Pandemia y crisis: lo que vendrá

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Parece claro que, por lo menos en un período de tiempo no demasiado extenso, se mantendrán los sistemas de producción, acumulación y distribución de la riqueza actualmente establecidos, pero también parece inevitable el fortalecimiento de la presencia del Estado, con una correlativa debilitación de las reglas y alcances del “mercado”, con una planificación económica centralizada. 

Es indudable que las especulaciones sobre el escenario político, social y económico que sobrevendrá a la pandemia del Covid 19 en todo el planeta, están hoy (2020) presididas por la incertidumbre. Hoy no conocemos las causas de la aparición de este virus, no hay vacunas ni remedios para eliminarlo o contenerlo, ni sabemos cuándo se terminará la pandemia.

Tampoco sabemos si en los casos en que la enfermedad no es letal, el organismo humano adquiere inmunidad frente a nuevos contagios. E ignoramos cómo se readecuarán la economía, la organización social y los sistemas políticos con lo que quede después de su desaparición o contención.

Este problema, de magnitud incalculable para todos los países, (téngase presente que los daños en desarrollo en el “mundo occidental” ya superan los producidos por las dos últimas guerras mundiales, afectando a más de 170 países y provocando hasta ahora que medio centenar de ellos caerán en default), viene a sumarse dos catástrofes ya previsibles con anterioridad.

Recordemos los pensamientos de Avram Noam Chomsky (el más importante pensador contemporáneo según el New York Times).

Chomsky manifiesta que sobrevuelan el planeta y la humanidad dos problemas que apuntan a sus completas destrucciones. El primero de ellos es la posibilidad de una conflagración nuclear internacional. Ello depende parcialmente de las decisiones de líderes mundiales, muchos de los cuales demuestran carecer de un mínimo de prudencia y equilibrio mental. Pero también de numerosos jefes de otros Estados de diferentes pelajes, orientaciones e intereses.

China, India, Pakistán, Rusia, Israel, Francia, Gran Bretaña, Corea del Norte, USA, disponen de miles de ojivas nucleares que, en conjunto, tienen la capacidad para destruir varias veces el planeta.

Ello sin contar la posibilidad de que fuerzas irregulares, revolucionarias o terroristas, lleguen a disponer en algún momento de un arsenal nuclear.

El otro gran problema, de parecida dimensión, es el cambio climático.

En su ponencia titulada “Los desafíos para construir democracias solidarias”, Chomsky critica las políticas militares y medioambientales que defiende Estados Unidos y resalta las adoptadas en algunos países sudamericanos, como Ecuador, que apuestan por proteger el medio ambiente.

El profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) destacó que en Estados Unidos se está dando el caso opuesto, pues este país podría alcanzar una cifra récord de producción y consumo de petróleo en un futuro cercano.

El consumo record del petróleo y el carbón, la contaminación medioambiental, el agujero de ozono, el deshielo de los polos que por el recalentamiento global llevará inevitablemente a la elevación de las alturas de los océanos y la inundación de miles de territorios y ciudades, están ya a la vista.

“En general los países con más población indígena están a la cabeza de los que quieren preservar la vida humana, mientras los países que llevaron la población indígenas a su extinción o a su extrema marginación van hacia la destrucción“, opinó.

En este sentido, resaltó el hecho de que Ecuador incluyera en su Constitución el “derecho a la naturaleza” y que se haya dado otro caso similar en Bolivia.

También mencionó los países que se preocupan por explotar energías renovables, como hace Uruguay al crear energía del viento o del agua, ya que, según el activista, “el problema no es la tecnología, sino el control de la tecnología“.

Por último, hizo hincapié en que tanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, todo el equipo republicano “niegan que el cambio climático sea un problema“.

Todos estos factores hacen que la situación actual sea de extrema gravedad “Estamos tan cerca de un desastre natural como lo estuvimos en 1953, cuando las dos superpotencias de la época (USA y URSS) probaron bombas de hidrógeno“, dijo el autor de más de 100 libros refiriéndose a los momentos de tensión de la Guerra Fría.

El filósofo norteamericano explicó que durante ese periodo de la Guerra Fría un grupo de científicos se reunió para “evaluar el estado del mundo y determinar lo cerca que estaban de un desastre natural“.

En este encuentro determinaron que llamarían al peor escenario político “las doce de la noche en punto”.

