Síganme, no los voy a defraudar

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Carlos Saúl Menem muy pronto dejó archivadas las promesas electorales de salariazo, revolución productiva, la equiparación de niños ricos con tristezas y niños pobres con necesidades, y por supuesto, su slogan de campaña “Síganme, no los voy a defraudar.» «Carlitos», sumergió al país en una sucesión inimaginada de acontecimientos, uno más perjudicial y bochornoso que otro.

En 1989, en la estación Laferrere, en medio de una gran algarabía, participé -junto a miles de compañeros- del cierre de campaña de C. S. Menem, a quien voté por única vez. Sin ninguna duda que la complicidad del mismo había anticipado la partida del primer presidente surgido por elecciones luego de la criminal dictadura de José A. Martínez de Hoz y Jorge Videla.

Una vez producido el frustrante desalojo del gobierno –golpe económico mediante- del Dr. Raúl Alfonsín, el pueblo peronista rearmó sus filas y se comenzó a preparar para los comicios con que se iba a substituir al mandatario depuesto.

El diez de agosto de 1988, Carlos Menem se impone en las elecciones internas del PJ a Antonio Cafiero, quien por ese entonces gobernaba la provincia de Bs. Aires, que contaba con el cuarenta por ciento del padrón electoral del país. Menem, proviniendo de La Rioja, territorio con tan sólo el dos por ciento de afiliados justicialistas, se encaminaba a una segura y categórica derrota electoral (que no fue), máxime que Cafiero se había rodeado de un grupo de “Jóvenes brillantes” de la época, como eran Carlos Grosso, José Luis Manzano, José Octavio Bordón y José Manuel de la Sota (qué lejos quedaron de esa brillantez.) Con el paso de las décadas, todos aquellos que creímos ver en ellos una esperanza nos sentimos profundamente frustrados, al conocer el rumbo que cada uno de los nombrados encaró posteriormente.

A sólo veintinueve días de haber asumido el nuevo mandatario, trabajando en la agencia de Segba de G. Catán, levanté la cabeza de los papeles que analizaba al oír, en un reportaje radial “que -debido a la situación heredada- recortaremos privilegios obreros”, apelando al mismo sector, (tomado invariablemente como vara de ajuste), ya que jamás se apuntó a reducir la rentabilidad de las empresas. Raudamente me miré con un colega y nos dijimos al unísono “El Turco nos cagó”

Ya había instalado en el Ministerio de Economía a Miguel Roig, hombre del riñón de Bunge y Born, una de las más fuertes empresas multinacionales radicadas en el país. Ante el súbito e imprevisto deceso del mismo, lo reemplaza Néstor Rapanelli, otro ejecutivo afín, conservando de esta forma el rumbo económico y una prolongación en la orientación. Muy, atrás, pero cerca en el tiempo, habían quedado archivadas las promesas de salariazo, revolución productiva, la equiparación de niños ricos con tristezas y niños pobres con necesidades, y por supuesto, su slogan de campaña “Síganme, no los voy a defraudar…”

Así es que caí en la cuenta que el presidente se permitió (y le permitimos) ilustres muestras de cipayismo y cesión del irrisorio patrimonio conque se contaba, como así también descaradas acciones íntimas que muchos disimulaban expresando ¡¡Qué piola este Carlitos!! Pero Carlitos, sumergió al país en una sucesión inimaginada de acontecimientos, uno más perjudicial y bochornoso que otro.

En 1991, el industrial italiano Massimo Dal Lago, le obsequia un ejemplar de Ferrari Testarossa 348BT, de la cual se fabricaron sólo ocho mil unidades, y a la que, en su desfachatez, el presidente se la adjudicaba bajo el argumento de “la Feyari es mía…” y con la que circuló a la costa argentina (ruta 2 cortada) a más de 200 kilómetros por hora. Armando Gostanian, conocido como el “Gordo Rebolú”, fue un turbio personaje que Menem ubicó al frente de la Casa de la Moneda. No sólo imprimió en papel moneda de curso legal una serie de billetes llamados “Menemtruchos”, por el sexagésimo onomástico del personaje, sino que, en un momento duplicó la numeración del dinero real circulante. Frente al Ministerio de Salud, fue escogida la médica psiquiatra Matilde Svatetz de Menéndez, bajo cuya gestión murieron por inanición treinta y dos internas del Hospital Braulio Moyano.

