Tiempos violentos, tiempos revueltos

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Cuando un Estado se desprende de sus obligaciones y sus integrantes se dedican a hacer de la política un show mediático sobre la sinceridad, la felicidad, la aceptación de errores, el dolor por el sacrificio del pueblo, más una gran inversión de marketing, todo se envuelve y revuelve de tal manera que esa batidora salpica: desigualdad, impotencia, violencia, depresión, hartazgo, tristeza, individualismo, miseria.

Estamos naturalizando lo peor. Todos los días tenemos tremendas noticias que los medios manipulan de acuerdo a su conveniencia e intereses. Luego, claro, están los espectadores opinólogos expertos en nada, que les basta un titular para crucificar o santificar.

Estamos naturalizando la violencia de todo tipo. Que la vida no vale nada no es novedad, transitamos un mundo donde lo material va a la cabeza de todos los deseos y nos matamos por ellos. Pocos, muy pocos, intentan hacer un análisis profundo sobre estos tiempos revueltos. Y… “a río revuelto, ganancias de pescadores.”

Se producen marchas multitudinarias por reclamos sociales mientras los representantes de los trabajadores se reparten el poder, todos los días se cruzan denuncias graves de corrupción sobre el gobierno actual y el gobierno anterior, cual partido de ping pong, tratando de tapar una con otra hasta el hartazgo (es lo que buscan) , cada día hay más hechos de inseguridad y esto provoca la defensa de justicia por mano propia, cada vez hay más indigentes en las calles, un niño de once años es asesinado por las fuerzas de seguridad. Todo esto y mucho más, sumado a tu conflicto personal diario respecto a tu calidad de vida que va disminuyendo, como si fuera una historia aparte de los sucesos que acontecen. Pero no es así. Todo está relacionado.

Cuando un Estado se desprende de sus obligaciones y sus integrantes se dedican a hacer de la política un show mediático sobre la sinceridad, la felicidad, la aceptación de errores, el dolor por el sacrificio del pueblo, más una gran inversión de marketing, todo se envuelve y revuelve de tal manera que esa batidora salpica: desigualdad, impotencia, violencia, depresión, hartazgo, tristeza, individualismo, miseria.

Y, finalmente, logran su objetivo: que pierdas la noción de LO IMPORTANTE en tu ardua lucha por sobrevivir. No hay nada más fácil que odiar y destruir. No requiere de inteligencia, ni habilidad, ni destreza o sensibilidad, tampoco de imaginación. Es decir, no requiere ningún esfuerzo,basta con tener a mano y preparada una máquina represora.

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