Violencia express

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El capitalismo neoliberal es profundamente violento. Necesita imponer el «orden» en función de una «normalidad» que el Poder establece. Quien quebranta la norma debe ser disciplinado, reprimido, desaparecido, muerto.

«Para hablar de violencia hay que ubicarse en una situación en que se causa perjuicio, de modo intencional o no, a un grupo o a un individuo. Quien la ejerce puede ser un instrumento. Esto nos hace comprender que el responsable de la violencia no es necesariamente quien la ejerce». DAVID PAVÓN CUELLAR.

El capitalismo neoliberal es profundamente violento. Necesita imponer el «orden» en función de una «normalidad» que el Poder establece. Quien quebranta la norma debe ser disciplinado, reprimido, desaparecido, muerto.

P. Bullrich es la cara visible de esa «seguridad», de ese «orden republicano», de esa «honestidad» y moral impoluta que esconde una situación política y socio-económica profundamente injusta y cruel.

Así mueren asesinados Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, y todos lo/as muerto/as a manos de la policía brava de gatillo fácil en todo el país, así mueren de frío en las calles los excluídos del sistema, así mueren los abandonados a su suerte por las obras sociales, por el hospital público. Así mueren como Sandra y Rubén por la negligencia criminal de la/os funcionaria/os públicos, así mueren hacinados en las cárceles y/o comisarías los pobres esperando una sentencia que nunca llega, así mueren los jubilados que no pueden pagar los medicamentos y alimentos que necesitan, los niños que no reciben sus vacunas, los que por robar un alimento son pateados por la «seguridad» de un supermercado, un ladrón que ya había sido reducido y es baleado en el piso o un desequilibrado armado con un tramontina que es pateado en el pecho.

Hay un sector social y voceros mediáticos que manifiestan su satisfacción por esas muertes. Siempre habrá hienas sedientas de dolor y muerte. Las alimenta el dolor ajeno. Su líbido se satisface con el sufrimiento del otro. son como las multitudes medievales que asistían a las ejecuciones en la Plaza pública o escupían a los presos en el cepo. El monstruo del Poder se fortalece con ese odio, lo justifica, le permite subsistir, pero también lo va pudriendo por dentro como a Dorian Grey.

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