“Se estableció que en 1947 faltaban siete minutos para medianoche, en 1953 se avanzó a dos minutos para medianoche“, dijo y añadió que luego mejoró la situación de las agujas del reloj.

Si bien Chomsky trata de alentar la esperanza de que el planeta detenga su marcha hacia el suicidio, rechazando la resignación frente a la posibilidad de desenlaces fatales, y propugna un cambio copernicano en la economía y organización mundial, su voz resuena solitaria. Otros investigadores como Piketty proponen una mejora o solución al problema económico de la desigualdad, por medios tributarios, lo que requeriría un consenso absoluto de todos los Estados, difícil de lograr.

No abundan adeptos a estas teorías y predicciones entre los poderosos del mundo y aparece cada vez más estrecho el desfiladero que conduce al abismo.

Día mundial del ambiente: ¿la pandemia nos habilita una nueva relación con la naturaleza?

El Problema Adicional y los roles de la Ciencia y Tecnología

Si bien Chomsky advierte sobre el peligro medioambiental, no se ha detenido en el señalamiento de otro problema de parecida importancia: Los cambios biológicos y ambientales derivados del accionar humano, en conjunción con el cambio climático.

La ciencia y la tecnología, en la búsqueda honesta de soluciones para problemas específicos, (siendo el control de los efectos directos e indirectos de sus aplicaciones prácticas bastante débil), parecen empecinadas en modificar las leyes de la naturaleza. Y esta reacciona con la producción de fenómenos “naturales” adversos en todos los planos (desde la modificación o aparición de microorganismos hasta catástrofes climáticas de gran magnitud). Se ha soslayado el viejo apotegma de antiguas civilizaciones “para dominar la naturaleza hay que someterse a sus leyes”.

Las especies van mutando y las enfermedades que afectaban exclusivamente a una especie animal van adquiriendo aptitudes para afectar otras especies (recuérdese p.e. la fiebre porcina, la aviar, etc.) como parece ser el caso de Covid 19, virus que aparentemente transitó del murciélago a los cerdos y de estos a la especie humana.

De modo que la falta de respeto a la naturaleza y su alteración por obra del hombre (la contaminación medioambiental, el agujero de ozono, el deshielo de los polos), contiene un capítulo hasta el presente relegado a un plano secundario, como lo es la aparición de nuevas y terroríficas enfermedades, que ponen en crisis la supervivencia de los seres humanos.

Numerosos avances científicos muy importantes se han verificado en los últimos años en los campos de la inteligencia artificial, biomedicina, física y biología evolutiva, entre otros. (Ana Jiménez, -Science). Estos “progresos” científicos y tecnológicos han contribuido para mejorar el conocimiento de la materia, y resolver problemas específicos de seres humanos individuales o en la generación de mayores cantidades de productos o mejorar los existentes. Pero también en muchos casos originaron “problemas colaterales” en campos ajenos al objeto de las investigaciones. P.e. el avance en la producción de granos en calidad y cantidad mediante modificaciones genéticas en las semillas, unido al desarrollo de agroquímicos específicos ha contribuído al incremento de graves enfermedades y malformaciones en las personas, y su uso intensivo repetitivo favorecido la desertificación de territorios y la desaparición de otros vegetales carentes de interés para la economía, rompiendo el equilibrio preexistente. Este progreso científico y tecnológico ha adicionado nuevos elementos que favorecen el cambio climático (régimen de lluvias, intensificación de “fenómenos naturales”, sequías, inundaciones, huracanes, etc).

Como siempre, la responsabilidad no es de la ciencia o la tecnología, sino del control de ellas.

A título meramente ilustrativo, a continuación mencionamos algunos de los avances científicos en los últimos tiempos, que pueden conducir a “peligros” para la humanidad, en función de las aplicaciones prácticas que se deriven de los mismos:
– En noviembre de 2017 , la FDA (USA) aprobó por primera vez un fármaco contra el cáncer basándose en su acción a nivel molecular y no en el origen del tumor. La iniciativa ha abierto la vía para autorizar terapias para cánceres minoritarios, para los que no se desarrollan nuevos tratamientos, como por ejemplo la histiocitiosis, un raro cáncer de la sangre.

