesto tras otro para hacernos estallar de rabia? ¿A qué podría deberse semejante plan sistemático y deliberado, al que bien podríamos añadir la visita del rey de España en ocasión de nuestro bicentenario de la independencia y la foto de Juliana Awada en “patas y manga corta” en plena época de “menesteroso ahorro energético”, por referirme también a ejemplos de naturaleza no directamente económica?

Para ser sincero, no creo que se trate de errores involuntarios, sino que más bien tiendo a pensar en la siembra de un estallido social por goteo, calculado para desencadenarse de mitad de mandato hacia adelante. ¿Pero qué podría movilizarlos a semejante propósito? ¿Volvernos primero rebeldes para mostrarnos luego lo que es la “disciplina”?

No creo que tenga sentido agitar nuestro enojo para luego tener que tomarse el trabajo de calmarlo, y más considerando que, con un mínimo de cuidado, podrían posponerlo tranquilamente hasta que resulte insostenible. A mí modo de ver, la cuestión pasa por el hecho de que, finalizada la tarea que se vino a realizar, pasa a carecer de sentido permanecer. No por nada Durán Barba ha mandado a realizar recientemente una encuesta preguntando si la gente cree que Macri debe renunciar a su cargo, interrogante más que sugerente a la hora medir el termómetro social, por cierto.

Luego de una evaluación no necesariamente fina, resulta bastante evidente que ni Macri ni buena parte de los integrantes de este gobierno ocupan sus puestos por vocación social ni por aspiraciones de poder, sino que lo que los motiva no es otra cosa que lo que más les ha importado siempre: el maldito dios dinero.

Luego de una evaluación no necesariamente fina, resulta bastante evidente que ni Macri ni buena parte de los integrantes de este gobierno ocupan sus puestos por vocación social ni por aspiraciones de poder.

¿Acaso alguien ve a Macri y sus CEOs como auténticos amantes del mundo de la política? Dudo que alguien con un mínimo de criterio se atreva a responder afirmativamente. Es decir, por tomar sólo el caso del presidente, hablamos de un hombre que cada palabra que suelta es pensada por sus asesores de marketing, y cuando -apurado por alguna circunstancia- habla por sí mismo, no dice mucho más que estupideces, por lo general indignas de lo que podría considerarse como un “animal político de pura cepa».

De ahí el desdén por lo estrictamente político, de ahí los pasos firmes y decididos en cuanto a beneficiarse y beneficiar económicamente a sus amigos, en contraste con el simulacro de acciones de gobierno que puede encontrarse en las demás áreas (piénsese en el rabino Bergman, por ejemplo), cual si tuvieran que ocuparse de ellas de compromiso mientras llevan a cabo su objetivo primordial.

Dicho claramente, Macri y sus secuaces, no vinieron sino básicamente a llevarse nuestra plata para así poder rebalsar sus arcas, y cuanto más rápido puedan hacerlo, mejor y menos estresante para ellos, CEOs que no están acostumbrados a trabajar demasiado que digamos. En fin, rapiña rápida, y punto. De hecho, es notable lo pesado que resulta para el vacacionante Macri el hecho de gobernar, tarea de la que, a las claras, pareciera querer desentenderse una vez cumplidos los plazos para exprimirnos lo suficiente y devolver los favores correspondientes.

Dicho claramente, Macri y sus secuaces, no vinieron sino básicamente a llevarse nuestra plata para así poder rebalsar sus arcas, y cuanto más rápido puedan hacerlo, mejor y menos estresante para ellos.

Obviamente, hay otros integrantes del gobierno que parecieran tener la intención de ir más allá, pretendiendo instalar un proyecto a largo plazo, tanto ideológico como económico, donde podemos situar desde el negacionismo hasta el Tratado del Transpacífico en su momento. Pero no creo que esto constituya más que un ítem de carácter añadido y secundario para muchos de los funcionarios, ya conformes con los millones que han podido obtener.

Estados Unidos sí acostumbra a pensar en términos de políticas perdurables, por nocivas que sean, pero no este conjunto de cipayos más o menos mediocres. De lo contrario, debiesen estar dirigiendo sus esfuerzos más hacia la obtención de un segundo mandato para cimentar su modelo, que a dedicarse a fastidiar innecesariamente a la población, con la alta probabilidad de encender la peligrosa mecha de una protesta social que los fuerce a retirarse antes de tiempo de esta suerte de “como si” de gobierno que encarnan con bastante desgano.

