Neoliberales a la vuelta de la Feria

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La causa por la muerte del fiscal Nisman es moneda corriente a la vuelta de las ferias judiciales desde que Cambiemos llegó al gobierno con un presidente Pinedo de por medio, convertido en princesa por unas horas como favor cautelar del mismo partido judicial y como muestra de lo que implica la falta de control democrático-popular sobre este poder.

A principios del 2016 la jueza Servini de Cubría resolvió que el texto de Nisman no merecía ser tratado en la feria judicial puesto que carecía de pruebas necesarias. Por otro lado, el juez federal Ariel Lijo (que, ahora, a la vuelta de la feria judicial decide reactivar la causa), en aquel momento, mediante un escrito posterior, coincidió y elogió la resolución de Servini. Actores del campo judicial, empresarios encabezados por la Sociedad Rural, algunos periodistas (sicarios de letra de molde) mayormente del grupo Clarín y políticos alineados con el PRO vociferaban entonces contra el juez Rafecas por haber desestimado -en ese entonces hacía ya un año y medio de la desestimación- la denuncia de Nisman por “inexistencia de delito en un escrito de 63 páginas”.

Todo esto puede chequearse en dos noticias de la versión digital del periódico Página 12: una fechada en jueves 8 de septiembre de 2016, con el título “Presión”, y otra fechada en miércoles 01 de febrero de 2017 con el título “Después de la feria, vuelta a la carga con la denuncia de Nisman”. Muy claro el título, ¿verdad? Bueno sucede que la operación se repite: en 2015 de cara a las elecciones presidenciales, luego en 2016, ahora en 2017… de cara a las elecciones legislativas.

Son también sectores del gobierno y sectores cercanos los que impulsan en estos días el ataque-escarmiento contra Cristina Fernández; no quisieron al FPV en el poder nuevamente y hoy escuchan también con absoluto desagrado la voz de esa mujer que otrora se pronunciaba sistemáticamente en la ONU por AMIA mientras era la cabeza aún del Poder Ejecutivo y con veinte años de parálisis de la causa detrás. Veinte años en los cuales los mencionados sectores políticos denunciantes -desde la denuncia del fiscal repentinamente alarmados por el memorándum-, no supieron qué hacer ni decir, o peor aún, no quisieron, cuando en paralelo Cristina Fernández sí supo qué hacer: integró la Comisión Bicameral de la AMIA siendo legisladora.

Uno, como ciudadano común y corriente, puede hacerse una pregunta en la misma sintonía de la que se hiciera la ex presidenta en la apertura del 133° periodo de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, luego de especificar la existencia de dos documentos contradictorios entre sí, de puño y letra firmados ambos por el fiscal Nisman, uno fechado en diciembre del 2014 y otro fechado en enero del 2015: “¿A qué Nisman le creo, al de la denuncia sin pruebas o al Nisman que levanta toda mi actuación en Naciones Unidas, que enumera prolijamente todos y cada uno de mis discursos y donde reconoce textualmente que (lee del documento fechado en diciembre 2014), si bien el memorándum no es lo mejor, persiguió el objetivo siempre de lograr que los acusados se sienten frente al juez de la causa en Teherán a ser interrogados, porque si no son interrogados no hay causa ni hay juicio?” Entonces, ahora, uno se pregunta: ¿A qué juez Lijo le creo, al juez Lijo de febrero de 2016 que elogia a Servini de Cubría y su resolución contemplando la falta de “entidad probatoria” en la denuncia de Nisman o al juez Lijo de febrero del 2017, que reactiva la causa y dispone allanamientos, citación de testigos, cruces de llamados entre los denunciados, entre otras medidas?, ¿qué es lo que ocurrió en el medio?…

Entonces, ahora, uno se pregunta: ¿A qué juez Lijo le creo, al juez Lijo de febrero de 2016 que elogia a Servini de Cubría y su resolución contemplando la falta de “entidad probatoria” en la denuncia de Nisman o al juez Lijo de febrero del 2017, que reactiva la causa.

En consecuencia, resulta grotesco el continuo manoseo de la causa, y sobre todo, de las víctimas del atentado. Ya ni siquiera califica para fantochada, sino para cinismo y ultraje, más aún con cada oportunidad aprovechada por el partido judicial, la derecha y la oligarquía para introducir la causa de la denuncia del fiscal fallecido, infundada, en territorio de campaña política; un partido judicial favorecido por un gobierno que lejos está de perseguir una democratización de la justicia, tal como se propuso el gobierno de Cristina Fernández en el año 2013, se vale del aparato judicial para poner en jaque el sistema democrático.

Desde la paupérrima posición y perspectiva de estos sectores la figura de la ex presidenta aún representa un riesgo de derrota en la contienda política, de cara a las legislativas de este año, y la única forma para combatir ese riesgo es con el machaque acusatorio de asesinato a cuestas, para mancillar y demonizar la militancia política de la actual líder indiscutida del movimiento peronista a nivel nacional. La única forma, tan cínica como penosa y a su vez perversa. Porque inclusive, con el FPV desplazado en las elecciones presidenciales del 2015, el nombre de Cristina Fernández aún es motivo de encono y rabia para la incapacidad política de quienes aún siendo gobierno continúan comportándose como la vieja oposición que supieron ser: embustera y ensañada, mutilada en su vínculo demagógico con el campo popular, al cual sólo pueden cercar o reprimir en caso de que el cerco mediático y el engaño no funcionen.

La procaz utilización de la causa AMIA con fines electoralistas y conservacionistas no hace más que desnudar la ineptitud política de quienes detentan hoy el poder.

La procaz utilización de la causa AMIA con fines electoralistas y conservacionistas no hace más que desnudar la ineptitud política de quienes detentan hoy el poder. Utilización no tanto para encubrir esa ineptitud, sino más bien para velar las consecuencias del saqueo programado que todo neoliberal lleva en su diario íntimo y que implica pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores como consecuencia de las condiciones de las negociaciones paritarias y de la suba en tarifas de servicios básicos, un mercado interno en derrumbe por la falta de consumo, pérdida de empleo de pequeñas y medianas empresas que deben cerrar como consecuencia de ello, censura, Estado policial… y podría continuar, porque todo lo que está sucediendo es bueno repetirlo, repetirlo y repetirlo, una y mil veces, para que no se nos olvide nunca más; repetirlo, como la oligarquía nos repite falacias y tergiversaciones en los medios de comunicación hegemónicos y descansando en los laureles de sectores del Poder Judicial infames.

Y por la clara actitud de alarma frente al memorándum de estos señores y estas señoras que aseguraban que «todos somos Nisman», para finalizar, recuerdo unas palabras de la ex presidenta en ocasión también del inicio de sesiones en la Asamblea Legislativa del 2015:

“Pero no se preocupen, el 10 de diciembre va a haber otro presidente; ese presidente puede ir al Consejo de Seguridad, si él estima conveniente, a acusar a Irán ante el Consejo de Seguridad y plantear un casus belli en el Consejo de Seguridad y hacerse responsable de plantear un casus belli en el Consejo de Seguridad. Seguro que alguno lo va a vetar, pero a lo mejor tienen suerte y no lo vetan y a lo mejor ¿qué?, ¿invaden Irán para tomarles declaración a 5 iraníes?”.

¿Y Macri?, si todos somos Nisman… Entonces, ¿el casus belli, para cuándo?

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