En Acción Social fue designado Antonio Bauzá, quien, apenas iniciada su gestión, compró 1.300.000 guardapolvos escolares a la empresa Herrera Hnos. quién los cobró por adelantado. Pesquisas posteriores probaron que la sociedad hacía dos años que no registraba actividad comercial y que su presidente era un indigente. Antonio Vanrell, a la sazón vice-gobernador santafesino, adquirió de “Manera urgente y sin licitación”, una supuesta partida de juguetes, zapatillas, pan dulce y sidra para ser distribuida “Entre los pobres”, hecho luego desbaratado por un fiscal, que imputó a Vanrell el desvío de tal dinero al pago a legisladores provinciales para aprobar ciertas leyes.

Si bien cualquiera de los sucesos referidos reviste gravedad institucional, (en lo personal expulsó –brigadier Antonietti mediante- a su esposa Zulema Yoma de la Quinta de Olivos), no son significativos al compararlos con el verdadero desguace del Estado Argentino, el cual fue resignando, vía privatizaciones, todas las empresas nacionales que aún resistían sus políticas entreguistas y en beneficio de un minúsculo grupo de magnates nacionales y extranjeros.

Así fueron derrumbando a Segba, OSN, Entel, (a manos de María Julia Alsogaray), AA, Correo y Telecomunicaciones, FFCC (ramal que para ramal que cieya) la emisión de DNI y el espectro radioeléctrico, que dejó en manos de la empresa francesa Thales Espectrum todas las comunicaciones del país, la voladura de una ciudad a efectos de disimular un contrabando de armas, para luego, en su momento elegir a Claudia Bello frente a las posibles consecuencias del “Efecto I- 2K”, fenómeno luego producido con el advenimiento de Néstor y Cristina. Los argumentos usados fueron reducir el déficit fiscal, -el cual generaron antes-, avivando así una hiperinflación, que “sería controlada con el producto del desprendimiento de las Ineficientes Empresas Estatales”. Otra explicación en aras de justificar el remate, fue “Pagar la deuda externa”, hecho que no se produjo y así los argentinos nos quedamos sin empresas y con más deuda. En 1992, por el traspaso de Segba a Edenor (por 99años), empresa donde presté servicios, el Estado absorbió un déficit de 1480mdd, transfirió a los adjudicatarios 330mdd y cobró 1294mdd, o sea que derrochó 516mdd. La mayoría de las privatizaciones las pergeño y materializó el abogado mendocino José Roberto Dromi durante su paso por el Min. de Obras y Servicios Públicos.
Para el país fue más de una década oprobiosa, donde día tras día todos fuimos dejando, bienes, poder de compra, orgullo y jirones de dignidad en el camino, hundidos en una profunda crisis. No fue verdad que en esa época no hubo inflación (ni vergüenza), lo que imperó fue un inmovilismo tal que, al que lo encontró en la cresta de la ola, allí continuo y los que apenas la “surfeábamos” fuimos tragados por insondables profundidades.-

Desde Villa Luzuriaga, harto pero resistiendo y escuchando “Recuerdo”, de y por Don Osvaldo Pugliese, Carlos Galli.- 16-02/2021.-

PD: seguramente es de rigor, seguramente está así establecido, pero me suena a ironía que el Congreso, caja de resonancia de todas y cada una de las perrerías cometidas por C. S. M. acoja en su seno sus restos mortales. Comentario aparte para Alberto Fernández, y su postura de referirse al occiso como “Un demócrata”. Cuánto me complacería que el mandatario abandonara su postura “Roberto Carlos”. No se puede tener un millón de amigos.-

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