Prejuicios y discriminación

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Cuando me pongo a analizar ciertas conductas mías, las de conocidos, descripciones en diarios, televisión, y varios lugares más, siempre me intrigó el nivel de prejuzgar comportamientos de personas desconocidas, basándose en su apariencia sin esperar a conocerlas. Lo primero que observamos cuando nos presentan a alguien es su aspecto físico. Parece inevitable no fijarse en lo que solo entra por los ojos, sin hacer el mínimo esfuerzo y esta información casi automáticamente se envía al cerebro para ser procesada.  Todos, en más o menos, usamos el prejuzgamiento en nuestra vida diaria.

Hace años, cuando estudiaba Medicina Legal, un nombre me llamó la atención, César Lombroso y no porque en los libros le dedicaran más de media página, sino porque para el docente era un genio.

Cuando terminé la materia y venía el verano, se me ocurrió buscar algo más de este personaje. Al principio tuve como datos nada más que fue un médico italiano nacido en Verona en 1835, que tuvo gran peso en la historia ya que fue el fundador de la Antropología Criminal y la Escuela Positivista.

Para César Lombroso, el aspecto físico de las personas tenía relación directa con su inclinación a ser un delincuente. Por supuesto, la base científica de este criminólogo se destaca por su ausencia, por lo que en su visión no tuvo miedo en afirmar que la forma de una mandíbula, oreja o cráneo podía revelar si su portador era un criminal o no. También defendió que otros factores como el clima o la ortografía permitían identificar a priori a un delincuente, pero la del aspecto físico es la que más le llamaba la atención.

Sospechaba que las mujeres destinadas a cometer crímenes desarrollaban una fuerza inusual, en tanto que las prostitutas se dedicaban a este comercio debido a su particular belleza. Tales planteamientos resultan difíciles de corroborar con la observación directa, y, tras años de estudiar fotos de delincuentes, de medir sus cráneos y cuantificar sus bíceps y tatuajes, se encontró prácticamente donde había empezado ya que los signos inequívocos de degeneración, como deformaciones craneales o hirsutismo simiesco, se manifestaban en muy contadas ocasiones. En realidad fue un gran discriminador y prejuicioso que escribió sus pensamientos.

Aunque resulte asombroso, la doctrina lombrosiana influyó en la medicina, el derecho, la educación e incluso la literatura, y para bien o para mal, actualmente sigue habiendo seguidores aunque no sepan de su existencia. Cuando me pongo a analizar ciertas conductas mías, las de conocidos, descripciones en diarios, televisión, y varios lugares más, siempre me intrigó el nivel de prejuzgar comportamientos de personas desconocidas, basándose en su apariencia sin esperar a conocerlas. Lo primero que observamos cuando nos presentan a alguien es su aspecto físico (su organismo, su forma de vestir, su atractivo, sus gestos, etc.). Parece inevitable no fijarse en lo que solo entra por los ojos, sin hacer el mínimo esfuerzo y esta información casi automáticamente se envía al cerebro para ser procesada.

Esto es lo que pudo comprobarse en una campaña publicitaria que acabó transformándose en un pequeño experimento psico-sociológico. La cerveza danesa Carlsberg, en un intento por realizar una promoción novedosa, llenó una sala de cine con motoqueros, de aspecto físico rudo y poco amigable, dejando tan sólo dos butacas vacías en el centro de la sala. Las parejas se topaban con este gremio de fachada intimidante, y en ese momento tenían que decidir si irse o quedarse. Algunas parejas tardaban pocos segundos en marcharse, otras dudaban, y un grupo minoritario elegía, aunque desconcertado, acomodarse en sus butacas.

Este experimento demuestra cómo la gente en sus relaciones personales se deja condicionar por los rasgos físicos, determinando así sus elecciones y actuaciones. En otros casos, este prejuicio acerca del aspecto físico es más inconsciente: como por ejemplo, cuando se cruza de vereda al coincidir con alguien que “parece” amenazante por su fisonomía o vestimenta; o cuando comienzas a hablar en una sala de espera con alguien que parece agradable o atractivo por su presencia o semblante.

En la parte literaria no voy a abundar, porque en general la descripción de los personajes ya los juzga. En definitiva, existe una discriminación positiva y negativa en base a la apariencia física. Se genera a través de los esquemas que vamos elaborando a lo largo de nuestra vida. Así, tendemos de entrada a aceptar y juzgar positivamente a alguien exclusivamente porque encaja con el físico que has catalogado en tu memoria como “atractivo”; y al contrario, tiendes inicialmente a alejarte o rechazar a aquellos con un físico etiquetado como “desagradable o peligroso”.

Finalmente, si ya hubo escritos sobre prejuzgar y fundamentalmente en la ciencia de Aristóteles, que pasó con Lombroso que tuvo y tiene tanta influencia, si lo único que hizo fue asociar en forma arbitraria y pésimamente científica la tendencia a ser delincuente con la estructura física. Realmente no lo comprendo, pero todos en más o menos usamos el prejuzgamiento en nuestra vida diaria.

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