– En un ensayo clínico, la terapia génica logró curar a niños con atrofia muscular espinal, una rara enfermedad genética. Los médicos sustituyeron el gen defectuoso de las neuronas de los niños por uno funcional inyectándoles un virus que contiene la secuencia correcta del gen.

– Los físicos utilizaron un detector del tamaño de una taza para observar neutrinos emitidos por núcleos de átomos de una forma jamás utilizada hasta ahora. (Los neutrinos son partículas subatómicas que normalmente pasan a través de la materia sin interaccionar con ella). El nuevo avance permite atraparlos sin necesidad de grandes detectores: basta con un aparato que se puede llevar en una sola mano.

– Los científicos han desarrollado dos nuevas técnicas para editar ADN y ARN, que pueden corregir con gran precisión errores puntuales del genoma de las células. Los avances, que se han probado en el laboratorio pero todavía no en personas, allanan el camino hacia el tratamiento de enfermedades. Pero no sólo ello, sino, además, la capacidad de creación en laboratorio de nuevas especies animales o vegetales, partiendo de la modificación de células embrionarias de especies existentes. Una muestra concreta de esta posibilidad la hemos visto en la producción de “animales clonados” y en las semillas “transgénicas”. (Fuente :”La Vanguardia”).

– Otros aspectos posiblemente negativos hacia el equilibrio ecológico y el desarrollo de
la especie humana en el mediano y largo plazo lo constituyen los métodos de producción de los alimentos, (más allá de las novedades introducidas en la producción agrícola antes señaladas que pueden presumirse). Animales criados en un corto plazo, alimentados con semillas transgénicas en ambientes reducidos (free lofts y criaderos)(que no permiten la movilidad de los animales), con un crecimiento acelerado, con aplicación de antibióticos y principalmente anabólicos, y la sistematización artificial de la iluminación.

– Las tecnologías ómicas: Tecnologías de aplicación horizontal que permiten explorar la variabilidad natural desde distintas aproximaciones y conocer el funcionamiento de los seres vivos desde sus diferentes niveles (fisiológico, tisular, celular y molecular) y pueden aplicarse en distintos campos, desde la salud hasta la agricultura, ganadería y piscicultura o los sectores industrial o energético.

– La aplicación de los datos obtenidos mediante las tecnológicas ómicas y de las tecnologías de ingeniería genética han permitido obtener productos con aplicaciones directas en los sectores agrícola y ganadero. Las aplicaciones de la biotecnología en la agricultura y la ganadería son enormes y contribuyen a mejorar y solventar muchos de los problemas que existen en estos sectores. Hasta ahora, es previsible que en los próximos años se continúe avanzando en las herramientas que ayuden en la mejora genética, así como en la modificación genética de variedades con el fin de obtener mejoras en la producción o adaptaciones a condiciones ambientales. La aplicación de las herramientas utilizadas en salud humana a la sanidad animal permitirá el descubrimiento y desarrollo de nuevos fármacos y vacunas para el tratamiento de las principales enfermedades animales, y muy posiblemente se desarrollarán productos biológicos para tratamiento y prevención de enfermedades. Por otra parte las biofactorías para la síntesis de compuestos de interés constituyen una oportunidad, a la vista de la limitada capacidad de producción en biorreactores, que puede en pocos años llevar a problemas de desabastecimiento de biofármacos, por ejemplo. En definitiva, las aplicaciones de la biotecnología abarcan un abanico tan extenso que su presencia continuará creciendo tanto en el sector agrícola como en el ganadero en los próximos años.

– Paralelamente a esta visión optimista, es imprescindible hacer mención a la percepción de los consumidores de los organismos modificados genéticamente y de las legislaciones en esta materia. La confianza de los consumidores en la inocuidad de los alimentos ha ido disminuyendo en los últimos años debido a las distintas crisis alimentarias que han ido sucediendo y que han dado lugar a una sensibilización en materia de seguridad alimentaria. Si bien estas crisis no han tenido relación directa con los organismos modificados genéticamente ni con el uso de la biotecnología, existe una enorme desconfianza hacia esta tecnología, principalmente en Europa. La percepción social de los organismos modificados genéticamente (OMG) en Europa es muy diferente en función de cuál sea su uso. En el caso de los OMG para la producción de alimentos existe una percepción negativa y un cierto rechazo que no existe en el caso de los biofármacos, para los cuales los consumidores se posicionan a favor por sus beneficios sobre la salud. Sin embargo, los consumidores no perciben un beneficio directo en las plantas (o carnes y peces) modificadas genéticamente, al contrario, en muchos casos consideran que estas modificaciones podrían tener efectos negativos sobre el medio ambiente o sobre la salud, por hipotéticas reacciones adversas por su consumo, o alergias, y creen que únicamente benefician a las compañías propietarias de las semillas (o laboratorios). Es previsible que aquellas modificaciones que permitan mejorar las propiedades nutritivas o el enriquecimiento en compuestos bioactivos tengan una mejor aceptación por parte de la opinión pública. (Fuente Fundación Española para la Ciencia y la Tectología (FECIT)).

