Mantel, servilletero y tazas

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Recordando el extenso corte en el servicio eléctrico que sufrió el país días atrás y que aún tiene sus coletazos en muchos lugares, surge la elemental pregunta ¿qué “invierten” las empresas eléctricas para justificar ese incremento en las tarifas teniendo en cuenta que el gobierno sigue subsidiándolas y máxime teniendo en cuenta que el servicio sigue siendo de la misma calidad que el que se tuvo siempre?

Todas las mañanas desayuno en Tucumán en un bar (modesto) ubicado en la esquina de mi trabajo, cuyo propietario, Enrique, tiene siempre la atención de anticiparnos que a partir del día siguiente o la semana siguiente el precio de sus productos se verá incrementado, cuando su ecuación costo- beneficio se lo impone. El desayuno consiste en un café con leche con dos tortillas (pan con grasa similar en su masa a los llamados “criollitos” en otros lugares del país) con un precio, hasta hoy de cincuenta y cinco pesos, ($ 55,00).

El establecimiento es como dije, modesto, simple pero con buen servicio. Mesas de melamina, sin mantel , tazas blancas de loza y servilleteros provistos por alguna gaseosa, sin ninguna decoración y un televisor permanentemente prendido en TN. Muchas veces hago el ejercicio mental de modificar su distribución interior y decorar el local, respondiendo a mi condición de arquitecto, mientras desayuno, pero esos posibles cambios permanecen “in péctore” y nunca se los refiero al propietario. Hoy, mientras pensaba en las posibles mejoras pensé obviamente en su costo y también obviamente, en el origen de los fondos necesarios para la obra.

Entonces imaginé a Enrique anunciándonos,( a nosotros sus habituales parroquianos), que a partir del día siguiente el desayuno pasaría a costar, por ejemplo, doscientos pesos ($ 200,00) lo que provocaría algo más que sorpresa, generaría resistencias, enojos, sorpresas, etc., e indudablemente se le preguntaría por la razón de tan desproporcionado aumento. Imaginé que Enrique entonces nos explicaría que no habían aumentado los insumos ni tampoco les había subido el sueldo a su personal, sino que había decidido imponer mejoras a su bar, que compraría manteles, servilleteros de acero para reemplazar los plásticos, las tazas serían de mejor calidad y se decoraría el local mejorando su funcionamiento y servicio, lo cual llevaría un tiempo aproximado de 6 meses hasta que se complete el proceso y que esas mejoras serían efectuadas con “nuestro aporte” para que él invierta en esas mejoras, siendo que a partir de ese momento que el precio volvería a un valor razonable pero considerando las mejoras implementadas.

El local del que hablo está ubicado fente a la AFIP, cerca de varias reparticiones públicas, incluida Rentas de la provincia. Claro que también supuse que muchos de los abogados, contadores y demás concurrente cotidianos del bar, segura y terminantemente se opondrían a la medida, (también lo haría yo por supuesto) aduciendo que la inversión debería ser encarada totalmente por él, recurriendo a una financiación por su parte y qué, luego de terminar los arreglos se entendería que el precio de sus productos tenga un incremento proporcional a las comodidades impuestas.

Determiné antojadizamente que el dueño fundamentaría su exceso en que cuenta con el apoyo y aprobación del gobierno para hacerlo y que ello deberá ser así y que no hay otra opción que pagar ese valor. Claramente imaginé también la desolación que expondría desde el siguiente día su bar ya que es claro que todos nos trasladaríamos a otros bares que cobren un precio acorde a la plaza tucumana. Es decir tendríamos una opción para evitar ese abuso.

Recordando el extenso corte en el servicio eléctrico que sufrió el país días atrás y que aún tiene sus coletazos en muchos lugares, pensé que lo que se hizo con los usuarios del servicio eléctrico era lo mismo que yo imaginé podría haber pretendido hacer Enrique, pero sin la opción de cambiar, de elegir y de evitar que sean nuestros bolsillos los que determinen “las inversiones” de las empresas eléctricas. Es claro que no necesitaron esas empresas financiación de su parte, (lo cual les hubiera significado disponer de parte de las multimillonarias ganancias en realizar la inversión para las mejoras).

Entonces surge la elemental pregunta ¿qué “invierten” las empresas eléctricas para justificar ese incremento en las tarifas teniendo en cuenta que el gobierno sigue subsidiándolas y máxime teniendo en cuenta que el servicio sigue siendo de la misma calidad que el que se tuvo siempre?

¿Cómo nos sentiríamos los que concurrimos al bar diariamente sí vemos que durante 6 meses le pagamos el desayuno a Enrique a $ 200,00 y al final de ese período las mesas siguen sin mantel, los servilleteros siguen siendo de plástico y las tazas las mismas y no se decoró ni mejoró nada?. Ahora imagino a quienes leen esta nota expresando, en ese supuesto caso, términos que nos definirían a quienes hubiéramos podido pagar ese precio como algo parecido a: “argentinos que votaron a Macri y provocaron que todo el resto de los habitantes del país sean estafados y robados alevosamente” o con otros términos no propios para ésta publicación.

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