Termitas neoliberales

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Como las termitas fueron destruyendo el edificio social, cultural y económico, creando a la vez la ilusión de que estaba sólido y que cada vez estaría mejor. Cuando comenzó a verse el polvo de la destrucción y el espejismo se fue resquebrajando, muchos de los que ayer colaboraron en mantener la ficción, enriqueciéndose en el camino, empezaron a cambiar el discurso o a hacerse los sorprendidos.

“Estos insectos trabajan de una manera muy silenciosa, alimentándose de la celulosa de la madera sin que nadie pueda notar los daños que causan las termitas en importantes utensilios, objetos, muebles, vigas, edificaciones y más.”

Como las termitas fueron destruyendo el edificio social, cultural y económico, creando a la vez la ilusión de que estaba sólido y que cada vez estaría mejor. Cuando comenzó a verse el polvo de la destrucción y el espejismo se fue resquebrajando, muchos de los que ayer colaboraron en mantener la ficción, enriqueciéndose en el camino, empezaron a cambiar el discurso o a hacerse los sorprendidos.

Además los ilusionistas fueron tan hábiles en su tarea que acompañaron sus mentiras y ficciones con la sistemática infiltración ideológica del veneno del odio. En algunos ese veneno ya estaba presente en su ADN gorila, antiperonista, anticomunista, xenófobo, racista, clasista, homofóbico.

Otros fueron convencidos de la corrupción del populismo clientelista, del despilfarro de las políticas sociales en vagos, de la soberbia y malos modos de una presidenta arrogante y terca, de la responsabilidad en una inseguridad creciente, atribuida sin fundamentos, a jóvenes pobres y/o a inmigrantes de países limítrofes, de los nocivos efectos de una política económica que gastaba más de lo que se tenía, que emitía sin control y así generaba inflación, que intervenía estatalmente innecesariamente con el llamado «cepo» al dólar.

El armado de causas mediático-judiciales falsas de los ex funcionarios “K” les dio el marco de seriedad republicana que acentuó el odio militante. Ha sido y es prácticamente imposible penetrar con argumentos racionales la costra del sentido común de las subjetividades colonizadas con estos slogans y falsedades.

Sin embargo esta epidemia regional que azotó a los gobiernos populares, tejiendo sus variantes singulares en cada país, contando con complicidades locales múltiples y auspicios imperiales, tiene históricamente sus límites. Tal vez en eso pensaba Perón cuando repetía su célebre apotegma «la realidad es la única verdad». Más temprano que tarde el rey queda desnudo y los pueblos despiertan a una conciencia crítica y a una praxis transformadora que adquiere matices diferenciales según las diversas realidades.

“Se conocen más de 2.800 especies de termitas en el mundo de las cuales tan solo un 7% están consideradas como plagas asociadas a daños económicos en el entorno humano.” Estas plagas, perfectamente identificadas, dejan daños profundos muy difíciles de revertir e irreparables en algunos casos. Nadie puede reparar el daño que se le produce a una niñez con hambre, sin atención sanitaria adecuada, con posibilidades recortadas de poder mantenerse y avanzar en los circuitos segmentados del sistema educativo público.

Si la catástrofe económica, repetida varias veces en nuestra historia, por protagonistas del mismo perfil económico-político, es difícil de superar, es tan dificultosa y lleva más de una generación revertir el culturicidio que producen. El estado de resignación, de sumisión, de introyección del opresor, de individualismo meritocrático, junto a la feroz represión de los insumisos, que son presentados como el enemigo terrorista, unida al miedo y disciplinamiento que ésta provoca, son algunos mecanismos difíciles de extirpar de la matriz de pensamiento que logran instaurar estas termitas del pensamiento.

En los países de Nuestra América que fueron la vanguardia de modelos que dieron respuesta a los intereses y necesidades populares finalmente se está haciendo frente a esta pandemia, ya sea en las urnas o con rebeliones populares incontenibles. La integración y colaboración de estos países será imprescindible para superar con éxito la catástrofe que provocaron y las deudas que dejaron.

A las medidas económicas urgentes que hay que tomar inmediatamente para paliar el hambre generado por quienes todo destruyeron o llevaron a sus cuevas, habrá de seguir la aplicación de un proyecto político emancipador que debe ser evaluado y reconstruido permanentemente en forma colectica y participativa. En algún momento los eufemismos darán lugar a una praxis que pondrá sin duda proa a renovadas formas de socialismo sudamericano y Buen Vivir que hagan realidad la alternativa de una sociedad más justa y solidaria.

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