Manos a la obra

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De lograr acceder al poder, más allá del gobierno, resultaría imprescindible plantearnos –tal como el título lo indica- poner manos a la obra comenzando por convocar a una Asamblea Constituyente para reformar –imprescindiblemente- esta Carta Magna que, apenas a 24 años de vigencia ha quedado perimida y desfasada. Entre otras medidas ubicar en disponibilidad a TODOS los jueces de la Nación e incluirlos en ganancias; desmantelar ese aguantadero en que convirtieron al Consejo de la Magistratura; reimplantar urgentemente de la Ley de Medios llegando, de ser necesario, a la expropiación de aquellos que no acaten sus disposiciones, gravar nuevamente las exportaciones agrícolas, mineras y todo aquello que fuera exceptuado por el régimen actual; nacionalizar las empresas de servicios. Y dentro de la autocrítica que nuestra dirigencia nunca llevó a cabo, se deben incluir tantas y tantas designaciones para integrar listas con tipos advenedizos, cobardes y renegados. 

A lo largo de las siete décadas que llevo trajinando el reducido mundo que la vida me planteó, he atravesado por mil distintos sucesos o acontecimientos prematuramente. Contaba con apenas cuatro años cuando, de la mano de mi viejo, formé parte de la inmensa legión (o por lo menos así lo percibía yo a esa edad) que lloraba la enorme muerte de Evita. A los siete, y luego de ser casi arrancado con desesperación por mi vieja del anticuado colegio del barrio de Floresta al que asistía, presencié, sentado en el umbral del descascarado semi conventillo en que vivíamos, el paso de ingentes columnas de camiones trasladando obreros que al grito de “La vida por Perón”, marchaban hacia Plaza de Mayo, sitio principal escogido por un puñado de fratricidas armados disfrazados de militares, que, asesinando una cifra indeterminada de inocentes, cumplían –una vez más- con los designios de la puta oligarquía enquistada desde siempre en nuestra querida y codiciada Argentina, de la que surgieron nefastos personajes y personeros que son herencia reproducida y que hoy están asaltando el Estado.

Narrando breve, apretadísimamente, evocaré las –reiteradas- fallidas experiencias radicales, los patéticos desempeños de los generalotes Onganía, Levingston y Lanusse, los escasos cuarenta y nueve días de gestión del “Tío” Cámpora, el regreso de esa ilusión simbolizada en El General, el infierno de Videla, de aquellos que lo continuaron, la quijotesca mesura de Alfonsín, la infamia del menemato, la brutal indignidad de la Alianza, para desembocar en los doce años y medio (exceptuando mis menudos disfrutes peronistas) más felices de las manos de Néstor y Cristina.

Un triste día 678.774 electores, imbuidos de odio, ceguera, incompetencia, ignorancia o tal vez influenciados hasta el hartazgo por el cáncer mediático nacional, que incluye –por supuesto- a las decenas de rastrerxs que dicen ser periodistas y que envenenan la vida ciudadana, inclinaron el platillo de la balanza hacia la más rancia banda neo colonial que se convirtió, -tal como era previsible- en cuestión de horas en la dictadura perfecta, término que utilizo ya que, si bien admito la voz de las urnas, la ruptura del contrato electoral basado en un sinfín de promesas incumplidas así lo determina.

