Rahola en Buenos Aires: Síntomas de la ezquizofrenia catalana

Compartir

En su última intervención en la Feria del Libro, haciéndose eco de los periodistas de la derecha liberal en el país, Pilar Rahola condenó la presentación que hizo la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de su libro. En estas defensas de la libertad de expresión encontramos a la enconada libertaria catalana. En una muestra de arbitrariedad y en un desafío a los supuestos valores que ella misma dice encarnar en Catalunya, acusó a la Feria de rebajarse por permitir que Cristina Fernández presentara su obra ante un público militante.

Argentina, otra vez saqueada

Argentina (y América Latina en general) transita una de las épocas más oscuras de su historia de sangre y fuego. A la profunda crisis regional se suma el embate impiadoso de las derechas del subcontinente y la nueva política injerencista de Washington. En Brasil y Argentina el retroceso en términos sociales es notorio. La velocidad del deterioro institucional no tiene precedentes, pese a la propaganda mediática internacional que ha querido acusar a los llamados gobiernos progresistas de la última década de «populistas» (y, por ende, «antidemocráticos»).

La catástrofe social en Argentina es profunda. En tres años, el gobierno de Mauricio Macri ha logrado incrementar la pobreza de manera exponencial, ha quebrado el tejido industrial, acelerado los procesos inflacionarios hasta posicionar al país en el podio tras Venezuela, Sudán y Zimbawe, y re-endeudar al país en 250.000.000.000 de dólares, logrando el glorioso récord de haber recibido el desembolso más abultado en toda la historia del Fondo Monetario Internacional, condicionando de este modo a las generaciones futuras.

En otro orden de cosas, el gobierno de Macri llegó al poder gracias a la denuncia una corrupción sistemática del gobierno de los Kirchner. Sin embargo, pese a la avalancha de operaciones mediáticas, la evidente arbitrariedad de algunos jueces y fiscales comprometidos ideológicamente con el proyecto macrista, el apriete desvergonzado de empresarios condenados a prisión preventiva por no haber querido denunciar al gobierno anterior, y una abierta y frenética actividad del ejecutivo operando sobre la justicia por medio de periodistas, espías y mafiosos, las causas de corrupción contra el kirchnerismo no prosperan, y muchas de ellas sencillamente se caen, pese al esfuerzo notorio por seguir explicando que el problema del país es que los Kirchner se robaron un PBI. Una verdadera osadía, indudablemente.

Muy diferente es la situación de Macri, sus familiares y funcionarios. El blanqueo de capitales para familiares y funcionarios promovido por el ejecutivo a través de un decreto presidencial y en contra de la ley emanada de las cámara; el copamiento de la magistratura, la remoción de jueces y fiscales, el nombramiento a dedo de los mismos (incluso de un miembro de la Corte Suprema al comienzo de su mandato, hoy denunciado por tráfico de influencias e información privilegiada); el desguace de la oficina de corrupción (hoy dirigida por Laura Alonso, denunciada por su estrecha relación con el fondo buitre de Paul Singer, principal acreedor de la deuda argentina del 2001, y el lobbista de la derecha israelí en el país) son algunas de las estrategias que utiliza el gobierno del empresario Macri para blindarse frente a la escandalosa evidencia de su actividad delictiva. Desde la aparición de 50 cuentas off-shore a su nombre en los famosos Panama Papers, y el escándalo de Oberdrecht que afecta a su grupo empresarial, a algunos de sus familiares más directos, e incluso al hombre del fútbol y amigo del presidente, Gustavo Arribas, hoy a cargo, nada más y nada menos que los servicios de inteligencia, el presidente no ha dejado de ser sospechado.

Hoy sabemos que Macri ganó las elecciones gracias a la falsa denuncia del asesinato del fiscal Nisman, y otras falsas denuncias como la que le endilgaron por narcotráfico a Anibal Fernández, por entonces candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, quien hoy, después de haber perdido la elección, se pasea sin problemas por las calles del país y los platós de televisión porque la denuncia era, efectivamente, falsa; y, por ello fue desestimada, incluso por los propios protagonistas de la trama novelesca, que junto a una diputada de la nación (Elisa Carrió) y un periodista estrella (Jorge Lanata), llevaron a las pantallas de la corporación mediática los falsos testimonios de tres asesinos brutales para involucrar al político.

Las cruzadas de Rahola

Pilar Rahola tiene un lugar en este entramado de corrupción política y mediática. En 2015, en el principal programa televisivo de chimentos del país, conducido por una señora que recuerda a la Ana Rosa española (Mirtha Legrand) y al que habitualmente la periodista catalana asiste en sus visitas a Buenos, atacó de manera impiadosa a la pareja del candidato kirchnerista y apostó su reputación por el gobierno de extrema derecha y neoliberal que hoy conduce el ingeniero Macri. Rahola es en Argentina una representante vociferante de la derecha argentina. Se codea con la crema de los reaccionarios y sonríe a diestra y siniestra a los adalides del revisionismo conservador y liberal obsesionado con los movimientos populares del país.

