Soberanía: el número o el conocimiento

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En nuestra sociedad no termina de hacerse explícito el debate acerca de los principios que realmente gobiernan nuestras decisiones y que se esconden tras una moralidad que dice lo que debe ser correcto mientras hace otra cosa.  La consecuencia perversa es que cualquier tipo de propuesta partidaria puede enunciar como propios la consecución de estos fines sociales sin importar los métodos o los caminos que lleven a su concreción real.

Las democracias liberales como la argentina se mueven entre dos formas de legitimación, el de las mayorías y el de los principios o conocimientos objetivos.

Como explicaba el gran Jorge Dotti en sus clases de filosofía política, los sistemas liberales que defienden la libertad de los individuos frente al Estado, necesitan un criterio externo al de la soberanía ilimitada otorgada por el pueblo a sus gobernantes.

Por ejemplo: si todos votáramos que hay que eliminar a los pajaritos habría un principio de belleza y además un conocimiento científico de equilibrio ecológico aportado por la biología que nos limitaría en nuestra decisión soberana.

Pensando las cosas de esta manera y tratando de hacer un aporte a la discusión dentro del movimiento popular se me ocurren dos problemas.

El primero es que en nuestra sociedad no termina de hacerse explicito el debate acerca de los principios que realmente gobiernan nuestras decisiones y que se esconden tras una moralidad que dice lo que debe ser correcto mientras hace otra cosa.

Pienso que este problema viene del tipo de organización político constitucional que tenemos. Sin ser un conocedor, sino todo lo contrario, pienso que nuestra constitución plantea una serie de generalidades como el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación pero evita decir bajo que sistema económico social podrían alcanzarse estos objetivos.

La consecuencia perversa es que cualquier tipo de propuesta partidaria puede enunciar como propios la consecución de estos fines sociales sin importar los métodos o los caminos que lleven a su concreción real.

La segunda cuestión, más que interesante, es la relación que establece el peronismo entre política y economía. Como dice Dotti, el criterio objetivo científico económico de producción e intercambio de mercancías de manera privada es un límite a la acción política, y esto si esta en la Constitución, según creo.

Entonces puede pensarse el siguiente problema, como el peronismo plantea una regulación estatal, política externa al funcionamiento de la economía privada pero respetándola y estimulándola desde la política, tal vez entonces no intervenga con suficiente fuerza sobre la matriz de conocimiento objetivo económico como para modificar la regulación externa a la política.

Es decir, se respeta demasiado la empresa privada y libre y se la estimula a través de la demanda sin cuestionar sus principios organizativos ni su lógica de funcionamiento y su manera de estructurar y producir relaciones sociales y subjetividades individualistas y dependientes del mercado.

En este sentido la constitución de 1949 se hacía cargo del tema e intervenia en las empresas subordinándolas al interés social.

Asi llegamos por otra via al viejo tema de que si no se discute la lógica objetiva económica y se cuestiona esa objetividad científica, entonces el momento político no tiene la suficiente fuerza para sostenerse en el tiempo porque desde su propio poder alimenta las relaciones capitalistas. Tal vez esto sea suficiente en tiempos de crisis y escasez pero cuando los criterios económicos recuperan su vigencia al ser efectivos en la realidad cotidiana, entonces se imponen al control político y volvemos a empezar en un cansador eterno retorno de la misma ambición patronal legitimada por una sociedad hecha a su imagen y semejanza.

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