Además, el hecho de «ser empujados a renunciar para mantener la paz social», representaría para ellos una excelente excusa para victimizarse, pudiendo afirmar entonces que fue el kirchnerismo el que les impidió llevar adelante el proyecto político que tenían planeado, el cual, por supuesto, precisaba de tiempo para mostrar sus “maravillosos resultados”.

En esta coyuntura, para no pocos, hasta se retirarían casi como próceres por la puerta grande, pobres mártires a los que los “negros de mierda peronistas” no dejaron gobernar, y hasta probablemente algunos de estos no pocos sean capaces de salir de sus casas a defenderlos, con la conflictividad que esto puede representar. Eximidos así de perder en las urnas: gobierno de paso, bolsillos repletos y crimen perfecto (si no fuese por la alta probabilidad de que muchos acaben presos por corrupción institucional, aunque ese ya es otro tema).

¿Pero qué hace que aún no se haya dado el estallido que se encargan de fogonear jornada tras jornada y al que parecieran ir regulando tal como se acerca o aleja lo que se asa del carbón ardiente? Aquí la respuesta es simple: lo que sostiene en pie al gobierno es sencillamente la amenaza viva del retorno del kirchnerismo con su proyecto populista de inclusión tan indigeriblemente odioso para muchos -y muchos de todas las clases sociales, lo que no dejaría de resultar curioso si no fuese porque los más humildes bien puede suceder que se conduzcan según aspiraciones identificatorias que nada tienen que ver con su realidad ni con su conveniencia, pero este también ya es otro tema-.

Lo que sostiene en pie al gobierno es sencillamente la amenaza viva del retorno del kirchnerismo con su proyecto populista de inclusión tan indigeriblemente odioso para muchos.

En suma, si Cristina hubiese desarmado el kirchnerismo el 11 de diciembre de 2015, el gobierno de la alianza Cambiemos, despojado de su fuerte polaridad opositora con el Frente para la Victoria, probablemente estaría agonizando al día de hoy al no poder apoyarse contra nada, puesto que, como bien sabemos, carece de valor en sí mismo.

De todas maneras, tarde o temprano, nos dirigimos de manera casi inexorable hacia una interrupción prematura del mandato de Cambiemos, sólo que propiciada por el mismo gobierno o, cuando menos, siendo esta una opción que no pareciera perturbarlo demasiado. En este último sentido, esta pareciese ser la filosofía: “Mientras podamos, nos quedamos, y sino ya tenemos las valijas armadas y llenas de dólares”.

Por otra parte, y esto es algo a atender, el kirchnerismo no puede acelerar los acontecimientos avivando el fuego de ningún estallido, lo que explica su actitud más pasiva que beligerante en las calles. Si así lo hiciese, sería tildado inmediatamente de golpista y antidemocrático, haciéndole así el caldo gordo a una «huida heroica» que podría poner en riesgo luego el hecho de que el mismo Frente para la Victoria pueda acabar, a su vez, con su mandato al volver. Es sencillamente por esto que no nos encontramos, salvo excepciones, con referentes kirchneristas organizando y encabezando protestas, sino que más bien podemos verlos sumándose a las marchas propuestas por otros sectores. Estrategia que le dicen, o bien único camino posible.

En este sentido, si de algún estrato es que debiese partir la iniciativa de rebalsar las calles para expresar nuestro descontento, tiene que ser desde el llano, desde las bases. Además, sabemos perfectamente que esto es muy difícil que parta de nuestros líderes sindicales, por estar la mayoría de ellos en connivencia con el gobierno.

Por supuesto que los estallidos sociales no resultan gratuitos y es probable que, como siempre, termine corriendo sangre del pueblo, nuestra sangre; aunque en este punto sería necio desconocer que las políticas que estamos padeciendo ya nos vienen matando antes de tiempo. Baste para ello prestar atención a las condiciones en las que viven nuestros abuelos o al aumento en la mortalidad infantil, si a alguien le resta alguna duda. Además, es un hecho que, más se quede el gobierno, más destruirá nuestro futuro y el de nuestros hijos, porvenir que, ciertamente, se va tornando cada vez más oscuro en nombre de endeudamientos, exenciones de deudas y potenciales privatizaciones.

Claro que nada sería más deseable que poder poner un freno al daño que se profundiza cada día y lograr un viraje de timón que vaya en la línea de lo prometido por Cambiemos en la campaña, sin que haya necesidad de un cambio anticipado de gobierno, ¿pero acaso cabe todavía, siendo realistas, la ilusión de que esto pueda llegar a ser posible?

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