Una de las peores manchas a la república: convirtieron los consulados en comités electorales

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En concordancia con la teoría del gobierno de que los votos de los argentinos que residen en el exterior conseguirían “dar vuelta” la derrota sufrida en las PASO, luego propagada por voceros como la diputada Carrió y el actor Luis Brandoni, entre otros, la cancillería preparó una estrategia electoral para la cual utilizó los consulados para conseguir los votos de sus simpatizantes alrededor del mundo.

Los consulados tienen la función de representar y darle asistencia a los nacionales que se encuentran en el extranjero, además de estrechar los vínculos comerciales y culturales con las ciudades en las que se encuentran. Llevan adelante una función de Estado que, en teoría, debería estar exenta de colores político-partidarios, sean ellos cual fueren. Pero no fue lo que se vio en las elecciones del domingo 27, todo lo contrario.

En concordancia con la teoría del gobierno de que los votos de los argentinos que residen en el exterior conseguirían “dar vuelta” la derrota sufrida en las PASO, luego propagada por voceros como la diputada Carrió y el actor Luis Brandoni, entre otros, la cancillería preparó una estrategia electoral para la cual utilizó los consulados para conseguir los votos de sus simpatizantes alrededor del mundo.

Entre sus astucias inventaron el “voto por correo” que, como quedó demostrado en la apertura de esas urnas especiales en todo el mundo, fue una gran fuente de fraude: declaraciones juradas que no tenían firmas digitales cargadas para cotejar la autenticidad y, cuando las había, en numerosos casos se impugnaron los votos ante la evidencia de tratarse de una firma fraguada por falta de coincidencia con la registrada, lo que hace suponer un número igual de fraudes cuando la comparación se hacía imposible; personas de edad que firmaban las declaraciones pero era otra la que completaba los datos; errores groseros en la identificación de los votantes; etc. En muchos consulados no se cumplió la normativa que habilitaba la fiscalización el día jueves 24 del cierre de esas urnas y el correspondiente labrado de actas y se solicitó a los fiscales que regresasen el domingo 27 con todo consumado. Y las autoridades consulares, salvo honrosas excepciones, los querían dar como válidos en todo momento, a cualquier precio.

También vimos una inmensa cantidad de gente que emitió el sufragio por primera vez, lo cual es lógico porque a partir de este año ya no es más necesario “tramitar el empadronamiento” como antiguamente, sino que basta con realizar el cambio de domicilio en el DNI hasta el 30 de abril para figurar en lo padrones automáticamente… pero no para todos, muchos son los casos de peronistas que hicieron el cambio y no figuran en ningún padrón, ni en Argentina ni en los países de residencia. Esto hay que verlo a la luz de las denuncias de utilización de los datos de los residentes en el exterior, que solo los consulados disponían, para enviarles material de propaganda a favor de los candidatos del gobierno. Lo curioso es que no se sabe de ningún caso de simpatizantes del Frente de Todos que haya recibido este material. A juzgar por los resultados, a la hora de “no incluir” argentinos en los padrones o de enviarles propagandas la big data y la prospección de las redes sociales funcionaron muy eficientemente.

Durante el comicio en sí, se vieron muchos adolescentes llevados a votar por los padres por primera vez a quienes les festejaban el hecho con aplausos artificiales y ensayados a los que respondían con cara de desconcierto y vergüenza. También se vieron abuelas que no podían siquiera caminar llevadas por sus hijos que, contra toda lógica electoral, querían entrar al cuarto oscuro para “ayudarlos”. En la mayoría de los consulados los fiscales del Frente de Todos no lo permitieron y exigieron que dicho auxilio sea prestado por la autoridad de la mesa.

Pero lo que se distinguió en la mayoría de los consulados fue una actitud hostil, encubierta por una ensayada y fingida amabilidad, hacia los fiscales del Frente de Todos. Sabemos de primerísima fuente que en el consulado de San Pablo, en la capacitación previa a los mesarios y presidentes de mesa, se les aconsejó tener cuidado con los “terribles” fiscales del peronismo, pintados casi como los enemigos. En el mismo consulado la esposa de un funcionario consular, que “recibía gentilmente” y “ayudaba” a los votantes indicándoles la mesa en la cual votaba aprovechando la oportunidad para susurrarles cosas al oído, llegó a amenazar a los fiscales del Frente para Todos con “sacarlos de la elección” y no permitirles la fiscalización cuando estaban simplemente cumpliendo educadamente sus funciones. Cuando le informaron que si lo hacía impugnarían todo el acto eleccionario se echó atrás con su amenaza. Sólo consiguieron que se tranquilizaran todos los funcionarios, los mesarios y los fiscales de Juntos por el Cambio, que trabajaban mancomunadamente con el mismo fin: hacer que votase la mayoría de la gente más allá de lo que decía la legislación electoral. Otros actos de arbitrariedad y autoritarismo fueron vividos en muchos otros consulados, desconociendo la necesaria función de contralor republicano de los fiscales de una elección.

Lo que podemos concluir de todo esto, en primer lugar, es la profunda tristeza mesclada con indignación y repulsión, de ver nuestras representaciones consulares convertidas en comités electorales, practicando todo tipo de ilicitudes, como en las peores épocas de conservadurismo; y, en segundo término, la larga tarea que tenemos por delante para que, ahora que se van, las cosas vuelvan a su cauce normal y desterremos de una vez para siempre este tipo de prácticas nada republicanas, nada menos que en las representaciones de la Argentina en el exterior.

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