Las amenazas de la Pandemia y la Crisis. La Ciencia y Tecnología y sus efectos sobre la Economía.

La “incertidumbre” señalada al comienzo no es absoluta, en tanto muchos pensadores de gran prestigio internacional, aseguran que “el mundo” que sobrevivirá no será parecido al conocido hasta 2019.

El debate se plantea en cuáles serán las características de ese nuevo orden mundial, en qué medida se verán modificados: las funciones de los Estados-Nación, los sistemas y modos de producción, acumulación y distribución de la riqueza, las relaciones financieras entre los Estados y entre estos y los organismos internacionales que subsistan, así como el papel que asuman las hoy corporaciones transnacionales.

El aspecto menos lesivo de este problema presente es la relativamente baja letalidad del virus, por lo que la única alternativa actual es tratar de eludirlo mediante el aislamiento social, las restricciones a la circulación de personas y la intensificación de las prácticas de higiene individual.

Pero no todo es negativo en la pandemia. El virus que arrasó todo el planeta con cientos de miles de muertes, simultáneamente abrió un enorme ventanal gracias al cual quedaron a la vista muchos de los problemas que venían aquejando a un sinnúmero de Estados-Nación y a la humanidad en su conjunto desde los inicios de la civilización.

Así quedaron expuestas las colosales magnitudes de la desigualdad, existentes entre las diferentes clases sociales, los enormes porcentajes de miseria reinante en todos los países, el igualmente grandísimo enriquecimiento de una minoría parasitaria, por medio de la especulación financiera, los gigantescos presupuestos estatales para el armamento de fuerzas armadas(en detrimento de la salud, la educación, la vivienda, la seguridad alimentaria , el trabajo, los servicios básicos esenciales, la asistencia humanitaria, etc.), el abandono de la solidaridad social y de toda regla ética en las clases dominantes.

Asimismo se puso de manifiesto la imprescindible necesidad de la presencia del Estado en la vida política, económica y social de todos los países. Sin la intervención activa de y eficiente de los aparatos estatales la resultante de la catástrofe social y económica de la humanidad es impredecible. Aún con la hasta ahora moderada circulación del virus (considerando la dimensión de la población mundial), el panorama del futuro en el planeta es desolador.

Además nada permite afirmar que esta será la última desgracia que pondrá en peligro toda la vida y la civilización mundial.

La transición. En busca del “eslabón perdido”.

El mundo viene transitando una crisis macroeconómica tras otra. A la crisis del neoliberalismo que explotara en 2008, sobrevino la crisis producida por la pandemia, y en el horizonte se puede prever una crisis postpandemia considerando que una organización diferente macroeconómica no ocurrirá de una día para otro.

Numerosos pensadores consideran que al final se producirán grandes cambios dentro del sistema económico capitalista, con fortalecimiento de las presencias estatales, subsistiendo los principios del “mercado” en un ambiente de empobrecimiento general.
Otros sugieren que habrá un giro copernicano, radical, en los sistemas económicos hoy imperantes. Y ello conllevaría una profunda reorganización social que se reflejará en no menos profundos cambios en los sistemas políticos.

No podemos soslayar las características actuales del sistema económico imperante y su opuesto, las que definían el “socialismo real soviético” en sus orígenes.

Si acudimos a la Historia, no hay antecedentes de situaciones similares a la actual.

Es claro que se producirán cambios, pero es dudoso que los mismos se generen en un breve lapso, sin un período de transición.

Lo más racional para formular hipótesis sobre el porvenir, es pensar que no se trata de formular ejercicios de adivinación, sino replantear modelos económico-sociales conocidos y deducir los cambios positivos posibles en los mismos, a partir de fundamentos sólidos.