Y así se nos fueron de un plumazo la creación de cinco millones de puestos laborales con paritarias anuales, nuevos regímenes para trabajadores rurales y amas de casa, desarrollo de industrias locales con impulso de las exportaciones, desendeudamiento externo, rescates de AFJP, YPF, AA; planes Argentina Trabaja y de Cooperativas, más de tres millones de jubilados que SÍ TRABAJARON, sólo que sus empleadores descontaban y no aportaban, planes Nacer, AUH y AUE, plan nacional obligatorio y gratuito de 18 vacunas anuales (antes 8), programas Remediar y de Salud Sexual y Procreación Responsable, fundación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, (aún a cargo de un miserable incombustible), científicos retornados, culminación de Yacyretá y Atucha 2, creación de TDA, AR-SAT 1 y 2, construcción de más de 1500 escuelas y 700.000 viviendas, ejecución de planes como PRO-GRE-SAR, PRO-CRE-AUTO, PRO-CRE-AR, ARGENTINA SONRÍE, REMEDIAR, condenas a militares por violaciones aberrantes, leyes de protección de mujeres en riesgo, contra la violencia de género, matrimonio igualitario, más de 4400 personas rescatadas de la trata (sin contar las que oculta la “Primera Dama” en sus talleres textiles clandestinos), Ley de Medios de la Democracia, voto joven, intento de reforma judicial, restitución de los carnavales y mucho, muchísimo más.

De todas formas, cada nota a la que le doy forma y comparto, o las que recibo de otros compañerxs que también opinan por esta vía, tienen la particular coincidencia de aludir –casi exclusivamente- a sucesos del pasado o a conquistas y derechos que nos fueron arrancados sin tener la decisión, conciencia o valentía de reaccionar (lugar en que por supuesto me ciño) y lograr la destitución presidencial vía Congreso.

Dentro de la autocrítica que nuestra dirigencia nunca llevó a cabo, se deben incluir tantas y tantas designaciones para integrar listas con tipos advenedizos, cobardes y renegados. Yo, particularmente, tomo a Diego Bossio como caso emblemático. El otrora niño prodigio de Néstor y Cristina, y por el cual muchos “hicimos fuerza”, apenas tuvo la oportunidad, quebró el bloque arrastrando un número significativo de diputados, sin olvidarnos, por supuesto, de Massa, Pichetto, Randazzo, Urtubey, y tantxs otrxs. Sobre la pregonada “unidad con todxs”, yo particularmente discrepo porque una cosa es tener afinidades y muy otra es “amontonar” tipxs con el sólo fin de arrancarle a esta caterva de estafadores los restos de un Estado exhausto y desfalleciente sin tener –mínimamente- un pliego de coincidencias con deber de cumplimiento.

De lograr acceder al PODER, más allá del gobierno, resultaría imprescindible plantearnos –tal como el título lo indica- poner manos a la obra comenzando por convocar a una Asamblea Constituyente para reformar –imprescindiblemente- esta Carta Magna que, apenas a 24 años de vigencia ha quedado perimida y desfasada; ubicar en disponibilidad a TODOS los jueces de la Nación e incluirlos en ganancias; desmantelar ese aguantadero en que convirtieron al Consejo de la Magistratura; reimplantar urgentemente de la Ley de Medios llegando, de ser necesario, a la expropiación de aquellos que no acaten sus disposiciones; eliminación de los múltiples entes con los que Cambiemos reemplazó la “grasa militante por la margarina PRO”; disponer gravar nuevamente –con obligación de liquidación a los 90 días- las exportaciones agrícolas, mineras y todo aquello que fuera exceptuado por el régimen actual; nacionalizar las empresas de servicios, hoy en manos de cuatro o cinco grupos (de los que no están exentos integrantes de la banda); la banca; imponer impuestos a los Bingos; a la transferencia de acciones; a las fincas ociosas; imposibilitar –en principio- la salida del país a todxs quienes hayan defraudado a los organismos que hubieren estado a su cargo; revisión –urgente- de la compra de tierras, especialmente las limítrofes, por parte de extranjeros; implementar una fortísima política en pos de la recuperación de nuestras Islas Malvinas y, por último, direccionar el accionar de las fuerzas policiales, de gendarmería o prefectura a tareas de persuasión sin represión.

Todos estos dichos pueden sonar épicos o idílicos, pero, la próxima vez, no se pueden perpetrar los mismos ¿errores?, y, de cometerlos, hacerse cargo de lo hecho, porque si uno hiciera una compulsa primitiva y callejera, millones del club del “51%”, alegarían un rotundo “Yo no lo Voté”.

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