Que no escape ninguno

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Más allá del deseo categórico de millones de compatriotas que ya en más de una oportunidad han reeditado aquella consigna desesperada (Que se vayan todos), es imperioso modificarla por “Que no escape nadie”, (después del diez de diciembre) para que una Justicia justa, no la actual Corporación Judicial, se encargue de encausar las conductas públicas de todos y cada uno de los integrantes de este rejunte oprobioso.

Nunca se supo, promediando la siniestra jornada del miércoles 19 de diciembre de 2001, de qué desnutrida cacerola, tan desbordada de injusticias como vacía de calorías partió el primer repiqueteo que derrumbó a un régimen ineficaz y claudicante. A ese primer son, de manera rítmica y acompasada se le sumaron cientos, miles a lo largo y ancho del país, apremiados por la necesidad de desembarazarse de otro gobierno radical incapaz de culminar una gestión.

Numerosísimos argentinos archivaron en sus mentes amnésicas la convertibilidad, blindajes, trueques, saqueos y otras situaciones que los impulsaron a ganar las calles, ya que sólo tenían su vida para perder. Un indescriptible Fernando de la Rúa, único y máximo responsable de la implantación del Estado de Sitio, con su secuela de corridas, heridos y muertos a cargo de hordas desaforadas, se rodeó de personajes tan indignos que, lamentablemente, desde hace cuatro años recobraron vigencia y continúan sirviendo a otro perro con distinto collar.

Infinidad de compatriotas, desde el lugar en que las circunstancias los encontrara, comenzaron a corear la consigna “Que se vayan todos”, incluyendo en esos “Todos” a Domingo Cavallo, Hernán Lombardi, Darío Lopérfido, Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger, (Secretario de Política Económica y uno se los autores del ruinoso Megacanje), Carlos Melconian y Alfonso Prat Gay eternamente “merodeando”, Oscar Aguad, estafador en Corrientes como interventor provincial y –seguramente-, segundas y terceras líneas recicladas en secretarías y ministerios.

Fatídicamente, en 2015, 679.048 electores torcieron la balanza hacia quien, a la postre, se calzaría la banda presidencial en calidad de múltiplemente PROcesado.

Sin utilizar los notorios “cien días” que dicen gozar todos los gobiernos recién asumidos, MM generó miles de cesanteados, devaluó, hecho que originó una inflación galopante obligando a muchísimos argentinos a revolver basura para comer, exhibió –procazmente- la desfachatez de sus PROcesados ministros y secretarios, prohijó el desmantelamiento total de organismos de control de toda índole, construyó un delirante relato paradisíaco de la realidad, jamás asumió sus nunca aclaradas participaciones en los denominados Panamá Papers, en la causa del Correo, los parques eólicos, las autopistas y lo último, lo más ominoso, humillante y gravoso, la brutal toma de deuda para engordar las billeteras de un puñado de piratas que suplantaron el garfio y la espada por refinados mecanismos de “Empréstitos”.

Por eso, más allá del deseo categórico de millones de compatriotas que ya en más de una oportunidad han reeditado aquella consigna desesperada (Que se vayan todos), es imperioso modificarla por “Que no escape nadie”, (después del diez de diciembre) para que una Justicia justa, no la actual Corporación Judicial, se encargue de encausar las conductas públicas de todos y cada uno de los integrantes de este rejunte oprobioso.

Como explicitar los motivos por los que no debe pirárselas MM me insumiría hojas y hojas, comenzaré un breve y anárquico listado descendente. No pueden salir impunes Patricia Bullrich y sus crímenes; Luis Caputo, remitente de las reservas argentinas de oro a Inglaterra; G. Dietrich y sus negociados aéreos; N. Dujovne un ex triste cipayo televisivo de quien se desconoce el paradero tras su gigantesca estafa, G. Garavano y sus aprietes judiciales; Marcos Peña y sus bandas de desestabilizadores cibernéticos; R. Frigerio y su estudiada “mesura”; Jorge Faurie, embajador indigno del cargo, obediente al Imperio y entreguista de nuestras Islas Malvinas; A. Ibarra, F. Cabrera, A. Finocchiaro, Esteban Bullrich, senador merced a aportes “truchos”, Dante Sica, Lino Barañao y su catástrofe en Ciencia y Tecnología, el familiarmente denunciado Luis M. Etchevehere, el aforístico e inservible S. Bergman, la “estrellita” Caro Stanley, hierática y feroz con millones de desamparados y un animalado Pablo Avelluto.

Un capítulo aparte para Elisa Carrió, la más irracional, psiquiátrica, grosera, mística, delirante, apocalíptica y vividora serial de todos los habitantes del país, que, desde 1978, promediando la dictadura militar, supo servir a la misma en Chaco como como “Asesora de fiscalía de Estado”, cargo para el que debió jurar por los estatutos del proceso de reorganización nacional y que a partir de allí nunca le faltó conchabo estatal.

Soslayando al 95% de pseudos periodistas babosos y serviles, no debemos exceptuar de esta lista a la mayoría de los compontes de Comodoro Py, pero sí la podemos encabezar con dos símbolos de la corrupción y el latrocinio: el tirador Claudio Bonadío y el pertinaz amotinado Carlos Stornelli, feroces con los desvalidos y sumisos ante los poderosos.

Una vez asumido el gobierno Alberto y Cristina, no podemos ni debemos hacer un comprensivo “borrón y cuenta nueva” sino que, a través de los mecanismos que correspondan, y sin influir sobre ninguno de los restantes Poderes del Estado, pero apoyando la revisión de las injustas condenas a nuestros presos políticos, debemos lograr QUE NO ESCAPE NADIE.-

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