Parece claro que, por lo menos en un período de tiempo no demasiado extenso, se mantendrán los sistemas de producción, acumulación y distribución de la riqueza actualmente establecidos, pero también parece inevitable el fortalecimiento de la presencia del Estado, con una correlativa debilitación de las reglas y alcances del “mercado”, con una planificación económica centralizada. Si bien estas mutaciones se producirían “dentro” del sistema capitalista, pondrán de manifiesto una tendencia hacia un cambio radical sobre los regímenes de la ”propiedad”, en especial de los medios de producción.

Se trata en definitiva de deducir cómo será la transición de un modelo conocido a uno hipotéticamente más ajustado a las necesidades de la humanidad toda. Eliminación de las desigualdades. la miseria, la especulación financiera y el establecimiento de reglas que aseguren la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, el trabajo, los servicios básicos esenciales, la asistencia humanitaria, las libertades individuales, etc. de todos los seres humanos. Todo ello presidido por el principio de solidaridad social y por normas éticas fundamentales.

Sería ingenuo pensar que estos cambios se producirían pacíficamente. Acaecerían episodios bélicos, de diferente magnitud. En cualquier caso existiría una fuerte resistencia por parte de un segmento minoritario de la sociedad, habituado a disfrutar de enormes privilegios, y un poder de mando fenomenal derivado de su riqueza acumulada, que no se dará por vencido en ningún terreno.

Para comprender las características generales de los modelos posibles a implantarse después de la TRANSICIÓN, nada mejor que resaltar los puntos salientes de los modelos operativos o planteados, en el pasado reciente y en el presente. El primer desafío post-pandemia consiste en pensar los eslabones que deben vincular la realidad remanente de la pandemia con el modelo económico-social y político deseable.

Las reglas políticas hoy imperantes en la mayoría de los países subdesarrollados, (aunque inicialmente fueron pensadas direccionándolas a la América Latina) contaron con el apoyo del FMI. Banco Mundial y el departamento del Tesoro de USA. Se denominaron “Consenso de Washington”. Estas reglas fueron formuladas por el economista John Williamson, del Instituto Peterson, en 1986. Comprendía 10 grandes grupos de recomendaciones político-económicas
1. Disciplina en la política fiscal, enfocándose en evitar grandes déficits fiscales en relación con el Producto Interno Bruto;
2. Redirección del gasto público en subsidios («especialmente de subsidios indiscriminados») hacia una mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo, servicios favorables para los pobres como la educación primaria, la atención primaria de salud e infraestructura;
3. Reforma tributaria, ampliando la base tributaria y la adopción de tipos impositivos marginales moderados;
4. Tasas de interés que sean determinadas por el mercado y positivas (pero moderadas) en términos reales;
5. Tipos de cambio competitivos;
6. Liberalización del comercio: liberación de las importaciones, con un particular énfasis en la eliminación de las restricciones cuantitativas (licencias, etc.); cualquier protección comercial deberá tener aranceles bajos y relativamente uniformes;
7. Liberalización de las barreras a la inversión extranjera directa (IED);
8. Privatización de las empresas estatales;
9. Desregulación: abolición de regulaciones que impidan acceso al mercado o restrinjan la competencia, excepto las que estén justificadas por razones de seguridad, protección del medio ambiente y al consumidor y una supervisión prudencial de entidades financieras;
10. Seguridad jurídica para los derechos de propiedad.

Este conjunto de reglas no es más que la exposición organizada de los objetivos liberales que se perciben en la historia de casi todos los países (con la probable excepción de China, Rusia, Corea del Norte y algún otro Estado) desde hace mucho tiempo. Su aplicación se ha visto reforzada en las últimas décadas con la amplia “valorización financiera” motorizada por la especulación. Por otra parte este ramillete de reglas no ha tenido una aplicación completa ni homogénea. (p.e La regla n°2 siempre ha sido ignorada, y la n° 4 aplicada con diferentes condicionalidades).
Williamson ha reconocido que el concepto ha sido utilizado con un sentido diferente al original.
“… nunca tuve la intención de que mi término implique políticas como la liberación de la cuenta capital, el monetarismo, la economía centrada en la oferta o de un Estado mínimo”.
(Naim Moises, “el Consenso de Washington o la confusión de Washington? 1999)
Debe destacarse que el neoliberalismo así emergente, privilegiando “el mercado”, también es conocido como “fundamentalismo de mercado”. Cabe no obstante señalar que los países “desarrollados” del llamado “mundo occidental” nunca se atuvieron ni se atienen a estas reglas. Tanto Gran Bretaña como USA tuvieron durante más de dos siglos (y aún tienen) políticas económicas intervencionistas y proteccionistas, considerando el hoy llamado “Consenso de Washington“ nocivo para su propio desarrollo, y conveniente para los países más atrasados. Una vez que alcanzaron un lugar económico predominante, “patearon la escalera” por la cual habían subido, con la finalidad de privar a otros de la posibilidad de subir detrás, de modo de no tener competencia en la elaboración de productos con alto valor agregado.