Ninguna de las pruebas de la corrupción económica y la corrupción institucional del macrismo le ha hecho moverse un ápice de su posición en estos años. Rahola es una solapada defensora, a ultranza, de la contrarrevolución conservadora en América Latina. Su antagonismo contra el populismo, su archienemigo, no tiene límites morales. Apoya el intervencionismo estadounidense y hace lobby abiertamente en el país en defensa de la derecha israelí, llegando al absurdo de promover una versión desacreditada del supuesto asesinato de un fiscal de la Nación que hoy se sabe corrupto y operando en connivencia con el principal fondo buitre dirigido por Paul Singer. En Argentina, la patina sensible de Rahola se desdibuja hasta dejar expuesta su esperpéntico talante reaccionario. Apuesta por la mano dura, y sirve a los intereses de los negacionistas del genocidio, y a los herederos de las riquezas saqueadas a las clases populares del país. De republicanismo no tiene mucho, porque es una fervorosa militante de la oligarquía local, quienes la invitan por sus bufonescas diátribas contra el populismo, a través de las cuales aseguran los votos de los odiadores seriales de las clases populares y sus representantes políticos.

En su última intervención en la Feria del Libro, haciéndose eco de los periodistas de la derecha liberal en el país, condenó la presentación que hizo la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de su libro. Un libro que sus seguidores y muchos de sus no seguidores han premiado comprando, literalmente, cientos de miles de ejemplares, convirtiéndolo en un fenómeno editorial sin precedentes en el país. Aliada a los más conspicuos admiradores del escritor peruano Vargas Llosa, la ex-ERC repite las mismas razones que Vargas Llosa expone en el periódico El País, para que sean replicados en su alter ego porteño, el diario La Nación, para coartar la libertad de expresión de su enemiga política en el continente. De acuerdo a Rahola, la fundación del Libro no debería haber permitido la presentación del libro de Cristina Fernández de Kirchner, en complicidad evidente con Jorge Lanata, quien llamó abiertamente al boicot. En estas defensas de la libertad de expresión encontramos a la enconada libertaria catalana. En una muestra de arbitrariedad y en un desafío a los supuestos valores que ella misma dice encarnar en Catalunya, acusó a la Feria de rebajarse por permitir que Cristina Fernández presentara su obra ante un público militante.

Unos días antes, algunos simpatizantes de Macri habían llenado otro foro, en el que se presentaba una obra dedicada a probar la inexistencia de campos de exterminio y tortura durante la dictadura militar. El autor del libro es un genocida, y el presentador de la obra un periodista ultramacrista que defiende a capa y espada la figura del fallecido dictador Jorge Rafael Videla. La feria del libro se desmarcó abiertamente de la promoción de ese libro negacionista, pero se felicitó por el éxito editorial del libro de Cristina, aclamando por una multitud dentro y fuera de la feria. Pilar Rahola, encendida y aplaudida por los mismos negacionistas que habían vociferado su indignación por el repudio social a un libro con el cual concuerdan explicita o veladamente, condenó furiosamente el libro de Cristina, su odiada populista.

Entre los presentes en el foro en el que habló Cristina Fernández de Kirchner estaban los más destacados referentes de los movimientos locales de defensa de los derechos humanos, acosados por el gobierno macrista desde el primer día de su mandato. El premio Nóbel de la paz Adolfo Pérez Esquivel ha sido taxativo respecto a la falta de compromiso con los derechos humanos del gobierno de Macri, denunciando las muchas detenciones ilegales que se han sucedido a lo largo de su mandato contra referentes sociales y opositores políticos. De manera semejante se ha pronunciado Estela de Carlotto, la presidente de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, quien ha descrito la relación con el gobierno de Macri como antagónica. Son muchos los ministros de Macri que han defendido posturas relativistas frente al genocidio, y unos cuantos que abiertamente militan por el negacionismo.

En Catalunya, Rahola es una figura respetada y hegemónica. Los políticos y los periodistas le temen como a la lepra. Su mala educación es consentida de manera obsecuente, aún cuando sus argumentos, en muchas ocasiones, son pobres y «trumpeanos». Se la considera progresista por un dudoso pasado hoy irrelevante, pero sus posiciones son claramente retrogradas, excepto en aquellos temas ambiguos que producen rédito entre su público recalcitrante.

Dos Catalunyas

Rahola es un síntoma de Catalunya. Las próximas elecciones deben decidir muchas cosas. Para empezar, la nueva hoja de ruta respecto al encaje o desencaje de Catalunya en España. Pero no menos importante es algo de lo que se ha discutido menos: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Catalunya? Porque va llegando la hora de empezar a dejar de pensar en este país como de una entidad una y trina, y verlo como lo que es, con sus grandezas y sus flaquezas, en su finitud y en su humana imperfección. Rahola es un personaje que empobrece la grandeza del país. Convertida en «fiscal de la república», Rahola exige tolerancia frente a su intolerancia y prepotencia, lo cual le permite pasearse por el mundo con su plasticidad oportunista, escudada en el suspuesto destino incólume de su causa nacional, pese a las contradicciones evidentes de su contorsionismo ideológico.

La cobardía tiene muchos rostros, entre ellos la máscara que utilizan los que no quieren ver lo que es evidente por miedo a que se les acuse de «no ser de los nuestros». El periodismo catalán, la política catalana, la cultura catalana, se debe una investigación sobre la actividad de Rahola en América Latina. Sus gritos en los platós de televisión y su presencia omnipresente en el foro público, su grupo de forofos encendidos y el temor que llevan en la piel los que se atreven alguna vez a contradecirle, demuestra que en esto también nos jugamos nuestra madurez democrática.

Comentarios

Comentarios

Mi Voz

Mi Voz

Los artículos de nuestros lectores. Porque Nuestras Voces no es un medio, es una comunidad. Para escribir tu artículo ingresá al menú Mi Voz, opción Escribí tu nota.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 15/10/2019 - Todos los derechos reservados
Contacto