Unidos o dominados

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Hoy nuevamente, el ritornelo histórico enfrenta al «tiburón con las sardinas», como diría José Arévalo. La reunión del Grupo de Puebla ha sido un primer paso simbólico pero significativo hacia la integración suramericana mientras el Imperio y sus lacayos locales atacan con todas sus armas provocando dolor y muerte a su paso. La comunidad linguística, de raíces históricas y culturales y el enemigo común, hacen perentoria e insoslayable la unificación.

«Es la hora del rencuentro y de la marcha unida y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de los Andes. Los árboles se han de unir para que no pase el gigante de las siete leguas.»

JOSÉ MARTÍ

El modelo económico capitalista neoliberal ha provocado un holocausto social dondequiera que se haya aplicado. La apertura irrestricta de la economía, la superexplotación, la desocupación, la desigualdad y despolitización, el endeudamiento externo sideral, la destrucción del aparato productivo nacional, la bicicleta financiera y fuga de capitales, la devaluación de la moneda nacional, el saqueo de los recursos naturales acompañan la meritocracia cultural, la xenofobia y la discriminación clasista.

El imperialismo norteamericano junto a los cipayos locales instalan a través de los medios cómplices la imagen de los países con gobiernos populares como el enemigo anti-democrático, autoritario, demagógico, fracasado, corrupto, entregado al narcotráfico, a combatir.

Los gobiernos neoliberales se presentan por el contrario como defensores de una República democrática floreciente donde reina la honestidad y el orden que a través del esfuerzo se convertirá en un futuro (que nunca llega) en un vergel de inversiones, trabajo digno y baja inflación. Aún en el medio de las crisis más profundas siguen afirmando lo mismo y logran convencer a muchos que los votan, aun a costa del sufrimiento personal y colectivo, a la espera del derrame de las riquezas que sólo ven en las tapas de las revistas de moda.

Ese imperialismo, camuflado terminológicamente como «globalización», «estar integrado al mundo», instala un fatalismo económico que quiere hacernos creer que nada puede oponerse a las arrolladoras fuerzas del capital trasnacional.

Los gobiernos populares de la región , sometidos a toda clase de ataques y bloqueos financiados por las agencias y ONGs al servicio de EEUU, sólo pueden consolidarse enlazándose a otros procesos hermanos, entrando de lleno en la complementación económica y tendiendo a diluir las fronteras para aumentar su poderío frente al enemigo en común. En su momento, Néstor, Lula, Correa, Chávez, Mujica, Tabaré, Lugo, lo tuvieron en claro y comenzaron un proceso de integración que no pudieron terminar de consolidar por motivos diversos.

En la entraña histórica de América Latina aún resuena el grito unificador de las gestas heroicas emprendidas con nuestros países hermanos para lograr la independencia, la democracia y la libertad. Ya los patriotas revolucionarios latinoamericanos intentaron llevar adelante el proyecto de la Patria Grande, es decir de las ex-colonias libres y unificadas ingresando a las formas modernas de producción constituyendo su Estado Nacional. Era la única salida que parecía ofrecerles la Historia y en ella colocaron sus esfuerzos y su vida. Querían abrazarse para ser fuertes, libres y grandes. Ese sueño no fue posible en ese momento. Como un Tupac Amaru despedazado ,el sueño de Nuestra América unida fue descuartizado y sobre sus restos, dice Galasso, se lanzó el buitre del imperialismo.

Hoy nuevamente, el ritornelo histórico enfrenta al «tiburón con las sardinas», como diría José Arévalo. La reunión del Grupo de Puebla ha sido un primer paso simbólico pero significativo hacia la integración suramericana mientras el Imperio y sus lacayos locales atacan con todas sus armas provocando dolor y muerte a su paso. La comunidad linguística, de raíces históricas y culturales y el enemigo común, hacen perentoria e insoslayable la unificación.

Sabemos que la mano ideológica del Imperio se introduce en las universidades, en las redacciones de los periódicos y de los medios audiovisuales, en fundaciones y ONGs, en las «ayudas humanitarias», en los cerebros colonizados de algunos periodistas, docentes, de un puñado de autonombrados intelectuales, funcionarios, empresarios, y sectores medios de la sociedad civil. Un «sentido común » afin al pensamiento de las clases dominantes empuja a víctimas y victimarios a ser juguetes ciegos y sordos de las maniobras de los sectores del poder económico concentrado.

Quebrar la insularización económica, socio-política y cultural enlazándose con otros procesos de emancipación, diversos pero confluyentes, es la única alternativa viable de lograr las sociedades con las que soñamos.

«Es la hora del rencuentro y de la marcha unida y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de los Andes» «Los árboles se han de unir para que no pase el gigante de las siete leguas».JOSÉ MARTÍ.

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