(Cf. “Patada a la escalera” por Ha-Joon Chang. Universidad de Cambridge y Fiedrich List, economista alemán de siglo XIX).

Esto no es una reflexión actual. Es ilustrativo recordar a los que hoy son campeones del “mercado” y del librecambio, las palabras proféticas del Gral. Grant, héroe de la guerra civil norteamericana y Presidente de los EE.UU. en 1868.

“Durante siglos Inglaterra confió en medidas de protección, las llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a ese sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer. Muy bien, caballeros, mis conocimientos de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos cuando América haya obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio”.

Hoy esa sentencia podría dirigirse a USA.

En la época de su formulación, Joseph Stiglitz escribió que “las políticas del Consenso fueron diseñadas en respuesta a problemas, muy reales de América Latina y tenía un sentido considerable aplicarlas”. Stiglitz sería luego un crítico abierto de las políticas del FMI tal como se aplicaron en las naciones en desarrollo. Para Stiglitz “la aplicación del Consenso de Washington causó un fracaso sin precedentes, tras prometer el mayor éxito”.
(Stiglitz Joseph “La Globalización y sus descontentos” -2002; “www.Lanación.com.ar/523566”)

A pesar de la amplia aunque defectuosa aplicación del “Consenso”, dado que en el corazón del mismo está en el principio de la “libertad de mercado” en tos los campos, parece improbable que algunos cambios cosméticos o aún de cierta profundidad puedan reorientar el modelo hacia una situación cercana que contenga la eliminación de las desigualdades. la miseria, la especulación financiera y el establecimiento de reglas que aseguren la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, el trabajo, los servicios básicos esenciales, la asistencia humanitaria, las libertades individuales, etc. de todos los seres humanos.

Todo ello presidido por el principio de solidaridad social y por normas éticas básicas.
Este modelo perimido tiene más posibilidades de fracaso que de buen éxito.

Un modelo casi diametralmente opuesto al “Consenso de Washington”, fue propuesto, dentro del sistema económico dominante, no por un conjunto de Cerebros académicos sino, paradójicamente, por un movimiento nacional de trabajadores unos 30 años antes (1957, 1962).

El Congreso donde se aprobó fue patrocinado por la llamada “Columna vertebral del Movimiento Nacional Peronista”, (62 Organizaciones), (CGT de los Argentinos – CGT Auténtica) (en la localidades Argentinas de Huerta Grande y La Falda -Córdoba).

Las circunstancias de su elaboración fueron especialmente singulares : El líder Peronista estaba en el exilio. El gobierno del país provenía de un golpe de Estado militar, (como siempre, antiperonista), sucesor de la “Revolución Fusiladora” de 1955. Este Congreso propulsado por las “segundas líneas” del Movimiento Nacional y Popular, fue el que elaboró un programa conteniendo objetivos que resultan más atractivos y próximos a las necesidades que emergerán en la post-pandemia:

El programa de Huerta Grande

1 Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.
2 Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.
3 Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficos.
4 Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales.
5 Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.
6 Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción
7 Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.
8 Implantar el control obrero sobre la producción.
9 Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.
10 Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.

La creación de los eslabones para vincular le situación post pandemia con este modelo, exige un enorme apoyo popular y una conducción política de alto nivel en formación cultural y capacidad de mando, siendo indiferente si se trata de caudillos democráticos o autoritarios.
Sería conveniente estudiar este problema a nivel regional, pero ello excede la extensión y el propósito introductorio de este trabajo.
No obstante es posible entrever que un mundo más justo es posible.

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