Vienen por nosotros

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No debe extrañarnos que en estos trágicos tiempos, con final absolutamente abierto, los canales y radios (con mínimas y dignas excepciones), ponen en marcha la máquina del miedo, aludes de mentiras y  angustiantes operaciones. Hay una enorme legión de mujeres y hombres fingiendo (no lo son) ser periodistas con el especial propósito de defender los intereses de una oposición ya casi rayana en el golpe de estado, en evitar a toda costa que se trate –por ejemplo- el impuesto a pornográficas riquezas y en vomitar toneladas de inmundicia sobre personas indefensas y/o desinformadas.

En la apertura de sesiones de la Cámara de los Comunes, corriendo el año 1787, el político inglés Edmund Burke pronunció -originalmente- la frase- “El periodismo es el Cuarto Poder”, dando por sentado que tras los poderes Ejecutivos, Legislativos y Judiciales de cada nación, “Se asentaba la Tribuna de la Prensa, intermediaria entre los funcionarios y el público”. Vertiginosamente, ese denominado Cuarto Poder, fue avanzando a nivel mundial hasta dejar de mediar y empezar a apropiarse de vidas particulares, redactores, locutores, periodistas, organismos, jueces, fiscales, políticos, municipios, gobernaciones y Estados.

La película El Ciudadano Kane, de Orson Welles, criticaba los excesos de William Hearst, el dueño más rico de periódicos de todos los tiempos, pero, admitiendo un sucinto (y tedioso resumen), actualmente, sólo diez mega millonarios son propietarios (en sus diversas formas) de los medios de comunicación del mundo, destacándose entre ellos el mexicano Carlos Slim, Michael Blomberg (ex alcalde de Nueva York), un uzbeko, dos franceses, Ricardo Salinas, (también mexicano, dueño de Canal 9), un Príncipe Saudí y algún otro, destacándose que ya no integran esta selecta lista Silvio Berlusconi y Rupert Murdoch.

En nuestra codiciada Argentina, tal como lo señalara hace años “otro” Jorge Lanata, el Grupo Clarín, encabezado por Héctor “Corleone” Magneto, Lucio Pagliaro y José Antonio Aranda son los dueños de TODO lo que se mueva, respire, ocie, se divierta, se muera (merced a una red de funerarias) y hasta de la impresión de todas las facturas de servicios públicos y resúmenes de cuenta bancarios a través de la empresa Impripost, propiedad del grupo y de Paolo Rocca. Le siguen Hadad- Moneta (recientemente fallecido); La Nación; Hicks Gráfica; Carlos Ávila (TyC) (fallecido), socio sucesivo de Magnetto, Moneta, E. Eurnekian, Daniel Hadad, Vila-Manzano y Telefónica; Grupo América; Perfil; Atlántida; Pierri (Telecentro) y Televisa de México.

Por eso no debe extrañarnos que en estos trágicos tiempos, con final absolutamente abierto, en un movimiento de pinzas, los canales y radios (con mínimas y dignas excepciones), ponen en marcha la máquina del miedo, aludes de mentiras y descaradas y angustiantes operaciones sin solución de continuidad. Desde insufribles e interminables programas donde mil opinólogxs no dejan de emitir burradas, exhibir en continuado los “techos tomados por los reclusos o la libertad indistinta de asesinos” hasta los cacerolazos (fogoneados por el amarillismo residual), pero dando un asqueroso manto de protección a sus dueños. Muchas veces me pregunté ¿qué hubiera ocurrido si la peste hubiera sido esparcida por algún estigmatizado país limítrofe y no por quienes viajaron a Europa y EEUU? ¿Cuál sería el trato, de comprensión o lapidación? ¿Y qué de millonarixs evasores que muestran su desparpajo justificando a quienes lo hicieron?

Hay una enoooormmee legión de mujeres y hombres fingiendo (no lo son) de periodistas con el especial propósito de defender, -mas allá de sus culos o por estar encarpetados-, los intereses de una oposición ya casi rayana en el golpe de estado, en evitar a toda costa que se trate –por ejemplo- el impuesto a pornográficas riquezas y en vomitar toneladas de inmundicia sobre personas, (indefensas y/o desinformadas).

Por eso, a quienes voy a detallar a continuación, no debemos tornarlos ni más ni menos que como lo que son: ENEMIGOS de millones de gentes de a pie y no cronistas de una realidad que no ajustan a la verdad y son cómplices de quienes vienen por nosotros.

Tengamos en cuenta estos nombres, (entre muchos otros): F. Carnotta, E. Feimann, N. Castro, F. Niembro (tachado en grupo América), M. Longobardi, María Isabel Sánchez, Silvia Mercado (gorilísima), Viviana Canosa (de chimentera a entrevistadora Top), M. Bonelli, J. Fernández Díaz, Cristina Pérez, T. Young, Laura di Marco, A. Leuco (formado en los postulados de la Revolución Cubana, afiliado al PC y negador de su real apellido), Diego Leuco, Pablo Rossi (ex M. Grondona), J. Lanatta, L. Novaresio, Jonatan Viale, A. Fantino, Paulo Vilouta, G. Recondo, Silvana Boschi, María L. Santillán, M. Fabbiani, Mónica Gutiérrez, Luis Otero, Mariano Iúdica (inimputable), Débora Plager, Liliana Franco, Gustavo Grabia, Ceferino Reato, Claudio Savoia, Sandra Borghi, Mercedes Ninci, Carlos Pagni, Hugo Alconada Mon, Pablo Sirvén, Diego Cabot, Nicolás Wiñazki, Santiago del Moro, Baby Echecopar, Luis Majul y J. Morales Solá (ex del Gral. Bussi en Tucumán).

Ninguno de estos apellidos (o sus portadorxs) son vírgenes, saben qué dicen y porqué lo dicen, han estado siempre en la cresta de todas las olas, democráticas o no, y mi sugerencia final, si no querés envenenarte, alienarte o simplemente no querés contaminarte, no lxs leas, no lxs veas o no lxs escuches más.

Desde la cuarentena, oyendo a Jorge Marziali cantándole a Don Arturo Jauretche, Carlos Galli. 10/05/2020.-

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